miércoles, 25 de febrero de 2009

Patria,tus hijos te juran...












Ser valiente no es sencillo.
Porque significa enfrentarse a lo màs temible de nuestra sombra.

La valentía es ese coraje que nos lleva a defender aquello que vale la pena, a dominar nuestros miedos y a sobreponernos en la adversidad.
La valentía tambièn nos lleva a afrontar las consecuencias de nuestros actos, y el resultado de nuestros errores.

Sin la valentía, en los momentos difìciles nuestras vidas podrían irse a la deriva, sin embargo la fortaleza interior conducida por una conciencia recta, pueden llevarnos màs lejos de lo que podríamos imaginar.

El niño que admite ante sus padres que fue él quien rompió la ventana del vecino, el gobernante que reconoce no haber hecho su trabajo como era debido, el padre de familia que acepta ante sus hijos algun error,son ejemplos que, por desgracia, a veces no son tan comunes: son ejemplos de personas que han tenido la fuerza de aceptar su error y de afrontar sus consecuencias.

La vida misma no es sencilla y puede ser, en ocasiones, sorprendentemente dura: La muerte de un ser querido, una enfermedad, la ruina de un negocio son ejemplos de momentos tremendamente difíciles. La valentìa es la diferencia entre paralizarse o seguir andando.

Por otra parte, la valentía también tiene que ver directamente con defender lo que sabemos que es correcto. La conciencia con frecuencia nos indica que se està cometiendo una injusticia, o que se està violentando algún derecho. En esos momentos, es necesaria una posiciòn firme y concreta para actuar como es debido y para defender lo que està bien.

Una persona que defiende al dèbil, que admite sus errores, que afronta las consecuencias de sus actos, que no calla cuando sabe que algo està mal, puede estar asumiendo riesgos, pero también está creando una diferencia real en su vida y en el mundo que le rodea.

Los seres humanos solemos dejarnos llevar por la comodidad y, desgraciadamente, por los miedos. Con gran frecuencia generamos nuestros propios fantasmas y temores inexistentes; nos planteamos consecuencias que aún no existen pero que alucinamos como algo muy real.
No es raro que nuestra imaginaciòn nos traicione planteàndonos escenarios y panoramas desoladores, y nos inmovilizamos simplemente porque creemos que algo saldrà mal.
Pero al afrontar los riesgos,y vencer miedos damos un paso adelante. A veces las consecuencias pueden ser duras. En ocasiones nuestra valentìa no cambia el mundo.

El niño que admite haber roto la ventana del vecino puede ser de cualquier forma castigado, quizá el padre que confiesa sus errores a sus hijos no puede cambiar el alejamiento con su familia, y el gobernante serà olvidado pronto.

Sin embargo hay una gran diferencia entre ser un cobarde y ser un valiente: la posibilidad de lograr algo.
La diferencia es la Esperanza.
Quien es cobarde tiene un futuro seguro: la mediocridad.

Quien es valiente tiene un futuro inmediato incierto, pero abrirà un camino nuevo para hacer las cosas de mejor manera.

El niño que rompió la ventana podrá ser castigado, pero a la larga sus padres le tendrán confianza.
El padre que no pudo cambiar el alejamiento con sus hijos a la larga ganará el respeto que se merece por haber hecho lo correcto.
El gobernante harà un bien a su paìs y quizà evite el fraticidio.

Y esto es un hecho:
si el niño rompe la ventana y esconde la mano será siempre indigno de confianza.
El padre que no admite sus errores será visto siempre como un egoísta y un cobarde,
Y el gobernante se irà al basurero de la historia como un pelele miserable porque no tuvo los cojones de decir la verdad y renunciar a tiempo.
Porque la verdad es la más temida de las fuerzas revolucionarias,y para usar esa fuerza se necesita valentìa.

Asì,con valentía ha forjado patrias, empresas, comunidades, familias,amores.

La cobardía,en cambio,siempre medrando en lo oscurito, nunca ha hecho nada que valga la pena.

La valentía es un valor que se vive día a día, en las pequeñas cosas. No es necesario esperar grandes afrentas, tremendos errores o increíbles batallas.
La cobardía diaria sumerge a las personas, a las familias, a las sociedades y a las naciones en un pantano còmodo, suave, pero que acaba ahogàndoles.


La valentía hace a las personas dignas de respeto,de confianza, y de amor...