martes, 24 de marzo de 2009

Claudicando...







Cuando un sujeto incongruente toma la desiciòn de traicionarse a sì mismo,intenta tranquilizar su conciencia que le reclama la abyecciòn,buscando justificaciones y excusas que le adormezcan la dignidad.

Asì que se vuelve cìnico,o "malote",o santaniza o menosprecia las voces de su interior ètico,y al contrario,supravalora lo que sabe incorrecto,lo ve como grandiosa oportunidad,como algo bueno.

Asì el incongruente despuès de tomar la decisiòn de traicionarse a sì mismo y someterse a los que lo han vejado, intentarà autoconvencerse de que la alternativa elegida es incluso màs interesante y positiva (en relación con las alternativas de libertad,dignidad y pundonor propios) de lo que suponìa.
Asì,abyectamente,intentarà:

1. Autoconvencerse de que en el fondo no hubo ni tanto esfuerzo ni tanta dificultad en humillarse y pedir a los que antes lo despreciaron, por lo que supone que no ha perdido mucho y no merece la pena seguir preocupàndose del tema de su auto respeto,al fin sòlo "fuè un poquito pordiosero",pero poquito...

2.Sobrevalorar al grupo,imaginàndolo "magnànimo" y se fuerza a ver las migajas que le dan como "la enorme oportunidad" de pertenecer con ellos, de tal forma que cierra los ojos a los aspectos negativos del grupo, haciendose de la vista gorda y hasta sonriendo condescendiente a las marginaciones,rechazos y hostilidad de esa gente prepotente, que antes ya sufriò en carne propia,y olvidàndo convenencieramente la mediocridad y la cerrazòn del grupùsculo,con tal de ser aceptado de nueva cuenta,y asì se autoengaña creyèndose el gran perdonador,pero en el fondo sabe que sòlo es un claudicante.

Pero el incongruente harà eso como mecanismo para defendeserse de su propia conciencia,y aunque tenga una reintegraciòn de lo màs desagradable a ese grupo que antes despreciaba,justificarà lo injustificable,con mil argumentos para incorporarse al grupo, y hasta aumentarà su nivel de agrado por los miembros,y curiosamente ahora le caeràn bien, y hasta le seràn simpàticos los carroñeros que antes lo defenestaron, y toda la anterior agresiòn que sufriò la archivarà en su convenenciera memoria,hacièndose tonto con un indigno "fueron malentendidos".
Y acudirà a buscar el apoyo y el contacto de aquellas personas que ya creen y estàn de acuerdo con aquello que èl desea creer y convencerse,otros incongruentes,otros indignos,y el que se junta con pendejos se contagia de mediocridad,pero tambièn mal de muchos resulta consuelo...y asi es esto de los desmentidos.

Aunque hay algo obvio que el incongruente no ve: ese grupo que primero lo rechazò por ser certero y firme,y quizà hasta lo admiraban en secreto por su pundonor,ahora sòlo simulan aceptarlo para regodearse en verlo sometido,pero en el fondo jamàs lo aceptarà como parte del equipo,despuès de su humillaciòn pùblica,y lo trataràn como lo que es:un pedigüeño y es que antes,cuando lo agredieron,por lo menos lo temìan y lo respetaban,pero hoy,ni eso ya...
Asì que al rato no tardaràn en aplicarle un tratamiento aùn màs rudo y prepotente, y ahora si no tendrà manera de usar su dignidad para defenderse de esos sujetos porque èl mismo la ha matado unièndose a los que antes la quisieron denostar.

Y ese es el costo que paga el autotraidor por la claudicaciòn a su propia dignidad.

Pero el clauidicante serà dòcil ya,sin fortaleza para defender sus principios,acomodaticio a todas las pequeñas oportunidades-limosna que le den,adaptabilìsimo a todas las temperaturas de un día variable, avisado y servicial en todo lo que necesiten sus superiores para que lo perdonen y le vuelvan a dar la oportunidad, resistente ya a todo dicterio,pues su honor ha fallecido,cuando se hincò ante sus ofensores,desmintièndose a sì mismo sòlo por miedo de estar solo ante el grupito ...o peor aùn: tal vez la mìsera "recompensa" derrumbò sus fràgiles principios.

Y despuès de haberse traicionado a sì mismo, el incongruente tragarà alegremente toda la mierda que le tiren festejando asì su propia derrota,y olvidado de su idealismo,sòlo atenderà ya a sus conveniencias y sepultarà para siempre los ideales,ahora sòlo mirarà al suelo buscàndo rescoldos de la entereza que tuvo cuando era oposiciòn.
Fluctuante entonces,dicièndose y desdicièndose siempre,quedàndo en una cosa y hacièndo otra,sin decir ya lo que piensa de modo sincero,prometiendo y desprometiendo a cada momento,siempre estarà asustado y sometido a lo que la mayorìa mediocre diga y/o lo que le convenga a su ego,añorando su personaje de "luchador social" esfumado por la práctica de ser un lamebotas patentemente servil, ofrecido,de sus sometedores,sin poder medir ya la distancia que hay entre el verbo y la conducta,sin entender ya la diferencia entre los cojones para mantenerse en lo dicho y el afeite mìsero de su frìvolidad domesticada.

Irà por la vida mintiendo,desmintièndo,mintiendo de nuevo...
y asi,ad nauseam segùn lo deseen sus domadores.

Y entre tanta paja discursiva quedarà vacìo...

Por lo tanto, ante un incongruente, es màs sensato fiarse de sus acciones que de sus palabras. Lo poco que quede de veracidad en ese sujeto, habrá que buscarlo ùnicamente en sus actos.

Y eso: què debilidad de caràcter la de aquèl claudicante que no puede sostener sus dichos...

Cuànta debilidad.



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