miércoles, 1 de abril de 2009

Odiar no es un derecho



La homofobia marca diferencias entre los individuos a partir de los estereotipos de “lo masculino” y “lo femenino”.
Cualquier variación, ya sea en apariencia, actitudes, roles o pràcticas sexuales es motivo de desdèn, mofa,rechazo,agresiòn
y hostilidad sistemàtica respecto a los homosexuales.

El componente primordial de la homofobia es la repulsa irracional, incluso el odio, hacia gays y lesbianas,y tal como la xenofobia, el racismo o la misoginia, la homofobia es una manifestación arbitraria que consiste en señalar al otro como contrario, inferior o anormal.
Reduciendo al otro ser humano a ente abyecto,lo desea colocar fuera del universo y lo juzga como "criminal abominable",como "sujeto vergonzante,depravado,infame,ignominioso,
pecador contra natura,vicioso sodomita,maricòn,mujercita" etc. etc.
Calificativos que han servido durante siglos para marginar a otros seres humanos en nombre de un dios intolerante e injusto,usado por una iglesia hipòcrita y ella si abyecta,que abunda en pederastas de sotana,iglesia que es la mayor generadora de homofobia,sembrando el odio en los corazones de sus feligreses.

Y los psicòlogos que antes dedicaron estudios y màs estudios al comportamiento gay llevados por el desconocimiento,ahora se ocupan y preocupan por el tratamiento de multitud de seres enfermos de odio debido a sus dogmas religiosos o prejuicios sociales,alterados obsesiva y mòrbidamente, por la vida sexual privada de otros.

Pero en el seno de esta sociedad enferma de catòlicos machistas, la homofobia es vista como algo "natural", siendo entonces una forma de inferiorizaciòn y de marginaciòn en las leyes y en la convivencia social hacia los homosexuales.

Asì la homofobia se revela en los regìmenes de derecha como una operación ideològica para hacer aparecer como "problemàtica" la homosexualidad,como guardianes del gènero y policìas de habitaciòn, ordenando un règimen fascista de las sexualidades, segùn el cual ùnicamente los comportamientos heterosexuales merecen la calificación de ùnico y aceptado modelo sexual.

Imponiendo a sus gobernados a un comportamiento sexual especìfico (masculino y femenino solamente),limitan las garantìas constitucionales y los derechos humanos de la poblaciòn,metièndose a ejercer su fascismo hasta en lo màs ìntimo de la vida privada de los ciudadanos. De esta manera, sexismo y homofobia aparecen como dos componentes patològicos del régimen que intenta controlar las sexualidades del pueblo.


La homofobia en Mèxico,alimentada por la iglesia catòlica-de pederastas,curiosamente- y por los gobiernos fallidos de la derecha, se adivina en las bromas vulgares que ridiculizan al gay,llamàndolo:
afeminado,joto,puto,marica,etc.pero también ese odio reviste formas más brutales, que llegan a la violencia asesina contra el homosexual.
Se expresa por todos lados con la injuria y el insulto cotidianos, pero también aparece en los escritos de profesores o expertos o en el curso de los debates polìticos,como si marginar a alguien por sus preferencias sexuales fuera un derecho,y no un error ètico.
(Cabe recordar aquì como se juzgò màs furiosamente la homosexualidad del difunto Mouriño como amante del presidente usurpador,y en cambio fuè visto con tolerancia el hecho de que fuera un delincuente que habìa cometido fraude en Pemex).

La homofobia en Mèxico tambièn es familiar,invisible, cotidiana y compartida, la homofobia forma parte de la innegable alienaciòn de los homosexuales fàrsicos y estridentes que presenta la televisiòn, banalizando su condiciòn para servir al poder normalizador y totalitario que roba identidad a millones en este pais.

Y tambièn roba vidas: seguido aparecen homosexuales asesinados por las calles del pais,en hoteles de mala muerte,en bares,y la policìa y la prensa justifican esos crìmenes de odio,con titulares de nota roja como: "Cosido a puñaladas por puñal","Lo mataron por *marieta* en hotel" etc. Y la policìa sobrevictimiza a los gays,hace redadas sin motivo,acosa a los travestis,a los servidores sexuales,los veja y los extorciona, como si por ser gays merecieran ser golpeados o ser asesinados, y la justicia exonera a los homofòbicos fachas frecuentemente a cambio de sobornos o corrupciòn...Las leyes y la justicia del gobierno de derecha, no alcanzan para la parte homosexual de la poblaciòn mexicana.
Pero màs allà de esa homofobia de Estado, la homofobia social, se extiende difusa en la familia, la escuela, el ejército, en el trabajo, en la polìtica, en los medios, en el deporte, en las càrceles, etc. Estas violencias fìsicas y morales, y a veces las dos al mismo tiempo, son aun menos conocidas cuando quienes las padecen se niegan con frecuencia a denunciarlas, ya que por el miedo de ver asì develada su homosexualidad, guardan silencio.

La violencia diaria que sufren los homosexuales resulta difìcil de imaginar para los heterosexuales libres.. La vergüenza, la soledad, la desesperaciòn por no ser nunca amado, el pànico de ser asesinado un dìa,al SIDA, y los padres, los amigos, la tele, el cine, los libros de infancia, las canciones, todo celebra al máximo a la pareja heterosexual. Sin que nada le sea dicho, y a medida que crece, el niño homosexual comprende, de manera más o menos consciente, que la alternativa de existir completo e ìntegro es imposible en esta sociedad, ya que la homosexualidad está fuera del lenguaje, cuando no fuera de la ley. Sòlo figura en los insultos màs patanes: “marica”, “puto” "loca","marimacho","puñalòn",etc, cuya carga homofóbica nos conforma como sociedad retrògrada y fascista.


La lucha contra la homofobia,es una empresa muy difícil,pero sabemos que podemos vencerla porque otro mundo es posible.
Asì que es mejor luchar juntos contra ese y otros males.
Y es que para hacer la verdadera revoluciòn habrà que cambiar mentalidades chiquitas,leyes injustas y costumbres nefastas.
Y por eso urge a todos libertarios mexicanos articular la acciòn directa para luchar contra todas las violencias fìsicas, morales o simbòlicas ejercidas en Mèxico contra los seres humanos,los animales y la naturaleza.

Asì que empecemos por lo fàcil: primero hay aceptar y respetar en nuestro corazòn la diversidad de los pròjimos.