sábado, 20 de marzo de 2010

Si son tan amables....


La amabilidad es la manera más sencilla, delicada y tierna de hacer realidad un amor maduro y universal, libre de exclusivismos. Amabilidad se define como “calidad de amable”, y una persona amable es aquella que “por su actitud afable, complaciente y afectuosa es digna de ser amada”.Una persona amable es aquella que escucha con una sonrisa lo que ya sabe, de labios de alguien que no lo sabe.
Al hablar de amabilidad, sin duda hemos de referirnos tambièn al amor, pero es preferible tipificar a la amabilidad como valor por su caràcter màs concreto de actitud, de rasgo firme y definido de la persona que ama.
Lo concreto del amor, està en los actos de amor, actos de dar,de respetar,de considerar a los demás,de aceptarles,de procurar su felicidad,de alegrarse con sus progresos... En definitiva, llevar a la práctica una disposición afectuosa, complaciente y afable que no tardará en convertirse en firme actitud, que nos predisponga a pensar, sentir y comportarnos con amabilidad. Cuando lo previsible, lo normal en una persona sea comportarse de forma afable y afectuosa, es porque la amabilidad ha adquirido la categoría de valor ètico.
Solemos olvidar que amable significa “digno de ser amado”; que amable es el que se comporta de un modo determinado siempre impulsado por un sentimiento puro. Que se trata por tanto de una conducta que no se agota por sí misma, sino que tiene como origen mover a los demás a comportarse con nosotros proporcionalmente sin buscar en ello la finalidad.
La verdadera amabilidad es la que surge de los sentimientos, la “otra” amabilidad, la más común, es la que tiene que ver con las formas y con las normas de conducta. Ésta solo sirve para seguir la corriente de lo que es socialmente aceptado, pero aporta poco más que una máscara.
La amabilidad es siempre un claro exponente de madurez y de grandeza de espìritu, dado su caràcter universal, integrador y de càlido acercamiento a los demàs, con los que se siente hermanada toda persona amable.
El amor que cada uno viva en sì mismo,para sì mismo,es la medida del amor con que puedo amar a cualquier otra persona. El que ama practica su amor, lo hace realidad y lo exterioriza fundamentalmente mediante la amabilidad. No confundamos actos de fingida amabilidad,pequeñas hipocresìas circunstanciales y transitorias, con la amabilidad como actitud y valor,un acto sentido y deseado en donde se expresa el respeto,la tolerancia,el altruismo y la generosidad para con los otros seres humanos,esto es aquellos actos que son la sincera expresiòn del ideal del humanismo. Todos podemos ser “amables” en ocasiones y por diversos y hasta oscuros fines, pero no es a esta “amabilidad” de conveniencia a la que nos referimos, sino a la amabilidad como valor, como disponibilidad permanente, libremente asumida y ejercida.
Pero la amabilidad es planta delicada que sólo germina en “terrenos”, “climas” y condiciones especiales. El terreno más indicado es el hogar y poco después en el vecindario,en el colegio,en el trabajo. El clima y las condiciones especiales de una educación para la amabilidad que ha de proporcionar el medio educativo en que se desenvuelven las personas pueden aportar y despertar los siguientes sentimientos positivos:
Afecto: Sentirse aceptado y amado con sus cualidades y defectos. Percibir que los demàs han escogido amarle y respetarle.
Alegrìa como hàbito: Mostrarse satisfecho de vivir, de amar, de compartir el tiempo con el otro, en una actitud divertida y desdramatizadora. Reír en familia con frecuencia y contagiar la alegría sin reservas.
Confianza en nosotros mismos: Creer en nuestra capacidad, en la bondad,en la delicadeza de nuestras actitudes,y permitirnos equivocarnos,sabiendo que siempre podremos vencer las dificultades con un talante suave y gentil,màs que con exabruptos u hostilidad,y que es mas sencillo obtener ayuda siendo amables,que agrediendo a los demàs.
Con la amabilidad,expresamos aceptaciòn: Dejarle al otro ser humano ser persona, valorar su singularidad, estimularle a pensar por si mismo, pero con honradez,sinceridad y respeto.Asi,manteniendo una actitud coherente de nuestros principios con nuestras acciones favorecermos nuestra seguridad en nosotros mismos,reconociendo nuestras limitaciones y defectos. Vernos a nosotros mismos humanos, limitados y capaces de pedir perdòn y tambièn de darlo. Y es que debemos tener presente que amabilidad es una palabra dulce que anima, levanta, consuela y fortalece, asì como el rocìo refresca y embellece las plantas marchitas. Y es por ello,que debemos empezar por ser amables con nostros mismos.
La amabilidad es esa afabilidad en la conducta, naturalidad en el obrar, paz en el semblante, benevolencia en la mirada. Se comunica y trasmite de un solo corazòn amable a los corazones de una familia o comunidad entera como la fragancia de una flor que se difunde en derredor del lugar donde florece.
La amabilidad es una cualidad en la cual se combinan el amor, la comprensiòn, la previsiòn, la empatìa y la generosidad, pero para que sea una autèntica virtud debe estar libre de segundas intenciones, incluida la autoestima. Siempre que nos entreguemos a los demàs con un espìritu completamente abierto, sin egoìsmos,ni auto-victimizaciones, nuestra actitud serà humanista y ètica. Un sencillo acto de amabilidad repercute en la red de relaciones que nos unen al mundo y puede reavivar sentimientos positivos que se expandan a los cuatro vientos,como un semillero.
Es sabido que todas las palabras y acciones son semillas que germinan para dar fruto en el momento oportuno. La primera acciòn no es la semilla, sino el pensamiento que la genera. Asì pues, si la idea -la semilla- es moralmente sana, desinteresada y autèntica, tenemos el camino apropiado para hacer otro mundo posible,y màs amable.
La amabilidad està al alcance de todos y es tan fàcil de ejercer con regalar, regalarse a si mismo, una palabra de aliento,o una sonrisa.