domingo, 8 de febrero de 2009

En lo oscurito...



Dònde se engendra la traición? y por qué se traiciona, con qué fines?
...Codicia? Ambiciòn? Cobardìa? Crueldad? Omisiòn?

Desamor.

Ese acto vil, nace en el sigilo entre las sombras,crece con la oscuridad de la noche de un Monte de los Olivos y todos esos lugares comunes de lo lúgubre porque el que traiciona sólo se mueve en la penumbra de lo perverso.Las mentiras y la hipocresìa son sus armas.

Y qué si se traicionara a plena luz de día, frente a la mirada atónita de cientos de personas?
Y qué si todos miraran el instante mismo en que se consuma el traspaso de información, la entrega de contratos, la noticia esparcida por ondas hertzianas, un roce de una mano en una pierna,un discurso mentiroso...?
Y qué si se hiciera con el afàn de mostrar la traición y hacernos còmplices a todos de su estigma de acción ruin y dejarla como una cosa más que sucede en el devenir de los días..?
Y qué si uno traicionara y fuera traicionado continuamente?
Y es que eso no sucede todo el tiempo?

Esto es lo que plantea el neoliberalismo: la traición como algo cotidiano, tan cotidiano que ya se cree el absurdo de que sólo asì es posible sobrevivir.
La traición profunda, que viene como fuerza centrípeta desde el corazón de una casa, de una familia, de una comunidad, y así hasta el infinito.
Què pasarìa si la resistencia de los pueblos señalara continuamente a los traidores y pintara u graffitis en sus casas con la leyenda de “traidor”?
. Ahì es dònde iniciarìa la congoja para los traidores. Porque la traiciòn se engendra en lo oculto y es por ello que la traición hecha pública incomoda a los espurios: el traidor, por ser traidor deber ser, ante todo, discreto.

El traidor profundo, interno, es el que màs miente,el que guarda màs secretos. Medra en el corazón del corazón: simulando con sigilo ser el más parecido, el que está más involucrado y el que más pertenece al asunto. El que más se parece a los demás, incluso más que otros. El hipòcrita que finge amar a aquellos que traiciona...

Quizà los motivos de la traiciòn están fundamentados en el odio. No es el daño insípido ni cínico ni superfluo: es el daño absoluto, el que quebranta el lazo.

Porque se sabe que hay una lealtad que se está rompiendo, una lealtad que se está despedazando. Por supuesto que eso no puede ser banal y aunque el traidor en su sigilo dice haber actuado por torpeza o por omisiòn, es una mentira màs.

Sólo cuando se odia se es capaz de traicionar, es como una prueba de odio.

El traidor se mofa de la lealtad como de un chiste malo, como que para èl,el traicionado exagera un acto insignificante,algo sin importancia,una naderìa.
Y es que la lealtad en el fondo le da risa y se burla de tanta pleitesía al ideal de solidaridad y respeto al pròjimo,del humanismo, tantos hombres leales muertos en su nombre. El traidor que te traiciona se burla de Allende,de Juàrez,del Chè, de Durruti,,de Zapata, de Cristo...se rìe de todos esos pendejos que por lealtad entregaron su vida a un ideal...Se carcajea de los derechos humanos,de los inocentes, de los crèdulos,de los puros...Pero hipòcrita,se pone sus caretas de engaño y medra de sus traiciones en sigilo.

Y en secreto realiza sus traiciones cotidianas, donde traiciona a todos los que participan en ella; traiciones que se concretan y que dejan llagas en los pueblos del cuarto mundo,traiciones a la raza humana,como las de Pinochet,Franco,Hitler,Bush... y las modestas traiciones a uno mismo en sus propias libertad y dignidad, por apatìa o por espanto o por cinismo... y esas traiciones,las delicadas como navajas,a los amigos,a los amantes,a los sueños...


Traiciones que una noche entre lágrimas los llevan a comprar una soga con las 30 monedas recibidas en secreto...
Traiciones por doquier.
Y en sigilo,en lo oscurito,en el moho del engaño,abusando alevosamente de la buena fè de los otros...
Habrìa que escupirles a la cara la palabra "traidor", gritar publicamente y con valentìa su doblez, purificar con luz sus penumbras,para dar aviso a los incautos y para no hacernos còmplices de su vileza.
No les otorguemos nada con nuestro silencio.

Quizà sòlo señalarles su soga...