domingo, 29 de noviembre de 2009

El derecho primordial...





"La utopía está en el horizonte.
Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos
y el horizonte se corre diez pasos más allá.
Entonces... para que sirve la utopía?
Para eso, sirve para caminar..."


Eduardo Galeano

La noche no es eterna,sòlo es oscura...



Ellos mandan hoy..... porque Tú obedeces!
(Albert Camus)






La difusión del ideal libertario es parte de nuestra lucha por la Revolución Social. Esto tiene dos razones fundamentales.
La primera razón, es que, ante la crìsis social y econòmica que golpea al capitalismo, los anarquistas debemos difundir nuestro programa y nuestra teoría para presentar una alternativa a ese sistema capitalista neoliberal que se encuentra en total decadencia con cede en Washington.
El capitalismo caerá y es algo innegable por su crisis profunda. Pero siempre el fusilado queda moribundo y alguien debe darle su tiro de gracia. Debemos cortar la agonía del sistema que sufrimos todos con el conocimiento y la cultura. Ese tiro de gracia debe darse con una profunda conciencia revolucionaria y los libros pueden garantizárnosla.
La segunda razón, es que las clases opresoras que dirigen a la sociedad se empeñan en denigrar la educación. Los hijos del pueblo sólo pueden acceder a la educación estatal cada vez más precaria, pues el Estado siempre que debe recortar gastos lo hace en la educación.
Pero hay una alternativa, “la noche no es eterna, sólo es oscura”,decìa Proudhon.
Proudhon llegó a ser un importante filósofo sin haber podido pagarse el secundario.
La difusión de los libros puede servir para la formación de los individuos con una perspectiva crítica y no con el sometimiento de la educación “conductista” y autoritaria que pretende formar futuros gobernados.
El anarquismo plantea la rebelión emancipadora del brazo y de la mente. Las armas de liberación del brazo son muy discutidas, pero para la liberación de la mente no hay duda en que el libro es el arma más contundente.

La Revoluciòn empieza abriendo un libro.

Leamos!




Libros Recomendandos por principio:

"Dios y el Estado", Mijail Bakunin.
¿Que es la propiedad?, P.J. Proudhon.
El Apoyo Mutuo, Pedro Kropotkin.
La Conquista del Pan, Pedro Kropotkin.
Miguel Bakunin: Esbozo de biografía intelectual, Demetrio Velasco Criado.
Antología [La Mujer, el Matrimonio y la Familia, Patria y Nacionalidad,
Socialismo sin Estado: Anarquismo, La Política del Consejo (1869), La Asociación Roja (1870)], Miguel Bakunin.
El Principio Federativo, P. J. Proudhon.
Los principios del sindicalismo revolucionario. AIT.
"El patriotismo", Miguel Bakunin.
"El Antricristo", Federico Nietzsche.
"Anarquismo: Lo que significa realmente", Emma Goldman.
"Bitácora de la Utopía: Anarquismo para el Siglo XXI", Nelson Mèndez y A.Vellota.
"La moral anarquista", Pedro Kropotkin.
"El Único y su Propiedad", Max Stirner.
"Cartas de la Revolución Española", Benjamin Péret.
"Historia de las utopías", Osvaldo Bayer.
" El Socialismo Anarquista", Ricardo Mella.
"La ley del número", Ricardo Mella.

El Candidato...





Estaban una vez los perros tratando de elegir un presidente.
Así que uno subió al estrado en la gran convención de perros y dijo:

"Propongo al bull dog para presidente. Es fuerte. Puede pelear".

"Pero no corre bien" replicó otro perro. "¿De qué sirve un peleador si no puede correr? No atraparía a nadie".

Entonces otro perro se puso de pie:

"Propongo al galgo, porque corre muy bien".

Pero los demás gritaron:

"¡Noo! Sí, puede correr, pero no sabe pelear. Cuando atrape a alguien, ¿qué va a pasar? Le van a partir el hocico. Eso es. Para lo único que deveras sirve es para echarse a correr".

Un pequeño y feo callejero se puso a dar de saltos y dijo:

"Propongo para presidente a ese perro de allá que le huele tan bien abajo de la cola".

Inmediatamente saltó otro callejero igualmente feo y proclamó:

"Apoyo esa candidatura".

Todos los perros se pusieron, al instante, a olisquear bajo las colas de los demás. Se alzó un coro de voces:

"¡Fúchila! A ése no le huele bien bajo la cola".

"Tampoco a éste".

"Este otro no tiene madera presidencial".

"No, tampoco sirve".

"Y éste no puede ser el elegido del pueblo".

"¡Guácala! Éste no es mi candidato".

La próxima vez que salgas a caminar por ahí, fíjate en cómo los perros olisquean bajo las colas de todos los demás. Buscan un buen candidato, pero siguen sin encontrarlo.



(Relato brulé sioux dicho por Lame Deer en la reservación india de Rosebud, Dakota del Sur, y grabado por Richard Erdoes en 1969: "Nosotros no pensamos mucho en las elecciones del hombre blanco. No importa quién gane, los indios siempre perdemos", expresó entonces. Esta versión procede del ya clásico volumen Mitos y leyendas de los indios norteamericanos, selección y edición de Richard Erdoes y Alfonso Ortiz, Pantheon Books, Nueva York, 1984.

Los brulé sioux (o sichangu), una de las siete tribus lakota al oeste del río Misuri reunidas en el Oceti Shakowin o Concilio de los Siete Fuegos de los teton wan (como se autonombra el pueblo lakota), conservan la búsqueda de visiones, la danza del sol, las ofrendas de la carne, el ritual del peyote y otras tradiciones poderosas.)


(Relato sioux Trad: A.S y H.B.)

Benjamina y el altruismo...




Independientemente de la diversidad que caracteriza al pensamiento existencialista sobre las situaciones de la vida humana, el existencialismo se caracteriza por una gran sensibilidad para con todos los problemas de la existencia individual y social, así como por la confianza en la fortaleza personal. La afirmación “La existencia quiere decir el ser humano, el ser humano quiere decir la existencia” se corresponde completamente con la idea màs sencilla de lo que es la Justicia.
Una justicia basada en el deber moral individual de ayudar a los desfavorecidos y a los que sufren ,pero sobre todo,en el derecho de todos a disponer de los bienes y servicios que su entorno social considera básicos e indispensables. Aunque, pensándolo bien, es posible que esa noción del derecho a lo indispensable sea mucho más vieja de lo que nos atrevemos a suponer.

Hace 530 mil años, en lo que hoy se denomina la sierra de Atapuerca, Burgos, España, vivió una niña discapacitada a la que los arqueólogos han dado el nombre de Benjamina. Según lo han revelado los fragmentos de su calavera, la muchachita padeció craneosinóstosis, un cierre prematuro (antes del año de vida) de las suturas craneales que, como se sabe, vienen sueltas de nacimiento (compruébenlo, con toda la delicadeza del mundo, palpando la mollera de un bebé: sientan una especie de concavidad antes de la coronilla). Tal condición provoca malformaciones del cráneo y, derivadas de éstas, deficiencias psicomotoras en diversos grados. De hecho, "es el caso documentado más antiguo de craneosinóstosis con deformidades neurocraneales, cerebrales y, muy posiblemente, asimetrías en el esqueleto facial", indica un reporte publicado en la revista estadunidense Proceedings por Ana Gracia Téllez y Juan Luis Arsuaga.

Benjamina murió a una edad temprana, cerca de los diez años, y lo más probable es que no haya sido capaz de valerse por sí misma. Para llegar a una década de vida hubo de ser asistida de alguna manera por los miembros de su tribu, un grupo desconocido de cazadores recolectores. "A pesar de sus desventajas, el individuo sobrevivió más de cinco años, lo que sugiere que su condición patológica no fue un impedimento para recibir la misma atención que cualquier otro niño del género Homo del Pleistoceno Medio", concluyen los estudiosos. O sea que, más allá de caridades y de misericordias del hipòcrita sistema capitalista, los usos del atruismo genuino del mèdico brujo o de la matrona que daba de comer a Benjamina, ese humanismo existencialista lleva, cuando menos, medio millón de años entre nosotros.
..
El altruismo,fuera de todo planteamiento teórico, puede ser comprendida como una “sensibilidad”, como un emplazamiento frente al mundo humano en el que se reconoce la intención y la libertad en otros, y en el que se asumen compromisos de lucha no violenta contra la discriminación y la violencia.
Y como una calidad moral que practica el amor activo dirigido a todos los seres necesitados, ante todo los seres humanos. Comprende el sentir el dolor del otro como dolor propio y la intención de prestar la ayuda y cooperación correspondientes. Es parte del fundamento ético de todas las religiones universales. El altruismo permite superar hostilidades e intolerancias tribales o clasistas. Y exige la superación del hábito de dividir los seres humanos entre próximos y ajenos. Esta característica es propia de la personalidad humanista práctica mediante la cual las personas tratan de solucionar los problemas puntuales de individuos o de conjuntos humanos. El humanismo no pretende modificar las estructuras de poder, pero muy frecuentemente ha llevado a la conformación de nuevos estilos de vida màs libres y muy valiosos desde el punto de vista del compromiso con las necesidades inmediatas del ser humano. Todas las acciones de solidaridad genuina fueron,por principio y en mayor o menor grado,para paliar situaciones de miseria muy puntuales y luego fueron tomando un carácter progresivo de solidaridad a veces internacional generando grandes cambios sociales y polìticos. En la actualidad, muchas organizaciones humanitarias reconocen al altruismo como una actitud personal primaria que congregarìa los mejores valores humanos,y que nos ayudarà a sobrevivir como sociedad.


Un punto final de interès:
Una investigaciòn reciente efectuada en Internet, comprobò que son miles los bloggeros que desinteresadamente,dejan mucha informaciòn en la red,lo mismo que en wikipedia,y en otros medios,sòlo por ayudar de modo altruista a la propagaciòn del conocimiento,a la informaciòn,a la cultura y a la comunicaciòn de los demàs internautas.


Fuente:Proceedings .

Altruismo...



Ghandi y el descuartizador de Milwaukee seguramente tenìan ideas bastante dispares acerca del concepto de lo "bueno", lo cual nos muestra lo difìcil que es ponernos de acuerdo en numerosas materias,sobre todo en esto de la ètica...
Pero cuando uno está lleno de amargura, hacer felices a los demás se convierte en la última de las prioridades y podemos llegar al absurdo de afirmar que el altruismo es un mero egoísmo disfrazado. De hecho, en semejantes circunstancias, solemos procurar asegurarnos de que los demás sean tan miserables como nosotros, y sólo en esta mezquindad encontramos consuelo. "Sí, estoy metido en la mierda, pero mi vecino más, y eso me hace sentirme mucho mejor". Una reflexión especialmente mexicana,diría yo.
Por eso es lògico pensar que la felicidad de la humanidad comienza por la felicidad del individuo. Sólo cuando uno es feliz se encuentra en posición de contagiar a los demás. Si uno se siente desgraciado y podrido por dentro, lo único que procurará es que los demás traguen un poco de esa misma mierda.
Debido a eso,comprendemos la gran importancia ètica que tiene la psicologìa,en su trabajo sobre el bienestar psicològico de las personas y la diligencia y la firmeza en liberar al espìritu de dolores y amarguras,porque el bien de uno,repercute,necesariamente,en el bien de los demàs.
El corazón del ser humano es un sitio en el que muchas veces el mal se impone sobre el bien precisamente por pasividad o abulia. El mal es fácil, banal, espontáneo. No requiere esfuerzo ni oposición. El mal es un atajo. El bien, en cambio, es un recorrido. Un recorrido a veces solitario, áspero, difícil, y en ocasiones también antipopular y lleno de caídas. Por eso, hacer el bien exige rechazar la superficialidad del conformismo y los engaños del prejuicio. El bien es una cosa extremadamente seria. La bondad es un camino severo y, en su severidad, necesita de la fuerza. La bondad, como el amor, requiere fuerza. Requiere valores como la audacia, la paciencia y la espera. La victoria sobre el mal no se consigue caminando en un idílico atardecer por la playa de un mar en calma, sino subiendo por los montes, sorteando zarzas y espinos, asumiendo riesgos. El mal no se puede combatir con el mal, pero tampoco con una retórica vacía sobre el bien y los buenos sentimientos. Para hacer el bien no basta tener buen corazón, también hay que lograr –entre otras cosas– templar el alma y el cuerpo ante los embates de la pasividad,la cobardìa y la abulia.
Sólo si reconocemos nuestras limitaciones podremos aprender a manejarlas. Si no somos conscientes de ellas, si simplemente cerramos los ojos, seguiremos persiguiéndonos la cola hasta caer exhaustos,confusos en nuestra mezquindad.

Y es que el dar y recibir,son conceptos que establecen nuestro paisaje interior.Veamos: si se cree que los objetos,las personas,los afectos,son cosas expuestas ante nuestros ojos para que elijamos de acuerdo a nuestras apetencias especiales,con seguridad pasarà entonces,que todo lo que se refiere a nosotros,a nuestro ego,nos serà muy apreciado: tanto nuestros placeres,como nuestros pesares. Serà difìcil entender a los otros,sin recurrir a un tono,que por sobre todas las cosas,es el nuestro.
Eso nos pasa porque estamos educados para recibir,para contraer,para acaparar,y no para soltar. Aùn cuando se diga que se procede con generosidad,en esta sociedad,suele pasar que el càlculo es el que motiva todo desprendimiento.
En la sociedad de consumo capitalista todo entra,y nada sale.
Entonces es que se intoxican desde los pensamientos hasta los cuerpos.
(Y es por ello,por ejemplo, que vemos a tantos obesos comprando compulsivamente alimentos,o a tantos "coleccionistas" de lo que sea,en esta sociedad.)
Es asì que al no soltar,nos intoxicamos,e intoxicamos a cuanto nos rodea,desde al otro ser humano,hasta a la naturaleza,los bosques,la mar.
Y entonces pasa que si se habla del "dar" y de la "ayuda",muchos pensarán en lo que les pueden dar, o acerca de cómo los van a ayudar. Y no en lo cotrario: que serìa pensar en lo que puedo dar,y en lo que yo puedo ayudar.
El egoìsmo,resulta paradojicamente entonces,un fundamental error de càlculo,porque a las personas se les ha hecho creer en este sistema capitalista que el Recibir,es mejor y vale màs,que el Dar.

Pero quizà si nos damos un minuto para recordar los mejores momentos de nuestra vida,comprenderemos que esos buenos ratos estuvieron relacionados profundamente con un Dar desprendido.
Cuando decimos "Otro mundo es posible",no es para poner como meta primordial la soluciòn de nuestros propios problemas,sino que lo que intentamos buscar es aprender a Dar,a desintoxicarnos,a liberarnos de nuestro egoìsmo,para sentir sinceramente el sufrimiento en el mundo que nos rodea y tratar de aliviarlo con acciones vàlidas y genuinamente generosas.
Y eso serà el altruismo: ir amando la justa y bella realidad que construimos para los otros.


Por supuesto, todo esto sólo son las elucubraciones de una mente enferma y egoísta.
Pero el dilema egoísmo o altruismo está mal planteado, porque no se trata de elegir entre uno u otro. La virtud ética por excelencia es la fortaleza y, siguiendo a Espinosa, ésta se puede manifestar como firmeza, cuando la acción de cada individuo se esfuerza por conservar su ser, o como generosidad, cuando cada individuo se esfuerza en ayudar a los demás. La fortaleza está relacionada dialécticamente con la bondad generosa,pues sólo un individuo firme podrá ser generoso, pero, también, un individuo sólo podrá llegar a la firmeza a través de la bondad de los demás. Esto nos lleva a impugnar la idea, tomada de Kant, de Ayn Rand, de que cada un hombre es un fin en sí mismo, y no el medio para los fines de otros. Y la impugnamos por ser un imposible, todo individuo ha tenido, necesariamente, que constituirse como persona a través de los demás, todos los individuos somos, pues, medios para la otredad y el altruismo...

Por ùltimo: es sencillo dañar,sin embargo,se necesita un gran talento para hacer el bien...

sábado, 28 de noviembre de 2009

Acoso y suicidio...



El tema del suicidio como resoluciòn al acoso moral, tiene diferentes vertientes o aspectos a tener en cuenta. Desde el llamado "suicidio por eutanasia o asistido", al provocado por una enfermedad mental incontrolada o como el tipo de suicidio que vamos a tratar con más detalle : el referente al estado anímico del sujeto, provocado por acciones externas.

Cuando una persona se da a otra con total entrega, se dedica en cuerpo y alma a una tarea, trabaja con ahínco para conseguir tener un lugar en la vida o busca hacerse un hueco profesionalmente y ve como es traicionada, engañada, manipulada, utilizada o, simplemente es rechazada sistemáticamente, sólo porque no se adapta a los "parámetros socialmente establecidos" ( una aberración más de las modas sociales); su autoestima sufre un golpe de tal magnitud, que le va a resultar muy difícil ser capaz de superar.

Aquí, van a entrar en juego muchas circunstancias: Desde la creencia en que el fallo está en uno mismo, hasta que todo le ocurre porque es un "inútil" o que realmente su forma de ser no encaja en esta sociedad actual, donde como dice el refrán " Más vale caer en gracia, que ser gracioso". Porque, cuando uno es consciente de que el fallo no tiene porqué estar en él, sencillamente sigue "luchando" y esperando encontrar a su alma gemela, a su media naranja o al amigo noble y leal ,ese que no va "al Sol que más calienta" a las primeras de cambio.

Pero a veces pareciera que no existe esa alma gemela, y que la media naranja sólo era un titulo de un programa de televisión y donde el idílico amor cargado de nobleza sólo existía en nuestra mente, sin añadir a todo esto, las "modas sociales", donde,por ejemplo, una persona diferente es marginada e incapacitada para desarrollar su trabajo, el mismo trabajo para el que se ha preparado durante años,pareciera entonces que todo está a punto para estallar.

Sin pareja, sin amigos, sin trabajo, sin apoyo social... etc. ¿Qué se espera de la vida?

Ante tal circunstancia, no es muy difícil adivinar que vivir se hace muy difícil, porque entonces, uno, se empieza a hacer preguntas como esta: ¿Para qué voy a esforzarme en convivir con seres que no sólo no aman a su prójimo, sino que, si pueden matarlo de la manera más sofisticada, disfrutarán con ello?, ¿Para qué seguir entregándome a ellos, si no me aceptan...? ¿Qué será de mí, solo, sin nadie que realmente se interese por mí o sin medios para subsistir? ¿Para qué alargar una agonía, que sólo hace que retrasar el momento final, ineludible para todos? ¿Qué más tengo que aprender? etc. Es entonces cuando oímos esa voz en nuestro interior, nuestro propio Yo, que no hace más que sopesar nuestra situación, intentando encontrar una respuesta y una salida.

A partir de ese momento, la situación es muy crítica, y cualquier suceso puede desencadenar una u otra decisión con respecto al suicidio. Bastará pues, un simple desaire, una palabra ofensiva, un desprecio calculado, para que, el sujeto en cuestión, se sienta totalmente inútil y fuera de esta cruel sociedad. Una sociedad que es capaz de atragantarse con exquisitos manjares, a la vez que, por la televisión, mientras come, ve como miles de niños a diario, se están muriendo de hambre. Una sociedad donde, lo importante, son los "contactos", los "enchufes", las manipulaciones mediáticas y donde, quien carece de escrúpulos, es quien triunfa "profesionalmente" y tambièn,"amorosamente"..

Todo esto lo ve, lo observa y lo vive el sujeto en depresión. Una depresión que cada día le hace ver con mayor claridad que, lo que interesa, es que se mantenga callado y apartado, que no despierte las consciencias de nadie, que se oculte en "su mundo" y no moleste a los que actúan de forma "socialmente correcta". Si a todo esto, le sumamos las actuaciones de esas "almas caritativas" cuyo fin en este mundo se limita a incordiar, engañar, difamar, traicionar,mentir,o hostilizar a todo aquél que no está en su "circulo" y es diferente, no es difícil adivinar que el deprimido, opte por "marcharse" de un lugar donde no lo quieren y se diga para sí: Ahí se quedan... no se merecen mi compañía!

Por supuesto que en las causas del suicidio entran otras muchas variantes más, si bien yo me limitaba a exponer una situación que, a pesar de no ser del dominio general, si afecta a muchas personas. Personas normales que, de un día para otro, ven como su mundo se derrumba y no encuentran motivos para seguir luchando, porque... si a nadie le importa lo que a ella le ocurra ¿para qué seguir en un lugar donde nadie me quiere? Esta sería, posiblemente, la reflexión que se haría el suicida al tomar la decisión final.

Hoy día vemos como continuamente se ataca a cualquiera que se muestre diferente, de la manera más cruel posible. No es necesario maltratar físicamente a una persona para hacerle daño, el maltrato psicológico de un grupo, cuando se hace de forma totalmente cruel, puede hacer mucho más daño y como estamos viendo a diario, sus efectos son demoledores.

¿El motivo? Por lo general suele ser la envidia, sobre todo la envidia de colegas, compañeros de trabajo o "supuestos amigos",y hasta en la familia, que ven en el acosado alguien a quien abatir, ya que ha demostrado ser más inteligente y mejor profesional y persona que ellos.

Sólo cuando experimentamos un trago tan amargo como quien es acosado, maltratado, humillado o simplemente ninguneado, somos capaces de entender los sentimientos del que está deprimido por esa razòn.
La depresión, es un estado alterado de la consciencia que, en el mejor de los casos, llega a sensibilizar hasta tal extremo al deprimido, que pueda parecer que "viva sin vivir en él", recordando alegóricamente a Santa Teresa de Jesús. A este estado, no se llega por un simple resfriado, ni tampoco por una discusión determinada o hecho en concreto, sino que es consecuencia de un largo acoso, ya sea directo o indirecto, físico o psíquico y que, en todo caso, lo que se pretende conseguir es dejarle claro al acosado-deprimido, quién es el que manda.

Esta situación, además de producirse en las empresas y demás colectivos, también se da en las familias. No en vano, el acoso y maltrato psicológico es muy difícil de demostrar, y sólo cuando existe un maltrato físico, es posible conseguir que actúe la justicia.

Los problemas diarios son tan acuciantes que, muchos padres, tutores o responsables de otras personas o menores, no se llegan a dar cuenta en muchos casos de que el problema ya está en ellos. Ya no son capaces de escuchar y es mucho más fácil acceder a las peticiones, sin sopesar sus implicaciones, que emplear unos minutos en dialogar y mostrarles el cariño que necesitan las personas acosadas. Quizás deberíamos empezar a analizar todos nosotros si nuestra actuación, no sólo con los demás, sino incluso con los nuestros, es la más adecuada.

Pero lamentablemente, los problemas cotidianos, hacen que las personas apenas se den cuenta de que precisamente esos problemas, son consecuencia de adoptar un orden de preferencias o prioridades erróneo, de creer que es más importante tener el suficiente dinero o medios económicos para poder adquirir tal o cual cosa, o que solucionado el problema económico, se podrán solucionar el resto de los problemas, ya sean de tipo familiar, laboral o social. Craso error.

Nos olvidamos con suma facilidad que "No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita" y en estos casos, bastaría con prestar más atención, cederles un poco de nuestro tiempo (aunque a veces nos resulte inoportuno) y sobre todo: "demostrarles que les amamos cuando menos se lo merecen, pues es cuando más cariño necesitan".

En definitiva, llegar a alcanzar ese estado de depresión que puede llevar a una persona a cometer el suicidio, en parte, se debe a la indiferencia que mostramos hacía la persona deprimida, ya que le hace sentir fuera de lugar y sin motivos para considerarse uno más entre los demás.

Sé que no es fácil, una cosa es decirlo y otra llevarlo a cabo. Pero ya que estamos en ello, hagamos una verdadera reflexión y pensemos si nuestro comportamiento con todos los demás es el que querríamos para nosotros, o mejor dicho: que nuestros actos hablen por nosotros mismos.

Por eso, una palabra de aliento, un consejo amable, una simple muestra de cariño, consigue mucho más, que las miles de pastillas con que la medicina tradicional pretende paliar el problema. El mejor tratamiento a la depresión, provocada por esta situación, pasa por obtener una gran dosis de Amor. Un amor, al que todos queremos acceder, pero que algunos, injustamente, lo deniegan a quienes más lo necesitan. En este caso, se necesita, a demás, otro tipo de medicina: AMOR.

Ojala todos estos debates y opiniones sirvieran para que algunos de nosotros reflexionemos de verdad sobre el suicidio, no sólo como una consecuencia final de una enfermedad psíquica, ya que, una persona totalmente sana y en sus cabales, puede caer en la depresión más grande, simplemente por el acoso al que puede verse sometida, la indiferencia de su entorno, o el serle negado un lugar digno en la sociedad.

Ahora le llega el turno a la justicia, esa justicia que tantas veces clamamos al cielo, pero de la que nos olvidamos que no existe en la Tierra, y de que gracias a eso, individuos sin escrúpulos campan a sus anchas, insultando, humillando, difamando o a veces, simplemente haciéndole el vacío a alguien que se merece ser tratado como una persona que es.

Esta es mi humilde opinión, y como tal no tiene más valor que el que cada cual le desee dar, si bien, espero que mi opinión haya sido interpretada solamente como lo que es y que, en todo caso, sirva para que las personas que se sientan deprimidas, ya sea por los motivos anteriormente expuestos, como por otros similares, sepan que no están solas, que hay muchas personas con el Alma sensible, que estarán siempre a su lado, por lo cual, aconsejo que se busque a personas afines (por lo general suelen ser personas muy sensibles) y se aparten del estiércol que, aunque huele mal, también tiene su función en la naturaleza como fertilizante.


Josep Lluis Germat
Psicòlogo Forense UBC.
Trad-R.S.

La flor màs grande del mundo...

jueves, 12 de noviembre de 2009

Anarquìa,la lucha social...

Psicoterapia anarquista ....



No le des el poder a tus traumas!
Muera la neurosis burguesa!
Salud (mental) y anarkìa!

Estàte quieto !!!



(La libertad es algo terrible para los cobardes...)

Derecho a saber y a pertenecer...



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El Libre Pensamiento y la libertad de expresarlo...



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El Derecho a ser iguales o a ser diferentes...



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Por qué escribir?



Cada cual tiene sus razones: para éste, el arte es un escape; para aquél, un modo de conquistar. Pero cabe huir a una ermita, a la locura, a la muerte y cabe conquistar con las armas. ¿Por qué precisamente escribir, hacer por escrito esas evasiones y esas conquistas? Es que, detrás de los diversos propósitos de los autores, hay una elección más profunda e inmediata, común a todos. Vamos a intentar una elucidación de esta elección y veremos si no es ella misma lo que induce a reclamar a los escritores que se comprometan.
Cada una de nuestras percepciones va acompañada de la conciencia de que la realidad humana es “reveladora”, es decir, de que “hay” ser gracias a ella o, mejor aún, que el hombre es el medio por el que las cosas se manifiestan; es nuestra presencia en el mundo lo que multiplica las relaciones; somos nosotros los que ponemos en relación este árbol con ese trozo de cielo; gracias a nosotros, esa estrella, muerta hace milenios, ese cuarto de luna y ese río se revelan en la unidad de un paisaje; es la velocidad de nuestro automóvil o nuestro avión lo que organiza las grandes masas terrestres; con cada uno de nuestros actos, el mundo nos revela un rostro nuevo. Pero, si sabemos que somos los detectores del ser, sabemos también que no somos sus productores. Si le volvemos la espalda, ese paisaje quedará sumido en su permanencia oscura. Quedará sumido por lo menos; no hay nadie tan loco que crea que el paisaje se reducirá a la nada. Seremos nosotros los que nos reduciremos a la nada y la tierra continuará en su letargo hasta que otra conciencia venga a despertarla.
De este modo, a nuestra certidumbre interior de ser “reveladores” se une la de ser inesenciales en relación con la cosa revelada.
Uno de los principales motivos de la creación artística es indudablemente la necesidad de sentirnos esenciales en relación con el mundo.
Este aspecto de los campos o del mar y esta expresión del rostro por mí revelados, cuando los fijo en un cuadro o un escrito, estrechando las relaciones, introduciendo el orden donde no lo había, imponiendo la unidad de espíritu a la diversidad de la cosa, tienen para mi conciencia el valor de una producción, es decir, hacen que me sienta esencial en relación con mi creación.
Pero esta vez, lo que se me escapa es el objeto creado: no puedo revelar y producir a la vez.
La creación pasa a lo inesencial en relación con la actividad creadora. Por de pronto, aunque parezca a los demás algo definitivo, el objeto creado siempre se nos muestra como provisional: siempre podemos cambiar esta línea, este color, esta palabra. El objeto creado no se impone jamás.
Un aprendiz de pintor preguntaba a su maestro: ,,¿Cuándo debo estimar que mi cuadro está acabado?”
Y el maestro contestó: “Cuando puedas contemplarlo con sorpresa, diciéndote: “¡Soy yo quien ha hecho esto!”
Lo que equivale a decir: nunca. Pues esto equivaldría a contemplar la propia obra con ojos ajenos y a revelar lo que se ha creado. Pero es manifiesto que cuanto más conciencia tenemos de nuestro actividad creadora menos tenemos de la cosa creada.
Cuando se trata de una vasija o un cajón que fabricamos conforme a las normas tradicionales y con útiles cuyo empleo está codificado, es el famoso “se” de Heidegger lo que trabaja por medio de nuestras manos.
En este caso, el resultado puede parecernos lo bastante extraño a nosotros como para conservar a nuestros ojos su objetividad. Pero, si producimos nosotros mismos las normas de la producción, las medidas y los criterios y si nuestro impulso creador viene de lo más profundo del corazón, no cabe nunca encontrar en la obra otra cosa que nosotros mismos: somos nosotros quienes hemos inventado las leyes con las que juzgamos esa obra; vemos en ella nuestra historia, nuestro amor, nuestra alegría; aunque la contemplemos sin volverla a tocar, nunca nos entrega esa alegría o ese amor, porque somos nosotros quienes ponernos esas cosas en ella; los resultados que hemos obtenido sobre el lienzo o sobre el papel no nos parecen nunca objetivos, pues conocemos demasiado bien los procedimientos de los que son los efectos.
Estos procedimientos continúan siendo un hallazgo subjetivo: son nosotros mismos, nuestra inspiración, nuestra astucia, y, cuando tratamos de percibir nuestra obra, todavía la creamos, repetimos mentalmente las operaciones que la han producido y cada uno de los aspectos se nos manifiesta como un resultado.
Así, en la percepción, el objeto se manifiesta como esencial y el sujeto como inesencial; éste busca la esencialidad en la creación y la obtiene, pero entonces el objeto se convierte en inesencial.
En parte alguna se hace esta dialéctica más evidente que en el arte de escribir.
El objeto literario es un trompo extraño que sólo existe en movimiento. Para que surja, hace falta un acto concreto que se denomina la lectura y, por otro lado, sólo dura lo que la lectura dure.
Fuera de esto, no hay más que trazos negros sobre el papel.
Ahora bien, el escritor no puede leer lo que escribe, mientras que el zapatero puede usar los zapatos que acaba de hacer, si son de su número, y el arquitecto puede vivir en la casa que ha construido.
Al leer, se prevé, se está a la espera. Se prevé el final de la frase, la frase siguiente, la siguiente página; se espera que se confirmen o se desmientan las previsiones; la. lectura se compone de una multitud de hipótesis, de sueños y despertares, de esperanzas y decepciones; los lectores se hallan siempre más adelante de la frase que leen, en un porvenir solamente probable que se derrumba en parte y se consolida en otra parte a medida que se avanza, en un porvenir que retrocede de página a página y forma el horizonte móvil del objeto literario. Sin espera, sin porvenir, sin ignorancia, no hay objetividad.
Ahora bien, la operación de escribir supone una cuasi-lectura implícita que hace la verdadera lectura imposible.
Cuando las palabras se forman bajo la pluma, el autor las ve, sin duda, pero no las ve como el lector, pues las conoce antes de escribirlas; su mirada no tiene por función despertar rozando las palabras dormidas que están a la espera de ser leídas, sino de controlar el trazado de los signos; es una misión puramente reguladora, en suma, y la vista nada enseña en este caso, salvo los menudos errores de la mano.
El escritor no prevé ni conjetura: proyecta. Con frecuencia, se espera; espera, como se dice, la inspiración. Pero no se espera a sí mismo como se espera a los demás; si vacila, sabe que el porvenir no está labrado, que es él mismo quien tiene que labrarlo, y, si ignora todavía qué va a ser de su héroe, es sencillamente que todavía no ha pensado en ello, que no lo ha decidido; entonces, el futuro es una página en blanco, mientras que el futuro del lector son doscientas paginas llenas de palabras que le separan del fin.
Así, el escritor no hace más que volver a encontrar en todas partes su saber, su voluntad, sus proyectos; es decir, vuelve a encontrarse a sí mismo; no tiene jamás contacto con su propia subjetividad y el objeto que crea está fuera de alcance: no lo crea para él.
Si se relee, es ya demasiado tarde; su frase no será jamás a sus ojos completamente una cosa. El escritor va hasta los límites de lo subjetivo, pero no los franquea: aprecia el efecto de un rasgo, de una máxima, de un adjetivo bien colocado, pero se trata del efecto sobre los demás; puede estimarlo, pero no volverlo a sentir. Proust nunca ha descubierto la homosexualidad de Charlus, porque la tenía decidida antes de iniciar su libro.
Y si la obra adquiere un día para su autor cierto aspecto de subjetividad, es que han transcurrido los años y que el autor ha olvidado lo escrito, no tiene ya en ello arte ni parte y no sería ya indudablemente capaz de escribirlo. Tal vez es el caso de Rousseau volviendo a leer El contrato social al final de su vida.

No es verdad, pues, que se escriba para sí mismo: sería el mayor de los fracasos; al proyectar las emociones sobre el papel, apenas se lograría procurarles una lánguida prolongación.
El acto creador no es más que un momento incompleto y abstracto de la producción de una obra; si el autor fuera el único hombre existente, por mucho que escribiera, jamás su obra vería la luz como objeto; no habría más remedio que dejar la pluma o desesperarse.
Pero la operación de escribir supone la de leer como su correlativo dialéctico y estos dos actos conexos necesitan dos agentes distintos. Lo que hará surgir ese objeto concreto e imaginario, que es la obra del espíritu, será el esfuerzo conjugado del autor y del lector.
Sólo hay arte por y para los demás.


Jean Paul Sartre (1905-1980)

No te des por vencido...


No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aún esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y arremete feroz, ya mal herido.

Ten el tesón del clavo enmohecido,
que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo;
no la cobarde intrepidez del pavo
que amaina su coraje al primer ruido.

Procede como Dios que nunca llora,
o como Lucifer que nunca reza,
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora...

¡que muerda y vocifere vengadora
ya rodando en el polvo tu cabeza!
Almafuerte

Si te postran...


Si te postran diez veces,
te levantas
otras diez, otras
cien, otras quinientas...
No han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco por ley, han de ser tantas.

Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentas
se formaron los santos y las santas

Obsesión casi asnal para ser fuerte,
nada mas necesita la criatura.
y en cualquier infeliz se me figura
que se rompen las garras de la suerte...

¡ todos los incurables tienen cura
cinco segundos antes de la muerte!

Almafuerte