domingo, 29 de noviembre de 2009

Altruismo...



Ghandi y el descuartizador de Milwaukee seguramente tenìan ideas bastante dispares acerca del concepto de lo "bueno", lo cual nos muestra lo difìcil que es ponernos de acuerdo en numerosas materias,sobre todo en esto de la ètica...
Pero cuando uno está lleno de amargura, hacer felices a los demás se convierte en la última de las prioridades y podemos llegar al absurdo de afirmar que el altruismo es un mero egoísmo disfrazado. De hecho, en semejantes circunstancias, solemos procurar asegurarnos de que los demás sean tan miserables como nosotros, y sólo en esta mezquindad encontramos consuelo. "Sí, estoy metido en la mierda, pero mi vecino más, y eso me hace sentirme mucho mejor". Una reflexión especialmente mexicana,diría yo.
Por eso es lògico pensar que la felicidad de la humanidad comienza por la felicidad del individuo. Sólo cuando uno es feliz se encuentra en posición de contagiar a los demás. Si uno se siente desgraciado y podrido por dentro, lo único que procurará es que los demás traguen un poco de esa misma mierda.
Debido a eso,comprendemos la gran importancia ètica que tiene la psicologìa,en su trabajo sobre el bienestar psicològico de las personas y la diligencia y la firmeza en liberar al espìritu de dolores y amarguras,porque el bien de uno,repercute,necesariamente,en el bien de los demàs.
El corazón del ser humano es un sitio en el que muchas veces el mal se impone sobre el bien precisamente por pasividad o abulia. El mal es fácil, banal, espontáneo. No requiere esfuerzo ni oposición. El mal es un atajo. El bien, en cambio, es un recorrido. Un recorrido a veces solitario, áspero, difícil, y en ocasiones también antipopular y lleno de caídas. Por eso, hacer el bien exige rechazar la superficialidad del conformismo y los engaños del prejuicio. El bien es una cosa extremadamente seria. La bondad es un camino severo y, en su severidad, necesita de la fuerza. La bondad, como el amor, requiere fuerza. Requiere valores como la audacia, la paciencia y la espera. La victoria sobre el mal no se consigue caminando en un idílico atardecer por la playa de un mar en calma, sino subiendo por los montes, sorteando zarzas y espinos, asumiendo riesgos. El mal no se puede combatir con el mal, pero tampoco con una retórica vacía sobre el bien y los buenos sentimientos. Para hacer el bien no basta tener buen corazón, también hay que lograr –entre otras cosas– templar el alma y el cuerpo ante los embates de la pasividad,la cobardìa y la abulia.
Sólo si reconocemos nuestras limitaciones podremos aprender a manejarlas. Si no somos conscientes de ellas, si simplemente cerramos los ojos, seguiremos persiguiéndonos la cola hasta caer exhaustos,confusos en nuestra mezquindad.

Y es que el dar y recibir,son conceptos que establecen nuestro paisaje interior.Veamos: si se cree que los objetos,las personas,los afectos,son cosas expuestas ante nuestros ojos para que elijamos de acuerdo a nuestras apetencias especiales,con seguridad pasarà entonces,que todo lo que se refiere a nosotros,a nuestro ego,nos serà muy apreciado: tanto nuestros placeres,como nuestros pesares. Serà difìcil entender a los otros,sin recurrir a un tono,que por sobre todas las cosas,es el nuestro.
Eso nos pasa porque estamos educados para recibir,para contraer,para acaparar,y no para soltar. Aùn cuando se diga que se procede con generosidad,en esta sociedad,suele pasar que el càlculo es el que motiva todo desprendimiento.
En la sociedad de consumo capitalista todo entra,y nada sale.
Entonces es que se intoxican desde los pensamientos hasta los cuerpos.
(Y es por ello,por ejemplo, que vemos a tantos obesos comprando compulsivamente alimentos,o a tantos "coleccionistas" de lo que sea,en esta sociedad.)
Es asì que al no soltar,nos intoxicamos,e intoxicamos a cuanto nos rodea,desde al otro ser humano,hasta a la naturaleza,los bosques,la mar.
Y entonces pasa que si se habla del "dar" y de la "ayuda",muchos pensarán en lo que les pueden dar, o acerca de cómo los van a ayudar. Y no en lo cotrario: que serìa pensar en lo que puedo dar,y en lo que yo puedo ayudar.
El egoìsmo,resulta paradojicamente entonces,un fundamental error de càlculo,porque a las personas se les ha hecho creer en este sistema capitalista que el Recibir,es mejor y vale màs,que el Dar.

Pero quizà si nos damos un minuto para recordar los mejores momentos de nuestra vida,comprenderemos que esos buenos ratos estuvieron relacionados profundamente con un Dar desprendido.
Cuando decimos "Otro mundo es posible",no es para poner como meta primordial la soluciòn de nuestros propios problemas,sino que lo que intentamos buscar es aprender a Dar,a desintoxicarnos,a liberarnos de nuestro egoìsmo,para sentir sinceramente el sufrimiento en el mundo que nos rodea y tratar de aliviarlo con acciones vàlidas y genuinamente generosas.
Y eso serà el altruismo: ir amando la justa y bella realidad que construimos para los otros.


Por supuesto, todo esto sólo son las elucubraciones de una mente enferma y egoísta.
Pero el dilema egoísmo o altruismo está mal planteado, porque no se trata de elegir entre uno u otro. La virtud ética por excelencia es la fortaleza y, siguiendo a Espinosa, ésta se puede manifestar como firmeza, cuando la acción de cada individuo se esfuerza por conservar su ser, o como generosidad, cuando cada individuo se esfuerza en ayudar a los demás. La fortaleza está relacionada dialécticamente con la bondad generosa,pues sólo un individuo firme podrá ser generoso, pero, también, un individuo sólo podrá llegar a la firmeza a través de la bondad de los demás. Esto nos lleva a impugnar la idea, tomada de Kant, de Ayn Rand, de que cada un hombre es un fin en sí mismo, y no el medio para los fines de otros. Y la impugnamos por ser un imposible, todo individuo ha tenido, necesariamente, que constituirse como persona a través de los demás, todos los individuos somos, pues, medios para la otredad y el altruismo...

Por ùltimo: es sencillo dañar,sin embargo,se necesita un gran talento para hacer el bien...