lunes, 25 de mayo de 2009

Porque no estamos solos...








Suele darse el caso que con el correr del tiempo nuestra realidad cambie, evolucione sustancialmente,y nos mutile emocionalmente, a tal punto que todo signifique lo mismo,o nada,y se pierda la conexiòn con el orìgen de algunas palabras que usamos a diario,con desparpajo,como si ya dichos fonemas no significaran nada,usando el lenguaje ùnicamente para persuadir o manipular a los demàs sòlo en interès de nuestras propias conveniencias y nada màs. Entonces el lenguaje se vuelve mentiroso,mero eco superficial,o totalmente vacìo.


Muchas veces en el uso mecànico y egoìco del hablante, las palabras van perdiendo transparencia y se gasten. Decimos,por ejemplo, "ensalada de fruta con miel" y no advertimos que "ensalada" deriva de sal...
Decimos "camarero" al mesero, pero antes se llamaba asì al que cuidaba un aposento... y también el "villano" que más que señalar al habitante de la villa, el campesino,hoy nombra a un personaje malvado de la tele... En definitiva si esta incompatibilidad no nos causa extrañeza, es porque el lenguaje se ha vuelto opaco y ha perdido su significado de orìgen.

Asì,muchos,al decir un "gracias" mècànico,o lleno de sarcàsmo,se olvidan de la maravillosa fuerza que contiene esta palabra.

Gratitud deriva del latín gratitudo , gratitudinis , derivado a su vez de gratus ‘agradable’.
De la familia etimològica de grado " buena voluntad o gusto".
Se refiere,asì mismo,al sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o a querido hacer,a apreciar la buena voluntad,y sentir el agrado por dicho don o favor que nos trajo el bien.


Hay quienes,al desgastar de ese modo rùstico las palabras, creen que todo lo bueno que tienen lo han conseguido solos.
Por orgullo o, a veces, por simple desatenciòn, no saben reconocer el apoyo que les dieron los demas en un momento o circunstancia determinados. Esos son los ingratos.
Y hay otras veces que no recibimos el apoyo que necesitamos de los demàs, quizà porque no pudieron o no supieron como darlo,y es cuando suponemos que se nos cierran todas las puertas.
Pero estamos en un error al creer eso,porque la generosidad de la vida nunca termina.
De uno u otro modo,siempre queda un resquicio abierto,o alguièn inesperado,alguièn que,quizà antes recibiò de nosotros indiferencia o descuido,aparece para ayudarnos.
Es en ese momento que nuestro corazòn se llena de un sentimiento de alivio y gratitud.
El que agradece abre las cortinas de su alma: permite que entre el sol y se oreen los rancios rincones del resentimiento.

El valor de la gratitud se ejerce cuando una persona experimenta aprecio y reconocimiento por otra que le prestó ayuda. No consiste, necesariamente, en “pagar” ese favor con otro igual, sino en guardar en la memoria ese acto de generosidad. Más que centrarse en la utilidad pràctica del servicio recibido, se pondera la actitud amable de quien lo hizo.
Algunos sujetos,sin embargo,suponen que hacer un favor,es como un "toma y daca",una transacciòn de ayuda interesada para dejar correr luego el pagarè de la factura por el favor que nos hicieron.
Pero es debido a esa gente interesada en retribuciones a posteriori,que podemos agradecer la generosidad de los que sì saben dar sin esperar nada a cambio,y valorarlos en toda su grandeza espiritual.


Se agradece por ejemplo, la responsabilidad de la señora que barre la calle sin dejar un solo papel sin retribuciòn econòmica de los vecinos y sòlo por el simple placer de ver todo limpio. Y tambièn la generosidad del maestro que se preocupa por explicarnos de nuevo lo que todos ya entendieron,y nos da su paciencia y su tiempo,sòlo por el gusto de transmitir sus conocimientos.

Esa alegría y esa confianza que esos favores despiertan en nuestro corazòn se destilan en nuestro corazòn como gratitud.
Se manifiesta hacia afuera cuando decimos “gracias” con una sonrisa, cuando le hacemos saber a la persona que nos ayudò lo importante que fue para nosotros ese detalle inesperado (no importa si fue un objeto,una medicina, una escucha atenta o un pañuelo desechable cuando nos vieron llorar).
Pero la gratitud no se reduce a una palabra ni se queda en la superficie: enriquece y transforma nuestra vida cuando mantenemos presente ese acto de afecto para con nosotros. A travès de ella nos sabemos queridos y valorados por los demàs.
A través de ella, podemos querernos a nosotros mismos y a los demàs.

Aunque para ser agradecido,debemos que vencer el orgullo,el egoìsmo y la soberbia,y pensar en quienes nos han echado la mano a lo largo de la vida. Comprender que todos ellos,nos ayudaron a ser quienes somos.
Hay algunos sujetos que se vanaglorian de "no deberle nada a nadie",y lo ùnico que demuestran es su soledad resentida y su desmemoria egoìsta. Presos de la soberbia,se suponen semidioses,y carecen de la humidad de reconocer,aunque sea,las mìnimas ayudas que los otros seres humanos les prestan,tan sencillas como la del vecino que nos desea buenos dìas,la del muchacho que nos ayuda a levantar los libros que se nos cayeron,la de la mujer del mercado que corre para alcanzarnos para entregarnos la bolsa de naranjas de olvidamos en su puesto,la de la viejita que nos dice el secreto de sembrar malbones,la del carpintero que nos explica como encerar el librero para que se vea bonito,la del vendedor de pelìculas que nos recomienda la mejor que tiene,la de la muchacha que nos explica muy bien donde se encuentra la calle que buscamos,la del taxista que nos convida de sus cigarros,en fin,siempre,a cada momento,tenemos mil cosas que agradecer a los demàs.
Gente anònima,que cruza por nuestra vida,dando,y que no volveremos a ver para regresarles el favor.O gente que se ha apartado de nuestra vida,y de pronto vuelve para sostenernos en los momentos màs sombrìos,o aquèllos que siempre,llueva o tiemble,siempre estàn...

Y claro està,que la gratitud no es un "cantarse" los favores,y menos una exigencia al favorecido por nosotros: “tú me diste, yo te di”. Porque no es cosa de "quedar parejos" o "ora me toca a mi",no es asì. Porque la generosidad,y la gratitud,son los actos màs libres del ser humano.

Y significan, màs bien, “tú te esforzarte por mí, me diste algo bueno y me reviviste la esperanza en el ser humano y su bondad,y sòlo eso es lo que voy a recordar siempre de ti".

Y es justo por eso que no sòlo hay que dar las gracias a quienes estàn vivos y cerca de nosotros. Se trata de reconocer dentro del propio corazòn a quienes nos ayudaron,por mìnima que fuera su ayuda,aunque no vivan o se encuentren lejos.

Agradecer a los padres,que nos dieron el regalo màs valioso de todos,la vida.por ejemplo,en lugar de estar reprochandoles,como hace muchos sujetos,lo malvados que fueron los papàs,cobràndoles a los pobres papàs deudas impagables de "cuando era niño tu esto,y lo otro..." como si los papàs fueran dioses crueles y todopoderosos,y no unos seres humanos con errores y virtudes,como todos. Esos son sujetos ingratos,y pierden la visiòn màs amplia del inmenso regalo que todos los padres hacen a sus hijos,la vida.
Y tambièn pierden la pureza de su corazòn y la alegrìa,al no saber ser agradecidos.
Entonces,agradecer a los abuelitos,que nos dieron su sabidurìa y su ternura,a los padres que nos dieron la vida y su amor,a los maestros que nos dieron los conocimientos y la disciplina,a los hermanos que nos dieron su alegrìa y sus cuidados,a los amigos,que nos dieron su lealtad,a los mèdicos,que nos dieron la salud del cuerpo y del espìritu,a los niños,que nos dan su inocencia y su amor,a los vecinos que nos dan su tolerancia,a los desconocidos,que nos dan un cigarro,o una direcciòn,a los que nos lastimaron,porque nos enseñaron la grandeza del perdòn,a los que lastimamos,porque nos perdonaron,a los hospitalarios que nos abrieron su corazòn y su casa,a los artistas,porque nos regalaron la belleza de forma gratiuta,a todos, a cada uno...
A ese,que un dìa lluvioso y triste,nos amparò bajo su paraguas,por una sencilla razòn, que musitò con calidèz: "los seres humanos no estamos solos...nos tenemos los unos a los otros"...

Ser agradecido es apreciar a cada momento lo que los demàs hacen en bien de nosotros y generar en nuestros corazones la confianza en la bondad de los seres humanos. Cuando la confianza crece, se convierte en serenidad,alegrìa y esperanza.

Agradecer nos produce emociones gratas,disipa la tristeza y la amargura y fluye el entusiàsmo,el respeto y la lealtad...


Sòlo la gratitud,aùn por las cosas mìnimas o los favores involuntarios,nos harà perdonar...