sábado, 3 de abril de 2010

La Sencillez...

Más difícil que ser complicado es ser sencillo, sin embargo, la sofisticación y la ostentación tienen más prensa.Ser sencillo significa tener la capacidad de ver lo obvio cuando todos los demás están tratando de ver el otro lado de las cosas.
La sencillez es el arte de ser simple, directo entendible y sin afectación, porque lo sencillo es lo transparente, lo que es fácil, sin agregados ni artilugios y que nunca se llega a perder en el laberinto de las complicaciones.La sencillez se opone a la ostentación porque su cualidad esencial es no atraer la atención ni brillar, sino por el contrario anhela no ser notada y pasar desapercibida.
El que es sencillo va directo al grano, no da vueltas sin razón para lograr lo que se propone y no se demora en detalles; porque es expeditivo y rápido para decidirse y no se detiene en análisis.
A veces puede resultar incauto y fácil de engañar porque se expone con su ingenuidad al facilitar las cosas y al ser sincero en el trato.
La persona sencilla tiene una visión más totalizadora de la realidad, puede ver el conjunto y para conseguir lo que quiere busca siempre el camino más corto.
Tal vez no piensa tanto en las cosas porque son personas que prefieren más la acción que quedarse pensando en especulaciones que hacen todo más complejo, porque el hecho de comparar, medir y principalmente evitar equivocarse, entorpece y demora las decisiones.
El que es sencillo también es más accesible y fácil de entender; puede resolver situaciones con rapidez, salir con éxito de encrucijadas y solucionar sus momentos de crisis actuando con simplicidad y sin hacer ruido ni escándalo.
La sencillez es una virtud que permite a una persona ser accesible y mostrarse dispuesto a establecer el vínculo que sea necesario con otro.
El que no valora la simplicidad confunde inteligencia con erudición, porque el erudito lo asombra con su locuacidad para tratar de impresionarlo ya que le importa poco si no lo entienden.
Una actitud contraria a la sencillez es la solemnidad, tener una imagen intimidante que cierre de antemano, sin excepciones, el canal de comunicación con los demás.
Hay muchos intelectuales que no aprecian la sencillez, ni las explicaciones simples, porque desconfían de las fórmulas simple y prefieren conceptos engorrosos y análisis profundos, porque están convencidos que la realidad es demasiado compleja.
Sin embargo, los descubrimientos más espectaculares se produjeron por casualidad, simplemente observando con interés los fenómenos simples de la vida cotidiana.
La persona sencilla en el hablar se muestra como es, muestra claridad en su pensar y capacidad para ver lo esencial; porque la sofisticación, que es el arte de la minuciosidad, de lo fingido, adulterado o falsificado, donde los decorados tienen más importancia que los contenidos, refleja la intención de aparentar lo que no se es.Sofisticación es una palabra derivada de sofisma, que significa habilidad o artificio en la argumentación, destreza en la retórica y en el arte de persuadir que pretende confundir al interlocutor.
Las personas sofisticadas no son sencillas, porque adulteran y falsifican las cosas para aceptarlas. Lejos de ser sinónimo de elegancia, el sofisticado es rebuscado, complaciéndose en hacer complejo lo que puede ser simple.
El que ejerce la sencillez prefiere transitar por caminos rectos y no retorcidos,porque se siente seguro y confiado, y no tiene nada que ocultar ni necesita convencer ni tener seguidores y solo se guía por sus objetivos claros.
El refinamiento se relaciona con la sencillez y con la ausencia de afectación.
La sencillez es la llaneza de lo natural, de lo fácil, de lo comprensible, que puede llegar a todos sin oscuros obstáculos y es lo que caracteriza a la belleza.
Lo sencillo es lo ingenuo, lo franco, lo sincero y afable; así como es sencilla la naturaleza, que se brinda sin condiciones.La sencillez la expresa el que elige el camino directo, sin vueltas, para evitar las malas interpretaciones que produce la ambigüedad de los atajos.
La característica de la sencillez es estar libre de disfraces y complicaciones, cualidades que garantizan el trato veraz y sin dobleces.
La persona sencilla puede ser incauta y fácil de engañar, porque se entrega, pero el engaño, como no es real, no la puede afectar.
La sencillez no necesita adornos ni hacer ostentación, porque es como el agua, que sin tener ni gusto, ni sabor, ni color, es igualmente necesaria.
Para ser auténtico hay que empezar por ser sencillo, no escabroso, dificultoso, arduo o peligroso, deseoso de mostrarse tal cual es, sin afectación ni ningún decorado, porque el hábito no hace al monje y el mejor atavío no nos puede decir nada de alguien, aunque esté lujosamente engalanado.
El arte sencillo es el que permanece, la literatura que se recuerda es la que se entiende; y la mejor explicación es la más breve.
Es difícil ser sencillo en un mundo complicado, pero se puede. En realidad la naturaleza es sencilla, es este mundo hecho por hombres solemnes el que no se entiende.
Hablar claro es ir al grano, sin embargo, todos los que quieren destacarse y sobresalir dan muchos rodeos para ocultar que en realidad no están diciendo nada.Cuando alguien está muy producido o muy acicalado, por lo general no tiene nada adentro y necesita ocultar lo poco que es, luciendo afectado.
La erudición es el adorno del buen decir que convierte a las frases en un laberinto donde se encuentran enredadas las ideas y donde se suele perder la gente sencilla.
Los eruditos prefieren ignorar a la mejor audiencia, la verdadera; ya que se esfuerzan para que los admiren los legos y se pierden la oportunidad de que los entiendan las almas inocentes de aquellos que no tienen prejuicios; porque la sencillez aclara y las complejidades oscurecen.
Sencilla es la bondad y sencillos son la razón y el amor; y no hay nada más complicado de entender que la conspiración, la arbitrariedad y el significado del dolor.