martes, 24 de marzo de 2009

Los destemplados...



El estridente es un impaciente que no conoce la belleza y grandeza de la mesura o el silencio oportunos.

La estridencia es la expresiòn mas tìpica de los frustrados.

Elevar el volumen de voz de forma innecesaria,alardear de forma estridente,argumentar a gritos lo que se piensa o se va a hacer,dar opiniones vociferantes para persuadir a alguien, es de sujetos que tal pareciera que se quieren convencer a sì mismos de algo de lo que no estàn seguros...

Esto ùltimo es muy frecuente verlo en las discusiones entre parejas,amigos o familiares donde se expresan las cuitas de manera vociferante.
Suponen que la imposición por el volùmen en lugar de por la razòn,lograrà persuadir al interlocutor.

Con los vociferantes no existe el diàlogo,pues no escuchan màs que su propia voz proclamando a gritos sus creencias propias,tratàndo de imponer su verdad gritàndola más escandalosamente que el resto. Como que si gritando màs se pudiera callar al otro.

En los programas de tele, concursos y noticieros,los locutores imponen ese patròn de incomunicaciòn gritando de forma estridente sus emociones con alaridos,y otras onomatopeyas al uso. Esto se hace con un pròposito intensional,para que los expectadores vean ese patròn como "natural" o a la moda y lo repitan en sus hogares o trabajos,rompiendo asì la comunicaciòn real entre el pueblo,y ejercer de ese modo màs poder sobre individuos enajeandos y aislados.

Pero la estridencia ocurre en todos lados. Por telèfono la gente se grita,el patròn al empleado,el cliente a la mesera,la maestra a los alumnos,la esposa al marido, el novio a la novia,el polìtico al otro polìtico,y los niños en la escuela,gritan. El colmo es que hasta en internet el uso de mayùsculas indica que el que escribe està gritando,como si fuera natural imponerse por la fuerza del grito,y como si ni escribiendo pudieran tener control de sì mismos,increìble.

Y la estridencia es usada siempre como mètodo de censura.

Todo estridente es un censor y tiene corazòn de fascista, porque impone por medio de sus gritos y alardes su ùnica verdad.
Y tambièn es una tapia que se niega a recibir el mensaje de los demàs.
Y es muy comùn: podemos ver a vecinos discutiendo a gritos, a conductores de coches vociferar insultos a otros,a señoras alteradas y temblorosas agudizar su voz ante algùn percance callejero,a maridos exaltados o a madres histèricas gritar continuamente,siempre todos con un dejo despòtico y agresivo.

No hablaré de las tremendas voces emitidas desde las más finas gargantas o de los gaznates más brutales, que emergen de los hogares,de las radios,de las casas vecinas,ya que chillan todas por igual. Sea pleito de pareja,noticias intracendentes o reuniòn de amigos,la estridencia embriaga a los mexicanos.

Tal parece que en pocos lugares de Mèxico hay diàlogo entre nadie.
Y no se diga los fines de semana, so pretexto de ver el futbol en la tele,centenares de descerebrados aprovechan para gritar sus fracasos deportivos,y lo mismo hacen en cuanto se celebra un festejo,de los que tanto gustan en Mèxico en los cuales salen las masas estridentes a beber y a comer en exceso, en la calle, lo llaman "fiestas patrias" y lo financia el mismo règimen y la tele que los tiene asì de descerebrados y estresados.

Los estridentes siempre pierden la compostura,sus voces se agudizan,se vuelven chillonas y quebradas, y en el atropello de sus argumentos,cometen torpezas y dicen lo que no debieron haber dicho nunca,pues en su alboroto no saben buscar las palabras justas.

Y entonces, el estridente por màs que grite,no oculta su necesidad de ser aceptado,ni su impotencia intelectual para persuadir a nadie.

Los gritos sòlo nos hacen perder lucidez y no logran nada.

Lo que sugieren màs bien son alaridos de peticiòn de auxilio,de desesperaciòn,de lamento,de frustraciòn.

Asì es que pierde todas sus "batallas" discursivas,porque està perdido de antemano,y lo sabe y por eso grita.

Si se desea persuadir a alguien de algo,primero debemos aprender a escuchar su punto con serenidad y generosidad. Pero si de antemano nos negamos a oirlo,y le gritamos,romperemos todo puente de comunicaciòn y de lo ùnico de lo que lo persuadiremos serà de que somos unos sujetos desesperados,ruidosos y destemplados.


Y el respeto hacia uno mismo y hacia la otra persona se pierde, al portarse como un manojo de nervios vociferante ladrando destemplado alguna "verdad"...

Porque nada persuade màs que una voz suave,serena y lùcida que tienda un puente de ida y vuelta hacia el corazòn de su interlocutor.

Por eso es mejor apagar los megàfonos y hablarnos al oido suavecito y con cariño...



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