jueves, 3 de diciembre de 2009

La flor en el trigal...









No tenemos la obligación de ser amigos de nadie, y ningún ser humano en este mundo tiene el deber de ser amigo nuestro. No hay exigencia ni sombra de necesidad alguna. La amistad es innecesaria, gratuita, como el arte. Segùn algunos,no es necesaria para sobrevivir,pero la amistad es una de esas cosas que dan sentido a ese sobrevivir. No es objeto de un arte, ni mucho menos el resultado de una técnica interesada en "còmo ganar amigos", como pretenden los deleznables panfletos y revistuchas capitalistas.

No es posible ganarse un amigo por mero interés egoìsta, si el libre deseo del otro no accede a ello. Se podrán ganar aduladores sumisos o serviles acólitos, pero no amigos, si el otro no quiere ni lo desea. No existen, por ello, mercados ni tiendas de amigos, tal como dice el zorro en "El principito".
A diferencia del matrimonio y el parentesco,la amistad no goza de derechos universalmente reconocidos,y por eso,su fuerza surge de su propio contenido interno. La amistad,es esa florecilla en el trigal,la que no es de utilidad como el trigo mismo,esa rebelde que no pertenece al àmbito de la obediencia,ni al campo de la necesidad, es esa insolente que sòlo pertenece a la zona de la belleza y al àmbito de la libertad...
Porque un sujeto puede ser buen padre,buen marido,buen empleado,etc.pero dudo que pueda ser un hombre completo si el sujeto no sabe ser amigo,y por conveniencias,no puede rebelarse al mandato del àmbito de la obediencia matrimonial,laboral o al mismo sistema que lo jode,y da la espalda a ese àmbito de libertad y lealtad,y medroso,traiciona a la amistad...

Para algunas personas este concepto de amistad es visto con desprecio y si devaluan a la amistad, es un reflejo o una manifestación más de la devaluación generalizada que sienten,y que le dan a todos los modos de contacto personal que esos sujetos tienen.

La mentalidad de consumo y deshecho,el concepto de disfrute y goce pasajero con el esquema de “usar y tirar” , impregna el mundo de las relaciones interpersonales como el amor y la amistad.
El término-tan mexicano-de “amiguismo” denota esa perversión en la que puede verse una llamada relación de amistad guiada tan sólo en razón de unos intereses.
Pero,justamente,es esa corrupciòn,lo que nos aleja de la amistad verdadera.

Qué elementos tendríamos que considerar como indispensables para que una relación de amistad pudiera darse y mantenerse como tal?: el afecto mutuo?...la lealtad?...la confianza? ...la siceridad...?


Hay que pensar en más de una cualidad ètica para definir la relación de amistad, pero para todas ellas existen dos condiciones sin las cuales la relación de amistad se revela como imposible. La primera condición,la Lealtad, que por lo demás ya hemos hablado en este blog de ella y es la que mejor puede diferenciar la amistad respecto a otros tipos de relación humana y la que le presta su carácter más peculiar y distintivo: no existe amistad sin lelatad.

La otra condiciòn bàsica de la amistad,es la Libertad que se manifiesta como condición esencial para que el vínculo se establezca y si esa misma libertad (entendida como ausencia de condicionamientos internos y lìmites externos) no se mantiene como condición emocional,la amistad se aborta.

El afecto, el amor benevolente, la Lealtad, la participación en ideales comunes... todo ello podrá dar cuerpo a una relación de amistad, pero nada de ello cualifica y diferencia a este tipo de relación como lo hace la libertad y la gratuidad con la que ésta se manifiesta y tiene que establecerse. Existe un afecto muy intenso en unas relaciones paterno filiales o de pareja. Y sin embargo, no tiene por qué existir necesariamente entre esas personas así vinculadas una relación de amistad. Existe también amor benevolente en muchas relaciones altruistas. Pero ese amor desinteresado no constituye una base para que surja y se dé la amistad entre quienes así se relacionan. Hay un grado muy elevado de confidencialidad-o lealtad profesional- en las relaciones que se establecen, por ejemplo, con un psicoterapeuta o con un mèdico, sin que la amistad tenga que mediar en la relación (en el caso del psicoanalista, sabemos que incluso la estorba). Existen igualmente grandes colaboraciones en proyectos colectivos que implican una participación en los mismos ideales y tareas a realizar en común, pero que no tienen por qué necesitar de una relación amistosa entre los que así se comprometen y colaboran. El afecto, la incondicionalidad,la confianza, la lealtad, la colaboración, todo puede y quizás tenga que formar parte del vínculo amistoso, pero nada de ello configura una relación de amistad. Si el vínculo no surge desde la libertad recíproca de quienes se relacionan, la amistad no puede ver su nacimiento.
Y si la libertad es su àmbito específico y la lealtad es la flor en el trigal y afecto es la càlidez de ese sol y la frescura de esa lluvia, su mejor fruto será el compromiso ético. Sólo así la amistad se configura en su plenitud y madurez. La atracción afectiva, la identificación con el otro, el vínculo amoroso necesita de ese compromiso personal que desarrolla la capacidad de entrega, donación, e incluso, llegado el caso, la posibilidad de sacrificio y renuncia. Sólo así se hace posible no sólo la confianza “con” el amigo, sino también la confianza “en” el amigo, como alguien que es para mí y para el que yo también soy un fin y no un mero medio de consumo y deshecho...

Probablemente no existe ningún tipo de relación humana que, como la amistad, se vea completamente al margen de cualquier forma de reglamentación. Cualquier otra modalidad de vínculo humano se ve sometido, sin embargo, a ella. La misma relación amorosa, que pudiera parecernos en principio la más alejada y casi contradictoria con la norma o la ley, es objeto, sin embargo, de reglamentación jurídica en el derecho matrimonial, bajo la figura de pareja de hecho o como materia de penalización en caso de adulterio, de acoso sexual, etc... Se reglamentan las relaciones paterno-filiales y los Estados vigilan su cumplimiento. Se legislan las relaciones laborales, comerciales, las políticas y las de diversos modos de asociación (fundaciones, clubes sociales, deportivos, O.N.G., etc...). No cabe, sin embargo, pensar en unas leyes que regulen la relación de amistad, que permita reclamar un derecho sobre ella, que penalice una mala acción en su seno o que exima en razón de ella de cualquier otro tipo de obligación o responsabilidad. La amistad es una relación por ello absolutamente libre y gratuita y que tan sólo se mantiene mientras esa libertad y esa lealtad gratuita se sigan dando...

De ahí parte la gran belleza vital de esa flor en el trigal, y de ahì,tambièn,la exquisita anarkìa de ese cariño lbertario.