domingo, 23 de agosto de 2009

La Inquebrantable...






"Viviendo mi Vida" de Emma Goldma
n. es la autobiografía de una verdadera anarquista. No sólo es maravilloso el libro por lo que en él cuenta Emma, sino por la excelente forma narrativa con que va construyendo su relato.

Emma Goldman era judía y rusa. En 1885 se fue a los Estados Unidos. Tenía 17 años. Trabajaba en una fábrica cosiendo cuando se enteró de la ejecución de los mártires de Chicago y eso la decidió y la inspiró a unirse a los anarquistas y volverse uno de ellos. Cuenta ella: "Yo estaba como pasmada, paralizada, no podía ni llorar ... Yo estaba totalmente abstraída en lo que sentía cono una pérdida personal, cuando oía a una mujer reír groseramente. Con su voz chillona dijo con desprecio: "¨Qué es todo este lamento? Los hombres eran asesinos. Se merecían que los colgaran." De un salto me agarré al cuello de la mujer. Nos separaron. Alguien dijo: "Esta muchacha se ha vuelto loca." Conseguí soltarme, agarre una jarra de agua de la mesa y se la tiré en la cara con todas mis fuerzas. "­Fuera, fuera -grité-, o la mato!" La mujer aterrorizada fue hacia la puerta y cayó al suelo en un ataque de histeria. A mi me llevaron a la cama y dormí profundamente.

Al día siguiente me desperté como de una larga enfermedad, pero liberada del entumecimiento y de la depresión de aquellas semanas de espera angustiosa y que habían tenido tan terrible final. Tuve la clara sensación de que algo nuevo y maravilloso había nacido dentro de mí. Un gran ideal, una fe ardiente, una determinación a dedicarme a la memoria de mis compañeros martirizados, a hacer mía su causa, a hacer que el mundo conociera sus vidas llenas de belleza y sus muertes heroicas.

Emma cocía 11 ó 12 horas diarias y leía mucho. Con el tiempo y la orientación del anarquista Johann Most fue presentándose en mítines y se volvió una gran oradora. Respecto a su primera experiencia como oradora escribe: "Cuando me enfrenté a la audiencia la noche siguiente mi mente estaba en blanco. No recordaba ni una sola palabra de las notas. Cerré los ojos por un momento; luego algo extraño sucedió. En un segundo lo vi, todos los incidentes de los tres años que había vivido en Rochester: la fábrica Garson, la pesadez del trabajo, la humillación, el fracaso de mi matrimonio, el crimen de Chicago... Comencé a hablar. Palabras que nunca me había oído empezaron a fluir cada vez más deprisa. Salían con intensidad apasionada; describían imágenes de los hombres heroicos en el patíbulo, de su luminosa visión de una vida real, rica en comodidad y belleza: de hombres y mujeres radiantes en su libertad, de niños transformados por la felicidad y el afecto. La audiencia se desvaneció, la sala misma había desaparecido; ensimismada en mi canto, sólo era consciente de mis palabras. Me detuve. Aplausos tumultuosos me rodearon ..."

En mayo de 1892 estalló una huelga en una compañía de acero de Pittisburg. Su presidente era Henry Clay Frick, "un hombre conocido por su enemistad hacia los trabajadores" según palabras de Emma. Llegaron a la decisión de cerrar la acería y despedir a los obreros. En un periódico venía en grandes titulares: "éltimos acontecimientos en Homestead- las familias de los huelguistas desalojadas de las casas de la compañía-parturienta sacada a la calle por oficiales." Emma Goldman y su compañero por aquél entonces, también anarquista, Alexander Berkman se trasladaron a Pittisburg a ayudar en la causa de los trabajadores del acero. Dice Emma: "Debíamos llevarle nuestro mensaje y ayudarles a comprender que no sólo debían luchar por el momento, sino para siempre, por una vida libre, por el anarquismo." Luego relata: "Unos días después de nuestro regreso a Nueva York, la noticia de la matanza de los trabajadores del acero de los Pinkertons recorrió el país como la pólvora. Frick fortificado las acerías de Homestead levantando una alta empalizada alrededor. Luego, en la quietud de la noche, una barcaza llena de esquiroles, bajo la protección de pistoleros de la Pinkertons fuertemente armados, navegó silenciosamente río Monangahela arriba. Los trabajadores supieron del movimiento de Frick. Se apostaron a lo largo de la orilla, decididos a hacer retroceder a los secuaces de Frick, cuando la barcaza estuvo lo suficientemente cerca de la orilla, los Pinkertons abrieron fuego, sin previo aviso, matando a varios hombres de Homestead, entre ellos un niño, e hiriendo a muchos otros."

Emma y Alexander se conmovieron profundamente por los acontecimientos. Eso los llevó a planear un atentado contra Frick, pero tenían poco dinero para comprar el arma. Un día desesperada, Emma se lanza a la calle dispuesta a prostituirse para conseguir el dinero. Un señor se apiada de ella, le da diez dólares y la manda de regreso a casa. El atentado falla: Berkman dispara contra Freak, pero este se recupera, sin embargo tiene que purgar largos años de cárcel. Esta fue la única vez que Emma se vio envuelta en un hecho violento como protagonista. Después, ejercerán la violencia contra ella, pero siempre conservará una actitud pacífica.

Su actuación como oradora le valió varios arrestos. Tanto que iba a sus mítines con un libro en la mano, para no aburrirse en la cárcel. Además de las ideas anarquistas, también difundió con sus charlas el control de la natalidad. Eso le valió el regreso a la cárcel.

Viajó y vivió en Rusia durante los primeros años de la revolución Rusa. En la época de Lenin. Sufrió una profunda decepción con la Revolución de Octubre, lo que le costó mucho admitir. Fue una de las primeras activistas en reconocer que la Revolución había traicionado al proletariado. Finalmente, volvió a Inglaterra y de ahí a Canadá, donde murió en 1940.

Tuvo una intensa vida amorosa: se casó y se divorció a los 20 años. No quiso tener hijos para que no interfirieran con el propósito que se había hecho de dedicarse al anarquismo.

Fue una gran oradora y enormes multitudes iban a oírla. Llegó un tiempo que pudo dejar el trabajo de costura y mantenerse de sus conferencias y escritos. Editó una revista llamada "Madre Tierra", que alcanzó importancia en el medio intelectual y artístico de esa època.

Cuando Emma Goldman, que había sido llamada por la prensa «la mujer más peligrosa del mundo", murió oscuramente en un lugar de Canadá, un periodista llamado William Marion Reedy escribió que aquella pequeña pero formidable judía había estado «ocho mil años adelantada a la de su época". Sin duda, Emma estuvo muy por delante de su tiempo. Esta brillante discípula de Bakunin y de Nietzsche, llegó a convertirse en una auténtica pesadilla para el orden establecido norteamericano y en el terreno de la liberación de la mujer por su voz indomable...