lunes, 8 de junio de 2009

Sòlo el silencio,donde la esperanza estaba....


Se creerìa
que estàs aùn en un columpio,
riendo,chupando una piruleta, jugando.

Se desearìa que fueras como siempre
que no fueras aùn en la tierra negra
un niño difunto
metido en un cajocito blanco.

Se dirìa que lloras
cada noche, en la noche sembrada
de gritos, de ojos indiferentes
de monstruos.

Se pensarìa que contigo muriò la inocencia,
la alegrìa
la esperanza.

Se decìa que el infierno
no era para los niños.

Se esperarìa, sobre todo,que un pueblo entero arderìa
de furia al ver a sus niños muertos.
Pero no.

Ahora se sabe que por ti
todos nosotros somos
niños muertos,
clavados en el yugo como por costumbre,còmodos,
calladitos y quietos,
como sòlo saben esperar los muertos.

Se dirìa que has muerto y eres alguien por fin,
un nùmero en el periòdico de los muertos,
un retrato de tu cajita con velas para los muertos.

Pero aquì a nadie le importan los niños, los muertos,
a nadie los niños que viajan solos por el paìs de los muertos,
y para què, te dices, abrir los ojos al paìs de los ciegos...

Abrir los ojos hoy,
mañana, para siempre,y morirse otra vez,
de desolaciòn y asco.

Se dirìa que no hay futuro,que ha quedado
consumido por el fuego
de los sòrdidos que matan por codicia,
esos que lanzaron un fòsforo encendido
al inflamable (y muy barato)
hule espuma de tu cuna,
haciendo merma con tu vida.

Se pensarìa,ante el sumiso silencio por la infamia,
que este pais està desierto.

Si hombres hay, pero estàn ciegos y encogidos de cobardìa.
Ni chistan,escondidos,porque valoran su vacìo,
como si sus dìas arrodillados y comodinos sirvieran de algo.

Sin dignidad alguna clavetean,apurados, pequeños fèretros.
Quieren enterrar pronto,y seguir con sus rutinas.

Y es por ello
que ya no hay infancia en el paìs yermo.

Por eso tambièn se mutilò lo venidero.
Y la alegrìa y la pureza.
Muertas.

Sòlo fluyen los detritus en el paìs del miedo.
Pero la vida sigue,se dicen,pero sigue
como un puente de muertos o un flujo
de càdaveres que se cogen
de la mano ciega en su deambular en el fango
para saber que están muertos y viven.

La vida de la que hablan
en este infierno,
entre sì, los muertos, los indignos, los cobardes,
los egoìstas sonàmbulos, disputada con sangre,
trata de el valor de su dinero,
de odiar lo que por diferente,parece vivo,
hablan de los votos negros a su corrupciòn alucinante.

No basta una tragedia que hacen
cotidiana, a las viejecitas violadas por soldados,
o las que mueren en la calle de indigencia,
y los indios no contados muertos de la epidemia,
marginados del agua,de la luz de las escuelas,
a las mujeres del olvido en Lomas de Poleo,
flores pisoteadas por la maquila del desierto...
no les basta
ni siquiera
que se mueran los niños,
y van medrando con màscaras patèticas
y estridencias de televisiòn y fuegos fatuos:
asì obran, decadentes,
gangrenando todo asomo de verdad,
sostenidos por el silencio cobarde y comodino
de la raza vencida por si misma,
que pasa sin mirarse,
trèmulos de pànico todos,
agachados
por el peso
de su vergüenza,
amordazàndose a sì mismos
el rebelde grito de un ya basta!...

Por eso viven asì,en un carpe diem jodido,
sin tiempo ni destino,
cargando sobre su conciencia
el peso inmenso de un ataùd de niño,
un niño asesinado por indiferencia,
torpeza,
y codicia.

Ese niño,esos niños seràn las sombras
que se levantaràn de sus cenizas
dìa tras dìa
para gritarnos que somos
un pueblo de mierda
que por cobardìa,deja morir a sus niños.

Porque todos llevamos dentro un niño muerto,
llorando entre las llamas,
o muerto de hambre,
o violado y explotado,
asesinado
a golpes y miseria,
que espera tambièn esta mañana,
esta tarde como siempre
como tù,y yo,y como todos

la justicia.

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