martes, 23 de junio de 2009

Diferencias

"Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas."
Fidel Castro

Hay una diferencia abismal entre ser un polìtico y ser un revolucionario.
Un polìtico es un individuo que se dedica a realizar actividades para gestionar el poder dentro del àmbito de las instituciones establecidas por el sistema.
Habitualmente el polìtico busca el reconocimiento social y es un miembro activo dentro de los juegos de poder de un règimen. Ser polìtico es el ejercicio una actividad profesional concreta,que busca obtener posiciones y cargos.
La mayorìa de los polìticos ostentan un tìtulo en la pared de su despacho,y pertenecen a un partido. Dicen representar y defender a la sociedad,para, a tenor de quienes forman sus bases,alcanzar un escaño o puesto en cualquier instituciòn gubernamental. Lo importante para un polìtico es subsistir en el àmbito pùblico,alcanzar cotas mayores,caerle simpàtico a sus bases,y vivir de ello.

Se dice que allì donde hay un político todo està sucio. Y eso es porque en el ejercicio de la política la tarea principal es la consecución del poder, aunque para ello haya que jugar sucio cuantas veces sea necesario,dejando marcado y en la cuneta a tu adversario. En esa lucha por alcanzar el mando,no importa usar la manipulaciòn de las bases,aunque se pierda la congruencia ideològica,y asì,el polìtico,carente totalmente de autocrìtica,dirà que sus incongruencias,son parte de su estrategia para alcanzar el poder.
Tampoco aceptarà la crìtica razonada,puesto que el polìtico està inmerso en una lucha personal por un espacio de poder personal,una lucha que èl considera suya,pero que tiene una influencia plena en la vida de los demàs,y eso implica una inmensa responsabilidad,que muchas veces,el polìtico ignora,puesto que le estorba en su estrategia.

Un polìtico suele poseer un gran cinismo que le ayuda a cambiar de postura o a desdecirse,en nombre de su estrategia. Puede,por ejemplo,reprochar a la Iglesia Catòlica que lo satanice,pero al mismo tiempo,puede pedir un minuto de silencio por la muerte de un Papa. Puede decir un discurso incendiario contra las televisoras del sistema,pero al dìa siguiente puede presentarse en esos estudios de televisiòn para ser zarandeado por el màs mediocre de los locutores de esas mismas televisoras. No importa,el polìtico tiene estòmago para soportar esa y otras indignidades.Un polìtico,tambièn, tiene una especie de ceguera selectiva: Hay temas que no son polìticamente correctos,y aunque sean injusticias terribles,o ignominias hacia la sociedad que dice representar,si no le sirven en su estrategia,omite el tema,no existe ese asunto para èl.

A un polìtico no le sirve que sus bases lean,se cultiven,comprendan. Lo que sì le sirve es que lo sigan cigamente,sin cuestionar,sin reflexionar,sin preguntar. A un polìtico no le interesarà organizar brigadas de alfabetizaciòn,le interesan solamente brigadas para promover el voto que èl dicte.

Un polìtico no quiere cambiar el sistema,pues vive en èl y de èl,a costa del sacrificio de un pueblo hambriento y explotado, que àvido de esperanza desea creer en las palabras del polìtico,palabras que sòlo sirven para manipular a un inocente pueblo con el corazón afligido, marginado en la miseria,mientras el polìtico se aprovecha de su ignorancia y de su nobleza para alcanzar puestos públicos como si se estuviera en una subasta de votantes.

Y por eso es que el polìtico y el revolucionario son seres totalmente distintos.

Un revolucionario verdadero hace su trabajo en las peores de las circunstancias històricas en que su actividad se desarrolla por el bien comùn, el político busca las mejores circunstancias,como estrategia para obtener poder sobre los demàs.
Un revolucionario busca la Revoluciòn,el cambio,el movimiento de las conciencias hacia el futuro,busca la ruptura de un sistema explotador y manipulador del pueblo.
Por eso,un revolucionario es un educador infatigable. No vacila en señalar a los polìticos,a los curas,a los medios,a los explotadores,asì sea el mismìsimo Papa,Obama o Slim,
aunque se gane la enemistad de dichos sujetos.
El polìtico,en cambio,llega hasta adularlos,porque el polìtico,como ama el poder,se somete a èl.

El revolucionario no solapa las trampas del capitalismo ni se hace de la vista gorda ante sus abusos. Va desmontando una por una todas sus mentiras. Es implacable.
El revolucionario tiene una ideologìa humanista,y tiene principios de lealtad y de congruencia.

Conoce cuànto sufre el ser humano porque es amigo del pueblo,(a diferencia del polìtico que se da baños de pueblo) el revolucionario es del pueblo,vive,come,trabaja,sueña con el pueblo,sin pedir nada a cambio: ni votos ni reconocimiento social,puesto que es uno màs entre el proletariado.
Mientras el polìtico dice respetar las leyes,el revolucionario demuestra con argumentos el egoìsmo de los ricos que todo lo subordinan a las leyes ciegas e inexorables del mercado, opuestas a toda racionalidad en el empleo de las fuerzas productivas.
El revolucionario promueve que todos los ciudadanos sepan,por principio de cuentas,leer y escribir. Puesto que el estudio y el conocimiento abriràn las conciencias,y es que el revolucionario,a diferencia del polìtico,no busca seguidores ni fans,el revolucionario,no quiere el poder,sino que busca sòlamente el bien comùn.

Pocos han sido los hombres y mujeres que la modernidad pueda bautizar como revolucionarios, valga mencionar a Zapata, Rosa Luxemburgo,Durruti,
el Che,Cienfuegos,Tania,Pasionaria,Allende,
Cabañas,Vàzquez,Tirofijo...
y muchìsimos màs que guardaron el anonimato por decisiòn propia.


Para un verdadero revolucionario la congruencia ètica no es ningùn problema puesto que no necesita estrategias para alcanzar ningùn poder.El revolucionario es puro,sincero,no manipula y hace autocrìtica.Para el verdadero revolucionario la preocupaciòn deja de ser intestinal (biològica) para pasar a ser cerebral (filosòfica), no se preocupan mucho por comer, y menos por aparentar, sino al contrario, se ocupan de pensar y de hacer,para lograr un cambio radical en las estructuras inequitativas y abusivas del sistema,para el bien comùn.

El problema para los seudorevolucionarios,esos gatopardos que buscan el poder personal,y que tratan de aparentar ser revolucionarios sin una ideologìa que los sustente,y sin querer abandonar el sistema,temiendo abandonar su partido y su popularidad ante las masas,y, temiendo,sobre todo, el cambio real,la Revoluciòn verdadera,su problema es que se encontraran un dìa desenmascarados,porque,tarde o temprano,el pueblo,que no es tonto,se darà cuenta.
(Como en su tiempo sucediò con el "lìder moral" del PRD,Cuauhtèmoc Càrdenas,que engatuzò al pueblo con una ilusoria "revoluciòn democràtica" y el pueblo,confiado le creyò,hasta que por fìn se diò cuenta de que su "lìder moral",estaba inmerso en el sistema corrupto,ese que antes decìa deplorar).

Para ese tipo de polìticos,tibios cuando la estrategia lo requiere,incendiarios cuando sus fines personales lo exigen,el traje de Revolucionarios les queda demasiado grande porque un revolucionario,cuando ve que el pueblo muere de hambre y de ignominia,no mide tiempos ni estrategias,ni se le va la fuerza por la boca repitiendo discursos aprendidos de memoria,sino que actùa,y no para conseguir votos dentro de un sistema corrupto y fraudulento,sino para desarmar ese sistema y crear uno nuevo donde haya justicia y libertad para todos.Cuando ese polìtico deje de lado su obsesiòn por el poder,y lleve a los actos todas sus palabras,cuando ese polìtico deje de pensar en lo inmediato,y rompa con el sistema corrupto y decadente del capitalismo,y piense realmente en el bien de todos,encontrarà la congruencia y la dignidad de un Allende,de un Fidel,de un Evo o un Hugo,y entonces sì,serà un servidor,un educador. Dejarà de ser un lìder màs,un star rock mediocre,para alcanzar el honor de ser un Amigo del pueblo.

Las masas sin educaciòn, desdichadamente,suelen fanatizarse con un lìder,sin pensar que el cambio,la Revoluciòn,no es un asunto de una persona,sino de una sociedad entera.
Si ese lìder enferma,muere o se corrompe,el pueblo quedarà desamparado,huèrfano,de nueva cuenta,vencido.
Hay que alfabetizar,hay que educar,esa es la verdadera Revoluciòn.
Se necesitan brigadas para enseñar a leer y a escribir al pueblo y no brigadas electoreras.

En la medida en la que el pueblo se eduque,dejarà de ser un pueblo borrego y seguidor,un pueblo de electores obedientes,como sèquito ciego y fanàtico de un lìder polìtico,y se convertirà en un pueblo pensante,un pueblo digno y libre en el que cada uno de sus individuos sea un Revolucionario.


Con afecto,respeto y absoluta sinceridad para Andrès Manuel Lòpez Obrador.
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