lunes, 25 de mayo de 2009

Aligerando el equipaje....



El perdón implica el abandonar no sólo la definiciòn de uno mismo como agraviado o traicionado y la obsesiòn por la reivindicaciòn de justicia ,tambièn se trata de fortalecer la autoestima con actos,con obras,alejandonos de las palabrerìas y justificaciones engañosas del ego.
Deshechar el rencor y el resentimiento, implica abandonar todas las autodefiniciones perniciosas,y esas afirmaciones y creencias de lo que "somos" y lo que "sufrimos" a causa de los demàs.
Dejar de lado los pensamientos y fijaciones sobre nuestro supuesto ofensor,y hacer de lado el vilipendio a èste,intentando mejor observar los puntos positivos de esa persona,nos harà tener una visiòn màs amplia de los hechos,màs objetiva y menos dolorosa.
A lo que me refiero con Perdòn,no es el perdòn religioso,ni psicològico,sino el filosòfico existencialista,esto es,la elecciòn en libertad de mis pensamientos y acciones.
El perdòn al que me refiero,no es el de libros de autoayuda,ni el de las iglesias,ni es la reuniòn amorosa, ni siquiera amistosa con el ofensor,ni el gran abrazo al moribundo,ni el "por mi culpa" frente al crucifijo,hablo del perdòn en el sentido existencial,como el perdòn de una deuda,que quizà se adeudaba,pero que es imposible de saldar,o es demasiado costosa de pagar para ambas partes.
No es tampoco ponerse en la superioridad del "perdonavidas",porque este perdòn que intento analizar,es ìntimo,en silencio,puesto que ni siquiera el perdonado tendrìa porque enterarse de ese proceso privado del que perdona.
Dejar ese estado mental de omnipotente vengativo,modificar la definiciòn de uno mismo como alguièn dañado y herido,desafanarse de la incesante onsesiòn por la reivindicaciòn de justicia, dejar de pensar en el ofensor como un ser amenazante,o castigable,ese es el tipo de perdòn que nos darà la libertad perdida.

Es sensato restarse importancia personal y entender que todos hemos sido agredidos alguna vez de alguna forma, y hemos agredido tambièn, a veces conscientemente y otras inconscientemente.

Las primeras heridas del alma las recibimos desde nuestro nacimiento. Nacer requiere esfuerzos y sufrimiento,y el camino de la niñez està poblado de peligros y descubrimientos que pueden ser dolorosos,pero tambièn, la niñez tuvo alegrìa y momentos felices.
Uno elije recordar lo bueno,o lo malo.
Algunos prefieren odiar,encerrados en su torreta de orgullo,y con su armadura de soberbia.
No olvidan ni perdonan y viven sus vidas atados a los agravios del pasado aunque sepan que el pasado no vuelve y que nada se puede cambiar.

"Los soberbios son los que ocupan un lugar profundo del Infierno", como dice Dante en la Divina Comedia, porque fueron orgullosos y no perdonaron nunca a nadie.

Sin embargo, aùn en su torreta,sujetando su banderìn de lo "imperdonable",esos sujetos lo saben: el ser humano comete errores durante toda su existencia, porque es imperfecto.

Y las experiencias no resueltas ni reflexionadas, lo hacen aùn más imperfecto a medida que va creciendo su ego.

Pero las personas se pueden equivocar ,aunque tambièn saben perdonar y pedir perdòn.

Perdonar desde el fondo del corazòn, para que no haya màs ni resentimientos, ni odios ni venganza, es sublime, porque nos purifica y ya liberados de la rancia y malèvola carga de rencores y venganzas, se recobra la ligereza,la paz y la alegrìa.

El odio y el resentimiento interrumpen,pesan,son un fardo que impide el libre fluir por la vida, y contaminan las horas con el sabor amargo de los recuerdos que no nos permiten disfrutar nada, nos quitan la libertad y la esperanza,y nos enferma su amargura, porque muchas enfermedades psicosomàticas son expresiones de odio y resentimiento enquistadas en el cuerpo, y la depresiòn es un ejemplo.

Es importante enteder que no es en sì la experiencia del agravio, sino la forma de vivir esa experiencia, la que nos ha ofendido.
Ese es la enseñanza: la manera en que tomamos los agravios,eso es lo que podemos elegir:
Tomarlo de manera tràgica,de manera indiferente,de manera humanista,o de manera psicòtica,de manera estereotipada de telenovela,de manera còmica,de manera pòetica,en fin...esa elecciòn està en nuestras manos.

Pero el perdonar existencialista no implica poner la otra mejilla cristiana y exponerse al dolor de otra ofensa, y tampoco nos obliga a ser amigos de quienes nos engañaron y traicionaron.

Ni amigos ni enemigos, porque se trata de seres que ya han tenido una oportunidad de ser personas ìntegras y bondadosas y la han perdido porque a partir de su burla o engaño se convierten en parte del pasado a olvidar.

Este abandono hacia atràs, o perdòn, nos darà un cambio significativo en la organizaciòn de nuestros mecanismos de defensa,elaboràndolos con màs salud e inteligencia para vivir con nosotros mismos y con los demàs.
Se trata tambièn de la resoluciòn de un conflicto,como un juego de ajedrèz terminado en tablas o pèrdida,pero sin revanchas posibles.

Se trata de darse cuenta de que nada es imperdonable,nada es eterno,nada es infalible,nada tiene una insoportabilidad infernal,y todo,despuès del lamento,pasa.

Esta aceptación, nos permitirà abandonar las definiciones subjetivas de uno mismo como "el ofendido"."el abandonado",el "engañado" y esa obsesiòn por la injusticia,las culpas,y los castigos,y eso es lo que cancelarà,a fin de cuentas,el daño hecho antes.
Es como si rompieramos el pergamino mohoso donde apuntamos la lista de agravios,y lanzaramos los trozos al viento...

Para ello es bàsico bajarle a los propios estàndares de disminuciòn o soberbia,y romper la complicidad con el ofensor,o la dependencia hacia el mismo, permitir que nuestra mente fluya,creando,contruyendo otros temas,en vez de dejarla congelada en el lugar y en el momento de la ofensa,y demandar justicia,si,pero para objetivos màs altos,esto es,alzar la mira,buscando la justicia,no para nosotros en nuestra mezquindad,sino para los pobres de la tierra que en verdad la requieren.


El perdòn,asì,serìa bajar las armas,abandonar la rencilla,reevaluarnos y abandonar reivindicaciones neuròticas de nuestro ego,para perdonar en el sentido conciente,exixtencialista,libertario,dejando libre a nuestro ofensor de nuestra càrcel,y rompiendo nosotros mismos,las rejas de la prisiòn que es nuestro rencor.

El error es un estado de conciencia y sòlo la humildad nos da el tesoro de aprendizaje que ese error oculta.

Cada daño recibido o dolor sufrido es una oportunidad para aprender o resentirnos y nos puede destruir o fortalecer segùn nuestra elecciòn.
La venganza es el intento fallido de reparar lo irreparable,y obnubila con su amargura
de tal modo,que sòlo nos conduce a destruir,y a dolernos por ello,el rencor nos hace sufrir,nos vuelve malos y ciegos,imposibilitados para la humildad de aprender de nuestros errores.


En opuesto,el perdòn contruye,enseña,pacìfica y alegra.
El perdòn nos regala la libertad del olvido y nos purifica...


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