martes, 6 de abril de 2010

El impostor...




Impostura es un término huidizo, cargado de resonancias y equívocos. Esta palabra significa, en español, fingimiento o engaño con apariencia de verdad. Es decir: no cualquier fraude, sino aquel embuste que requiere un soporte verosímil. De las cosas delimitadas con claridad se afirma, en el lenguaje común, que son como el agua y el aceite. Cuando cierto y falso pueden distinguirse de ese modo nadie se inquieta. Todo está en orden. Pero no es el caso de la impostura, donde el engaño necesita una apariencia de la verdad.
El impostor es un tipo de apariencia normal, casi buena gente. Se le nota confortable mintiendo,satisfecho de ser capaz de convencer a una piedra, con las armas eficientes, afiladas y relucientes del engaño y la impostura. Simula parecer de un modo, pero oculto vive lo contrario de su apariencia.
El impostor, obviamente, no actúa con ideas propias, no se detiene en discernir sobre sus valores o principios,si es que los tiene. Es seguro, que si explora en su interior, no halle nada o al menos muy poco: despojos, restos, reciclajes, otras imposturas. El impostor arguye ser inocente, él no le ha quitado nada a nadie. El no tiene culpa alguna en que los demàs se dejen engatuzar,y se sometan a sus deseos,en todo caso,el impostor supone que
el poder se mueve por antiguos y labrados laberintos, donde ejecuta, una y otra vez, con felonía, las consecuencias del dominio sobre los otros.
El impostor es casi un carroñero, no le importa quedarse con las sobras, ni siquiera con las esperanzas despertadas por otros. El impostor persigue con ahínco impostar el argumento que lo lleva a la victoria sobre el embaucado,que quizà llame su amigo o su amor,pero al que trata con desprecio,como si fuera su enemigo, a su rival, su contrincante. El impostor rápidamente sabe ser otro, hasta admite los errores del pasado... El impostor se presenta con su cara muy lavada, después que lo hemos pillado en sus engaños, mostrando dobles intenciones, como si fuese inocente. Nos hace dudar de lo que antes hemos descubierto de èl,pero pasa que por enèsima vez,el sujeto miente. Toda conducta previa, él la niega. Su vida es un montaje. Y asì sobrevive el impostor,engatuzando al que se deje,y sigue de lo más orondo,porque para èl, en este mundo sólo importa el presente:Carpe Diem. El pasado ni siquiera existe como contexto. El pasado y la memoria son valores de otro tiempo y para el impostor son deshechables. Es la influencia de la globalización soble los sujetos inmorales: el único tiempo es el segundo y la gnancia, el único sentido: el efecto y la apariencia. Los publicistas capitalistas buscan cómo impactar en el sector tal. El Impacto, la impresión, lo superfluo.
El impostor no se reconoce racista ni fascista tampoco capitalista. Máximo se autodenomina liberal, la ambigüedad es una de sus características. No es socialista ni social demócrata, su propuesta es,por ejemplo,el marxismo guadalupano,la derecha liberal,la xenofobia como justicia històrica,etc,etc...
Claro que no participa en ninguna organizaciòn de acciòn directa, pero defenderá con toda energìa a los pobres y sus problemas de inseguridad, visto que ya de alimentación no tienen porque hasta gordos están. El impostor se conmueve ante la pobreza, la injusticia, es parte esencial de su impostura.Pero no hace nada real por combatir esos males.
El impostor habla sin parar, es echado para adelante, parece no temerle a nada. No se detiene a comprobar el tenor de sus convicciones, y si alguien le pregunta algo que ponga en duda su congruencia,es experto en cambiar de tema.El impostor hace alarde de los prestigios ajenos y se vuelve sal y agua con sus mimetismos, corrompe los argumentos serios del rival, con sus eufemismos y con una manipulaciòn intensionada para cambiar el sentido de las palabras dichas por el otro. Por ello,el impostor sonríe aún en los momentos más difíciles,pues se burla,y cuando está por descubrirse el parapeto que fragua, él sonríe y niega las acusaciones. Los impostores son dados a exigir confianza en sus relaciones,se exasperan si los demàs se muestras desconfiados,pero es que el impostor olvida que no se puede ser tramposo y pedir confianza.
Pero el Impostor ha olvidado,tambièn, quién es. Los impostores suelen ser hipòcritas,y hay algunos, que cultivan refinadamente la astucia. El impostor no es un sobreviviente ni un naufrago, el impostor es otro, oculto, que, por su misma sobrevivencia como falseario, puede traicionar en cualquier momento.
Y es que el impostor olvida con una facilidad sorprendente, casi rayando en lo psicótico. El impostor miente, es su destino. Y hace trampas,porque se ha dado por vencido,y supone que jamàs podrà transformar la realidad por sus propios mèritos,porque supone que no los tiene,y por ello,fabricò en principio su impostura.
El impostor quisiera ser como el personaje que actua,quisera ser como los demàs creen que èl es,pero no lo logra,no es autèntico,y vive una vida apòcrifa,y ese es su ùnico sentido de la vida,ser lo que no es.
Su ego le hace trampas. En parte porque todo cuanto percibe es una deformación subjetiva de lo "real" y esa "realidad" lo aterra. Por eso prefiere no pensar ni actuar por si mismo,y solo "conjuga" ideas de "otros", prefabricadas, aprendidas por simple repetición y grabadas por la mente.Y actùa un personaje diseñado por el mismo con retazos de ideas vistas en la tv,o el cine,y trazado con el fin de obtener reconocimiento de los demàs.
Por eso el impostor se hace trampas así mismo, porque en muchas ocasiones lo necesita para seguir viviendo. Sobre todo cuando la vida se le pone difícil. En más de una ocasión, también se miente -que es otra forma de trampear-. Se dice así mismo que es muy buena persona, por que si no lo creyera así, se hundiría en la depresión.Otras veces, se insulta, por que ha cometido alguna equivocación. Algunas más, se ríe de sí mismo. esto, también es una necesidad, incluso, para poder liberar un tanto la presiòn de la culpa que siente por vivir engañando.
En definitiva que los impostores son esclavos de sus necesidades de reconocimiento y baja autoestima.
Si bien el sentimiento de sentirse un impostor o un fraude frente a los demás y frente a si mismos es fuente de angustia, en algunas ocasiones suponen que les funciona como una estrategia para relacionarse con los demás.
Impostando sus personajes falsos,estos sujetos evitan la presión de tener que cumplir con las expectativas de los demás. Ahora bien, si el autodesprecio de los impostores va demasiado lejos, pueden ser muy destructivos.
Lo ùnico que puden hacer ante este tipo de individuos es apartarse de sus imposturas,y dar una torciòn rigurosa hacia la verdad,con una voluntad firme de no aceptar la mentira ni rendirse a ella,ni siquiera dejarse manchar o perturbar por su influjo y recordar que cuando se habla con un impostor,se està hablando con un eco,con una careta...