sábado, 3 de abril de 2010

La Honestidad...

Ser honesto es ser real, auténtico, genuino.
Ser deshonesto es ser falso, ficticio, impostado. La honestidad es tan sencilla y bella como la pureza del espìritu,y expresa respeto por uno mismo y por los demás.
La deshonestidad no respeta a la persona en si misma ni a los demás.La deshonestidad miente,es retorcida y usa màscaras.
La honestidad tiñe la vida de apertura, confianza y sinceridad, y expresa la disposición de vivir en la luz. La deshonestidad busca la sombra, el encubrimiento, el ocultamiento. Es una disposición a vivir en la oscuridad.
La deshonestidad no tendría ningún papel en un mundo en que imperara la realidad y estuviera habitado por seres humanos plenamente conscientes. Desgraciadamente, debemos de convivir con la deshonestidad. Los humanos, abrigamos una variedad de tendencias e impulsos que no armonizan espontáneamente con la razón. Los seres humanos necesitan práctica y estudio para convertirse en personas aceptadas y reconocidas por los demàs. En ese intento pueden hacer muchas cosas que la prudencia les aconseja ocultar. Mentir es una “fácil” herramienta de ocultamiento y, cuando se emplea a menudo, pronto degenera en un vicio que arrastra hacia la falsedad y la mediocridad.
La honestidad es de suma importancia ya que genera confianza en nosotros mismos y en los demàs.Toda actividad social, toda empresa humana que requiera una acción concertada, se atasca cuando la gente no es franca. Pero la honestidad no consiste sólo en la franqueza, la capacidad de decir la verdad, sino en la honestidad del trabajo honesto por una paga honesta.
La honestidad forma parte de aquellas cualidades mas gratas que puede poseer una persona, ella garantiza confianza, seguridad, respaldo, confidencia, integridad. Si alguna vez debemos hacer un listado de las cualidades que nos gustaría encontrar en las personas o mejor aún, que nos gustaría poseer, seguramente enunciaremos la Honestidad.

En este sentido, la honestidad es una forma de vivir congruente entre lo que se piensa y la conducta que se realiza con el prójimo, que junto a la justicia, exige en dar a cada quien lo que le es debido. En nuestra vida encontramos a diario actitudes deshonestas como la hipocresía, alguien que aparenta una personalidad que no tiene para ganarse el reconocimiento de los demás; o la mentira para aprovecharse de algun inocente que les crea; o el simular trabajar o estudiar para no recibir una llamada de atención de los padres o del jefe inmediato; el no guardar en confidencia algún asunto del que hemos hecho la promesa de no revelarlo; no cumpliendo con la palabra dada, los compromisos hechos que no se cumplen,el perjurar y por supuesto, la deslealdad.

Ser deshonestos nos lleva a romper los lazos de amistad establecidos, en el trabajo, la familia y en el ambiente social en el que nos desenvolvemos,porque los demàs dejaràn de confiar en nosotros. Incluso, la convivencia bajo estos parámetros se torna imposible, pues ésta no se da, si las personas somos incapaces de infundir confianza unos en otros.

Ser honestos significa ser sinceros en todo lo que decimos y hacemos: fieles a las promesas hechas en la pareja, en la empresa,la escuela o negocio en el que trabajamos y con las personas que participan de la misma labor; actuando justamente en el comercio y en las opiniones que damos respecto a los demás. Los que nos rodean esperan que nos comportemos de forma seria, correcta, justa, desinteresada, con espíritu de servicio, pues saben que siempre damos un poco más de lo esperado.
La honestidad puede convertirse en un valor que se viva cotidianamente con los demás, tratando de no perjudicar o herir a nadie, lo cual se puede dar cuando los manipulamos o jugamos con sus sentimientos,o juzgamos con ligereza su credulidad en nosotros; incluso,algunos deshonestos gozan de sacar provecho u obtener algún beneficio a costa de sus debilidades o de su ignorancia...Por ello,los Honestos deben,por ejemplo,procurar no manipular voluntades,ni embaucar ni engatuzar a nadie,ni tampoco aprovecharse de aquel problema que se nos ha confiado alguien que ha solicitado nuestra ayuda;los honestos tratan de no generar discordia y malos entendidos entre las personas que conocen; aunque si señalando con firmeza el grave error que se comete al hacer calumnias y difamaciones de quienes que no están presentes; devolviendo con oportunidad las cosas que no nos pertenecen y restituyendo todo aquello que de manera involuntaria o por descuido hayamos dañado...

Si realmente pretendemos ser honestos, debemos empezar por enfrentar y asumir con valor nuestros defectos, buscando aquella manera que resulte más eficaz para superarlos, llevando a cabo acciones que mejoren todo aquello que afecta a nuestra persona y como consecuencia, a nuestros semejantes. Ello supone aprender a rectificarnos ante un error y cumplir con nuestras labores grandes y pequeñas sin hacer distinción.
Si podemos gestar un ambiente cálido y confiable, sostenido por relaciones basadas en la honestidad, nos llevará a crecer como personas, espiritualmente, constituyéndonos en verdaderos hombres de bien.
Como la mayoría de las virtudes, conviene desarrollarla y ejercitarla en armonía con las demás. Cuanto más se ejercita, más se convierte en una disposición afincada.
Pero hay una respuesta rápida que se puede dar en tres palabras: tomarla en serio.
Se debe reconocer que la honestidad es una condición fundamental para las relaciones humanas, para el amor y la amistad, para la auténtica vida comunitaria. Pero se debe tomar en serio por sí misma,y no “como la política más conveniente”.
Hay una gran diferencia entre tomar en serio la verdad y no dejarse pillar en la mentira.
Una vida buena y honesta es más que cuidar que no nos descubran en los embustes. El desarrollo moral no es un juego pueril de “píllame si puedes”. Conviene concentrarse en lo que importa de verdad, la clase de persona que uno es, y la clase de persona que uno quiere ser.
No hay medias tintas con la honestidad.