lunes, 12 de abril de 2010

Amarse...



Amarse a si mismo exige una filosofía de vida que permita sentirse digno de ser feliz y realizarse como persona única y distinta.

Quererse a si mismo parece cosa fácil pero no lo es, porque implica reconocerse como alguien con condiciones para ser querido tal cual es, sin ningún valor agregado; sin embargo existe mucha gente que cuando se mira en un espejo no puede evitar compararse con los demás y creer que no vale nada y que no sirve para nada.

Eso es lo que ha aprendido desde niño, con la ayuda de padres exigentes que le enseñaron a compararse con los demás.

La autoestima comienza con el respeto hacia uno mismo y con la gratitud por el hecho de estar vivos.

El cuerpo expresa constantemente lo poco que la gente se quiere, con malestares, disfunciones y enfermedades; y los problemas de relación también son una evidencia de falta de autoestima, porque lo que cada uno hace consigo mismo se le permite hacer a los demás, quienes terminan siendo fuente de frustración y descontento.

El que no se aprecia, está siempre desconforme, no se acepta, no puede disfrutar de la vida, proyecta su propia desvalorización en los demás, nunca está satisfecho y no puede insertarse adecuadamente en el campo laboral.

Su vida se transforma en un calvario de calamidades y en una cadena de desencuentros, infortunios, desaciertos, accidentes, tornándola miserable.

Todo lo que parece estar mal afuera es producto de un proyecto inconsciente autodestructivo, una forma de pensar negativa que genera nada más que problemas.

Las personas suelen sentirse mal consigo mismas cuando son dependientes o tienen miedo, cuando sus expectativas exceden su capacidad, o cuando hacen lo mismo que los demás porque no se aceptan como son.

Estos motivos son los que los paraliza y los bloquea; y lo que los lleva al fracaso, al negativismo y al escepticismo.

La vida sería simple si cada uno se atreviera a ser quien realmente es; sin embargo los viejos condicionamientos, las creencias, las antiguas formas de pensar heredadas, los prejuicios y los valores distorsionados no se lo permiten.

La mayoría de edad permite ejercer el derecho a elegir y construir una vida a partir de un modo de pensar nuevo y propio, pero la mayoría prefiere seguir pensando como los demás aunque su interioridad le indique otra cosa.

Así como la violencia genera violencia el amor a uno mismo hace posible el amor a los demás.

Para poder valorarse hay que dejar de criticarse y pensar en todo lo bueno que hacen; no criticarse, atender las necesidades del cuerpo y de la mente, valorar el propio trabajo, ser ordenados, evitar los excesos, no postergar los proyectos y relacionarse con personas que de verdad los aprecien.

La baja autoestima se expresa al sentirse culpable de todo lo que pasa alrededor, cuando se desconfía de las propias decisiones, cuando se sienten inservibles porque no producen lo que creen que deberían, cuando se teme a las relaciones, cuando se quiere ser como los demás y cuando se cree ser el único responsable de las pérdidas afectivas.

La baja autoestima tiene por lo general causas que no son las que se ven. Por ejemplo, el exceso de peso, una nariz más grande o más chica que el promedio, son aparentes problemas que reflejan un profundo conflicto interior, que suele ser miedo, inseguridad y necesidad de afecto e indulgencia hacia uno mismo...