martes, 23 de febrero de 2010

Los vulnerables...


Los mentirosos son sujetos muy vulnerables,que tarde o temprano seràn lacerados por sus propias mentiras.Y es que mentir es un recurso que parece fácil de valer sin tener que pasar por esfuerzos ni penurias aunque el precio que se pague sea la posibilidad de ser descubierto.
Pero tal parece que el temor a ser descubierto y que su falsedad sea desvelada,desprestigiándose ante a los que quería influir,no les permite ver con claridad , que a quien en realidad violentan con sus mentiras es a su propio equilibrio emocional y a su salud psicològica.
Y es que pasa asi: mientras que la persona sincera no tiene que vigilar la versión que da de sus anécdotas y los episodios vividos, porque los transcribe al dictado de su memoria, en cambio el mentiroso debe controlar qué versión da de su historia, para que resulte coherente con la escuchada por cada persona ante la que ha mentido.

Cuanto más se cae en la tentación de mentir más difícil es controlar la abundante base de datos de las versiones dadas y más imposible resulta comentar, repetir o seguir con coherencia lo novelado, de forma que los detalles chirrían y de pronto un personaje que era novio de una prima de pronto ya lo es de una hermana, o se dice pertenecer a una logia masònica,pero ni idea se tiene de sus normas èticas,o decimos que estudiamos medicina,pero ante una emergencia real,no sabemos diagnosticar una torcedura de cuello de nuestra propia hija,o presumimos conocer a quien luego resulta que no nos conoce,o nos vemos obligados a negar frecuentemente, y desdecirnos de lo que antes aseguramos,prometimos o ponderamos,etc, etc. Y asì,los tiempos de amar,de crear,de conocer y vincularse profundamente con los demàs,se pierden en dar excusas,en justificar mentiras,en intentar correcciònes a lo antes dicho,en parchar los agujeros de sus entramados de engaños,etc,etc...y en eso se les va la vida.

Y es que la realidad golpea una y otra vez al mentiroso,hacièndolo cada dìa màs vulnerable,y no sòlo por el hecho de ser descubierto,sino que,aunque nunca se desvelara la mentira,serà vìctima de sì mismo,ya que el desgaste enorme que significa crear una red de mentiras a diario,mantenerla,repararla,tramarla hacia otros rumbos psicològicos,ante la contundencia de lo real que a cada momento se presenta,significa una tarea enorme y fatigosa,que tarde o temprano dañarà aun mas,la autoestima y el equilibrio emocional del mentiroso,que puede padecer disturbios relacionados con la ansiedad y depresiones intermitentes debido a dicha conducta.
Y si miente para lograr el afecto de los demàs,se llevarà un chasco:pasa que los demàs no lo estiman a èl realmente,sino que han llegado a apreciar a un personaje inexistente,un invento del mentiroso,que aislado por sus mentiras,no se da cuenta de que nadie le conoce realmente a èl,el verdadero...
Porque el hábito de mentir se puede transformar en un trastorno de la personalidad que podríamos llamar 'seudologia fantástica' que es una compulsión a imaginar una vida, unos acontecimientos y una historia en base a causar una impresión de admiración en los espectadores,y es por ello,que los mentirosos estàn siempre alertas,siempre nerviosos,siempre con miedo a ser descubiertos,y siempre solos,pues cada mentira los aisla màs de los otros corazones,y por eso los mentirosos son seres tristes y no tienen paz.

Este afán por impresionar esta basado en la imperiosa necesidad de resultar valiosos e geniales por medios tramposos ya que por los naturales de la simpatía y ser espontáneos dudamos en poder conseguirlos.

Refleja, por un lado, la ambición de ser dignos de amor y aceptados por los demás como antes de ser desplazados por el proceso de maduración lo éramos por los padres,y por otro lado, se pone de manifiesto nuestra profunda duda de no ser dignos en base a la distancia, la dureza, el aislamiento y la falta de adaptación que sufrimos, con una autoimàgen de algún tipo de minusvalía.

El mentiroso fantasioso toma el atajo de robar atención y aprecio por la vía del fácil engaño (las palabras son cómodos sustitutos de los hechos) en vez de por su Ser-sincero, tal vez mucho mas modesto de lo que su ambición soporta.

No se conforma con ser una persona cualquiera -tal vez se vería a sí misma con excesivo desarraigo-, sino que desea ser siempre una personalidad de primera magnitud, de esas que los demás admiran, embelesados o envidiosos.

También mintiendo sobre lo que hacemos, llevamos a cabo algo que proporciona un pequeño resto de placer que nos da una migaja de lo que nos gustaría hacer en verdad. Imaginando que somos ricos, que seducimos a las personas más bellas, sentimos un gusto que el disgusto de ser sólo fantasías no acaba de eliminar y que puede convertirse en deleitoso manjar para satisfacer necesidades que esta forma engañosa nunca realmente será completa, pero que a base de engaño tras engaño, fantasía tras fantasía nos hace sentir el sueño tan real que casi lo podemos creer.

Lo que nos gustaría hacer, lo que en ensueños nos prometemos, lo que según nuestros cálculos inflados seguramente nos pasará puede hacernos correr tanto en el tiempo que disfrutemos precipitadamente de lo que todavía no somos, y ello nos prepara mal para el naufragio de nuestros ilusiones durante el transcurso despiadado de la vida. Este tropiezo no le sucede a quien su mirada alcanza al escalón de arriba sólo cuando ha mirado bien que ha subido el actual.

El problema del pseudólogo es que para mentir tanto y que no se note ha de hacer lo mismo que un actor que representa un personaje y quiere resultar creíble: esforzarse tanto, como si uno fuera esa persona inventada, que realmente uno se confunda y olvide de quien es realmente.

El personaje suplanta al yo, con lo que su personalidad se instala en una base inauténtica muy peligrosa, porque los halagos, impresiones y valoraciones que arranque a los demás con sus tretas, en realidad nunca los podrá saborear, porque sabe que no están dirigidos al Yo autentico, sino al falso, con lo cual no logra sentir lo que le gustaría sentir: sus dobles vínculos impiden que los placeres le lleguen.

Como la sed de mérito nunca se sacia por este procedimiento cada vez está la persona más descarriada e insatisfecha y más encuentra motivos para curarse con la medicina que le agrava.

Lo que debe plantearse el mentiroso es su misterioso desánimo,y la progresiva languidez que simular produce en él. Su afán de caer bien produce el efecto contrario de que los demás se decepcionen, se sientan despreciados y se disgusten, generando una profunda desconfianza muy difícil de superar (piénsese por ejemplo lo difícil que es olvidar que tu pareja te ha engañado, o te miente sistemáticamente).

La cura del mentiroso es sustituir la mentira por la búsqueda de lo real. Al reconocer para si su necesidad de reconocimiento social,y brillo protagònico,puede dedicarse con firmeza a mejorar sus méritos verdaderos (profesionales, de cultura, relaciones interesantes, etc.) con suficiente persistencia (porque si ha caído en la mentira es por impaciencia) y seguridad (garantizando con pruebas evidentes las suposiciones).
Jugar limpio, ser naturales, es el mejor camino para ser aceptados por los demás. Lo primero es que nos acepten aun siendo humildes y mediocres. Una vez conseguida esta aceptación básica entonces se pueden intentar el asalto al mérito, que ya no será un mérito agresivo (de esos que aunque la persona valga mucho nos da igual porque nos cae antipática) sino un afán de darnos más, de buscar una mayor cualidad, de jugar más fuerte, una activa entrega para participar, colaborar, sugerir y animar la vida amorosa y familiar, los equipos de trabajo, los grupos de amigos,y sobre todo,la integridad personal,porque nada nos hace màs dignos,mas enteros y màs serenos,que la inmensa fuerza de la verdad...