jueves, 3 de diciembre de 2009

Confianza...










Todo es cuestión de confianza.

Sin ella no podemos convivir. Toda nuestra existencia gira en torno a la confianza en los otros, y también en nosotros mismos. Al subir a un avión,por ejemplo, ponemos nuestra vida en manos del piloto. Cuando nos sentamos a la mesa de un restaurante pensamos, en primer lugar, que los alimentos estarán en buenas condiciones. Al abrir la puerta de nuestra casa a un invitado suponemos que se comportará bien.

La lealtad de la pareja,el compromiso de la relación comercial, la buena fè del grupo de amigos, la camaraderìa del equipo de trabajo,los principios de las organizaciones de lucha social y polìtica,y las normas del conjunto de la sociedad se basan, en gran medida, en la confianza que existe entre sus miembros. En el buen funcionamiento de cualquier grupo, juega un papel fundamental la fuerza de la unión de sus componentes, y esta unión es, resultado de la confianza.
La confianza no es una fè ni un dogma,y no se basa como èstos,en algo intangible o subjetivo,no,sino que la confianza se basa en la certeza de que el otro ser humano es bondadoso y sus actos no causaràn ningùn daño a nuestra persona.

La confianza se basa en esa firme esperanza y proporciona seguridad, optimismo, bienestar, alegría.
La confianza nos hace más fuertes, más libres y también mejores. Por el contrario, el recelo lleva al temor, al malestar, a la insatisfacción,al dolor. La duda, la inquietud, la incertidumbre,nos duelen,nos reprimen, no nos dejan actuar, dificultan que tomemos elecciones, nos paralizan, nos hacen sufrir...

Para sobrevivir, el ser humano tuvo que aprender a confiar en el otro. Cuando el homínido dejó el árbol y se adentró en un medio desconocido y lleno de peligros encontró, en la asociación del clan y la tribu,con otros miembros de su especie,la forma de no morir. Ese primitivo vínculo social explica nuestro desarrollo, y su evoluciòn se basò en la mutua confianza.
En los indefensos bebès podemos observar esta condiciòn de la confianza: el bebè espera todo de su mamà-calor,comida,amor,etc-y si no recibe eso,es posible que muera,o que crezca con deficiencias severas de salud mental y fìsica.

Y es que si a una persona se le repiten mensajes engañosos y falsos,se acabará con su autoestima y verá a los demás como fuente de inseguridad y temor. Aunque todos entendemos que no todo es de color de rosa, y que todos nos equivocamos y el mundo también es duro y existe el dolor, la maldad y la injusticia,una personalidad equilibrada y segura de sí misma y básicamente adaptada al entorno, mantendrà su nivel de confianza en un nivel de serenidad y empatìa con los demàs,y al socializar entenderà mostrando que la realidad es compleja, que es fuente de satisfacciones y de sufrimientos, y que los seres humanos podemos ser capaces de comportamientos solidarios y egoístas, y podemos ser parte del bien y del mal en el mundo.

Aunque cuando ese nivel de confianza cotidiana se rompe,la incertidumbre harà presa del sujeto màs ecuànime,y eso le generarà una disonancia cognositiva,es decir: lo que ha conocido hasta ahora,y que le daba confianza,resulta que es falso,y ahora se enfrenta a lo desconocido y por ello amenazador.

Cuando el niño intenta sus primeros pasos escuchará de su padre y de su madre palabras que èl sabe verdad,de ánimo, de seguridad; expresiones que le transmiten confianza: "no tengas miedo, aquí estoy yo", "adelante, vas bien"... "no te preocupes, confía en mí"...
Y, entonces, estimulado y con una sonrisa, comenzará a caminar y verá que al final, en el extremo, se encuentran los brazos abiertos y protectores de sus padres. Poco a poco, paso a paso, pedalada tras pedalada, confiando en los otros y comprobando que la fe que se deposita en los demàs no es defraudada, y nos vamos convirtiendo en individuos que podemos relacionarnos, en adultos que sabemos vivir en comunidad. Ahora bien,imaginemos al mismo niño,al que se le dice: "no tengas miedo,aquì estoy",que al final viera que no hay nadie ahì y le han mentido? Eso se llama disonancia cognositiva,y es una de las causas màs comunes de los disturbios emocionales de la personalidad.

Consideramos amigos a aquellos en quienes podemos confiar; sabemos que ellos están en las buenas y en las malas. Otra cosa son los conocidos o los compañeros, con esos nos reímos y celebramos cuando la situación es favorable para todos, pero cuando hay dificultades es fácil que cada uno vaya a lo suyo: el egoísmo suele asomar la cabeza.

Si se trata de una relación amorosa, el acuerdo sentimental implica la mutua entrega. El enamorado dice:«somos uno», «te entrego mi corazón». Por eso, la infidelidad, el engaño, la mentira,duelen tanto, porque se ha faltado en lo más profundo. Se ha roto algo que se suele considerar fundamental,que es el suponer que ese sujeto que "nos entregò su corazòn" no nos dañarìa y lo ha hecho,y de ese modo,ha desvelado la fragilidad y superficialidad de sus sentimientos. en los que creimos.De ese modo tan sencillo y tan vil,la confianza ha muerto.

Lo mismo pasa en otras relaciones,como las comerciales,por ejemplo, que se basan en una confianza no defraudada. El buen comerciante lo sabe: un cliente descontento es un cliente perdido y además difundirá su malestar.
A medio y largo plazo el engaño no es un buen negocio para nadie.
La buena imagen de una persona o de un establecimiento se logra cumpliendo lo prometido, respondiendo a la confianza, no defraudando. Si se mantiene la confianza de los clientes o de los empleadores el trabajo está asegurado y tendrà buen resultado.

En algunas tiendas de esos chiringuitos antiguos de vecindario,aùn se fìa a los vecinos respetables,(es decir, se ayuda al miembro de la comunidad) porque se sabe que en cuanto pueda saldarà su deuda.
Para algunas comunidades,como es el caso de los masones,o entre los mèdicos,o para los colectivos comunistas y anarkistas,la palabra dada es sagrada, es el mayor compromisomel prestigio y el honor del individuo està comprometido.

Pero sucede que en el capitalismo no se puede decir a la cajera del gran centro comercial: «Mañana se lo pago, por favor, apúntelo». Se sabe que la única opción que el sistema admite es el préstamo con rèditos y este no se basa en la confianza, sino que se apoya en un aval (en una nómina, en unas propiedades o en el respaldo del capital). Además, la entidad financiera siempre cobra unos intereses; nada se fía, el préstamo cuesta,y si no se paga,hay embargo o càrcel.

El capitalismo ha pervertido el ideal de La Confianza en los otros seres humanos.

Cuando una población no confía en sus instituciones y en sus políticos la paz pùblica se tambalea. El sistema está en crisis cuando los ciudadanos piensan que la justicia no es igual para todos, cuando ven que no todas las personas tienen igualdad de oportunidades y, además, cuando perciben que los dirigentes se preocupan de sus intereses particulares y de partido y no de procurar el bienestar general.

La desconfianza en el pais de al lado,o en el vecino,o entre esposos, provoca que las personas se crispen,se tensen ante el peligro de ser dañados,y luego se armen, de armas o de insultos y golpes,entonces empieza la escalada de agresiones y agravios,las defensas de uno y otro,y se incremente el odio,el miedo...y la desconfianza.

Esa es la causa de toda guerra: La desconfianza.

Por eso es que nuestra biografía nos condiciona. Las experiencias anteriores hacen que estemos confiados o que, por el contrario, seamos recelosos. Cuando iniciamos una relación interpersonal no partimos de cero, el pasado nos influye.
El que ha sido engañado anteriormente se acercará al otro con temor, quien ha vivido la honestidad establecerá relaciones más generosas. También es posible que el defraudado reaccione siendo especialmente cuidadoso y exigiendo, a los demás y a sí mismo, un comportamiento impecable. En cualquier caso, la secuencia del encuentro con el otro es siempre la misma: al inicio nuestras defensas están puestas, hablamos de lo intrascendente,tomamos precauciones y apenas mostramos cómo somos, cuáles son nuestros problemas y qué sentimos, nos movemos en un plano superficial. En un segundo momento, si nuestras expectativas se van cumpliendo, empezamos a bajar nuestras barreras y mostramos más de nosotros, damos paso a comunicar nuestra intimidad. La confianza se gana y se pierde... mejor dicho, se gana despacito y pero se puede perder en un segundo...

La confianza implica reciprocidad. Vamos depositando nuestra confianza en el otro al comprobar que no somos engañados y, al mismo tiempo, porque experimentamos que también somos objeto de confianza. Damos, porque a nosotros nos han dado. (El egoísta, el que sólo pide, el que recibe y nunca da, acaba con la relación,porque le vale un comino destrozar la confianza de los demàs,ya que su visiòn de las relaciones es utilitaria para su regocijo y pasajera para su comodidad,solamente. )
Entonces pasa,que cuando se establece una relación de mutua confianza se está firmando un pacto y quien lo incumple hace fraude; la estafa es especialmente grave cuando uno se aprovecha de que el otro confía.

Y por ese tipo de sujetos fraudulentos es que, desgraciadamente, comprendemos que no podemos confiar en todo el mundo, que esa actitud no es prudente, que la dura realidad nos dice que hay que tomar precauciones. Además, si nos 'abrimos', si depositamos nuestra esperanza en el otro, de alguna forma le convertimos en deudor nuestro, esperamos de él su comprensión y a veces una respuesta equivalente, pero puede ocurrir que la otra persona solo quiera usarnos en una relaciòn trivial...

La falta de lealtad y el individualismo egoísta deterioran las relaciones humanas, y entonces se instala la desconfianza y la vida en esa soledad,se vuelve más triste y dura...
Porque pasa que la confianza... sòlo se pierde una vez...