miércoles, 18 de febrero de 2009

Mediocres



No son voz,sòlo son eco.
Su preocupaciòn bàsica es la importancia que le dan a la opiniòn de los demás. No hablan nunca...repiten siempre. Reverenciaran a su màs cruel adversario, si èste se encumbra y desdeñaran a su mejor amigo si èste es marginado del grupo.
No hay líneas definidas ni en sus propias sombras, que son apenas una penumbra...
Cruzan el mundo a hurtadillas, temerosos de que alguien pueda reprocharles esa osadìa de existir en vano, como contrabandistas de la vida.


Y lo son por esa inclinaciòn que tienen para medrar a ras de tierra.
La psicología de esos sujetos se define por un trazo común: su conformismo,su derrotismo para soñar la perfección,su facilidad para el sometimiento.

Son rutinarios y mansos porque piensan con la cabeza de los demàs,y comparten gustosos la hipocresìa moral de los otros y ajustan prestos su caràcter a las domesticidades convencionales por comodidad.

Son ciegos para las auroras: ignoran la quimera del artista, el ensueño del sabio y la pasión del luchador. Condenados a vegetar, no sospechan que existe el infinito más allá de sus monòtonos horizontes.

El horror de lo desconocido los ata a mil prejuicios, volvièndolos temerosos e indecisos: nada aguijonea su curiosidad... carecen de iniciativa y miran siempre atràs, como si tuvieran los ojos en la nuca.

Son incapaces de soñar con la virtud porque les exige demasiado esfuerzo. Y si no delinquen es sòlo por cobardía pero para eso tienen la corrupciòn soterrada.

Se creen frìos,pero sòlo son tibios aunque ignoran la serenidad...y son frìvolos por querer caer simpàticos...son comodinos siempre, y jamàs templados.
No saben estremecerse bajo una tierna caricia, ni abalanzarse de indignación ante una ofensa.

No viven su vida para su propia conciencia, sino para el fantasma que proyectan en la opiniòn de sus similares.

Evasivos siempre,su caràcter se borra como un trazo de carbón bajo el esfumino, hasta desaparecer.

Cambian su honor por una prebenda y deshechan su dignidad por evitarse un peligro, renuncian a la justicia, antes que gritar la verdad frente al error de muchos.

Pero cuando se arrebañan son peligrosos.
Negados a la curiosidad del sabio por la coraza de su insignificancia se ponen furiosos ante lo diferente o lo nuevo.
Y la fuerza del número suple a su cobardìa individual: se acumulan en grupùsculos para destruir al que desdeñe encadenar su mente al grillete de ese igualitarismo gris.

Subvierten entonces todo valor ètico,falseando nombres, desvirtuando conceptos,aplicando dicterios a los que sì piensan,porque para ellos, pensar es un desvarìo, la dignidad es irreverencia,la poètica es reiteraciòn inùtil, es ridìcula la justicia, la sinceridad es tonterìa, el respeto una mofa, la pasión ingenuidad, la virtud una estupidez,y sobre todo,la verdad les es asquerosa.

Llaman ideales a sus preocupaciones econòmicas, sin advertir que son ambiciosos vulgares,precarios que van voraces tras un hueso, parodiando ideales,repitiendo consignas como lugares comunes,emitiendo ecos vacìos de opiniones sin juicio.

Reniegan de la verdad y de la virtud si ellas demuestran el error de sus prejuicios, y muestran enorme inquietud cuando alguien se atreve a perturbarlos.


Sus ojos no saben distinguir la luz de la sombra,son un coro los palurdos que no distinguen el oro del oropel...

Confunden la tolerancia con la cobardÌa, la discreciòn con el servilismo, la complacencia con la indignidad, la simulación con el mèrito...

Llaman insensatos protàgonicos a los que señalan con firmeza los errores rutinarios y conciliadores o "demòcratas" a los que se mimetizan con el grupùsculo,renunciando a tener creencias propias por mayorìa de votos: la originalidad en el pensar les produce pànico.
Y no se corrigen ni se desconvencen nunca,pero eso sì: son muy solemnes.

En la pompa grandilocuente de proyectos insignificantes destinados al fracaso,en sus minutas de juntas,y en normas,reglamentos y ortografìas son inflexibles:porque en esas exterioridades unificadas, buscan un disfraz uniforme para su ìntimo vacìo;por eso acompañan con pomposa retòrica sus màs mìnimos actos y pronuncian palabras insubstanciales, como si la Humanidad entera quisiese oírles.

Les agrada mucho ser esas vacuas "personalidades de respeto tan decentes", certeramente expuestas por Nietzsche a la burla de todas las posteridades.

Sin un yo verdadero digno, se afanan tan sòlo por inflar su fantasma social. Esclavos de la sombra que sus apariencias han proyectado en la opinión de los demás, acaban por preferirla a sí mismos. Ese culto de la sombra los orilla a vivir en continua alarma...suponen que basta un momento de distracción para perder su "reputaciòn".
Por eso detestan la risa, temerosos de que el gas pueda escaparse por la comisura de los labios y el globo que son se desinfle.

Incapaces de un sí o de un no,vacilan para admirar lo digno y reprobar lo miserable.Pueden llegar a sentir la belleza de un manuscrito que se les lee, pero no osan declarar en su favor hasta que hayan visto su curso en el mundo y escuchado la opiniòn de los demàs,no arriesgan su voto, quieren ser llevados por la multitud.

Hacen mal por imprevisión o por inconsciencia, como los niños que matan gorriones a pedradas. Traicionan por descuido.Prometen por distracción.

Juzgan las palabras sin advertir que ellas se refieren a cosas. Son feligreses de la palabra, no se elevan a la idea ni conciben el ideal. Su mayor ingenio es el lugar comùn que escuchan en la televisiòn,pero tiemblan ante los que pueden jugar con las ideas y producir ese resplandor del espìritu que es la paradoja.

En toda nueva idea presienten un peligro. Prefieren el silencio y la inercia, viven en la mentira, comen de ella, la siembran, la riegan, la podan, la cosechan. Asì tejen su burda telaraña en torno de los genios, los puros y los hèroes, obstruyendo en los pueblos su ideal de Libertad.

Tal vez sospechen de la esterilidad de su esfuerzo y por eso se les ve malhumorados y tensos en su rutina, como esas mulas que por la costumbre de marchar al paso han perdido el uso del galope,y te tiran una coz si te acercas,pero no dejan de mover la noria.
Cualquier reflexiòn o duda les parece un sarcasmo o un ataque personal: prefieren confiar en su ignorancia para adivinarlo todo,no desean cambiar nada...Son la reacciòn.

Claudican.
Luchar les es incòmodo.



Y cierran su corral ,asustados, cada vez que cimbra en las cercanías el aletazo inequìvoco de un àguila.