lunes, 12 de abril de 2010

Lo que somos...


La consciencia de lo que somos y lo que quisiéramos ser, contiene una auto-imàgen de contabilidad, experiencias vividas, listas de resultados, compendio de diagnósticos y evaluaciones que resumimos con una palabra que lo comprende todo: Yo.

En ese diario íntimo del Yo, se anota cada novedad, cada pequeño amor o rencor que nacen en nuestras emociones, cada ilusión y estímulo interesante que nos sucede, cada íntima frustración, todo lo dicho y escuchado, y todos los secretos ni dichos ni oídos.

Las heridas de la memoria (como muy bien expresa ese cuadro homónimo de René Magritte que presenta una cabeza blanca y marmórea, que está manchada con sangre), cuando lo que introducimos parece más bien contaminar lo que hay dentro, agujerea los cajones, ensombrece los colores de los hechos más luminosos. Corroe con su poder sulfúrico nuestras hermosas promesas de ser algo mejor, las esperanzas y motivaciones que deberían dar energía y empujarnos en nuestras alegres aspiraciones.

Aseguraba Heidegger que el origen de la angustia era la forma como el ser humano conocía la nada de lo que hay detrás y antes de las cosas que existen. Por ejemplo, la muerte de un ser querido hace que nos sintamos un poco más vacíos de ese algo que se ha trasformado en "nada". Pero esa experiencia agónica que la muerte expresa en su máxima potencia aniquiladora es emulada por otros sucesos menores,pero igualmente productores de vacío.

Es el caso,por ejemplo,de la muerte de las ilusiones juveniles que teníamos antes de que la decepciòn o el desengaño nos acometieran implacables. Ese sùbito encuentro con la frustraciòn de los sueños que nos inflinge desesperanza y dolor,puede,tambièn, generar una imagen propia de fracaso,de impotencia,de desamparo.

Ayuda a generar ese tipo de autoimàgen,y mucho, el prejuicio social del sistema capitalista de que el que no "triunfa" es porque no lo merece, o no tiene cualidades personales o no ha sabido conducirse con astucia. En cambio en esos canones capitalistas,se idealiza a los que obtienen mas dinero, bien pensando que son listos, correctos, maduros y se merecen todo por mérito propio. Y bajo ese prejuicio de sociedad de consumo,nuestra autoestima se lesiona enormemente.

El desamor, la sensación de no lograr ser lo suficientemente queridos, es también un sentimiento que parece acusarnos como si una voz interior dijera "por algo será!''. Tal vez,creemos, no somos interesantes, dignos, ni merecedores. No somos grades, sino "poca cosa'', poco botín para los demás a los que más bien importunamos con nuestra molesta presencia... Nacemos siendo queridos y morimos parcialmente como si vivir y vivir con amor fueran la misma cosa,de acuerdo con los prejuicios sociales de ese sistema en el que el amor es visto como moneda de cambio,y no como una actitud de vida y una bondad del espìritu.
En ocasiones,en esta sociedad codependiente, se crea una excesiva dependencia del afecto y del reconocimiento que los demás nos otorgan,y pareciera que nunca tenemos bastante,que siempre vamos sedientos de cariño, mendigando como pedigüeños migajas de afecto, degradándonos en la petición a niveles de angustiosa humillación, y siempre somos frustrados por no lograr ser el todo para los demás como en la niñez,lo fueran para nosotros aquèllos padres de generosidad incombustible que tuvimos,o que deseamos tener...
No sería la solución a ese dolorso desamor del entorno,conformarse con menos y buscar otro tipo de emociones-por ejemplo,la emociòn estètica,la emociòn polìtica e ideològica,la emociòn cientìfica,la emociòn que da el conocimiento o la deportiva,etc- para calmar nuestra sed de bienestar?
El dependiente a menudo se vuelve un sufridor empedernido buscando más de lo mismo, haciendo esfuerzos inmensos para convencer con sus favores, sus tiernas delicadezas, sus sutiles atenciones que sólo provocan las iras, el desprecio y el rechazo.Como un yonkie del amor,adicto incurable a el reconocimiento ajeno.
En ocasiones ni siquiera hemos sido queridos nunca, porque los que decían que nos amaban nos engañaban (es tan fácil mentir con la palabra gastada y con la promesa), y nos traicionaban haciéndonos entrever que con un poco más de esfuerzo por nuestra parte acabaríamos provocando por fin el ansiado don del amor, siendo en realidad una siniestro engaño producido por el goce sàdico del embustero.
(E ignorantes,mantenemos una esperanza torpe,y como ni siquiera sabemos lo que nos daña, no podemos tampoco desesperarnos de una vez y convencernos de que nuestras pretensiones son baldías e inútiles, lo cual podría liberarnos y hacernos buscar el afecto en otra parte. No, lo peor en esta situación es que seguimos esperando atrapados totalmente en el engaño, tiranizados por el cruel mentiroso que nos deja escapar.
Ese dolo ejercido sobre nosotros también nos mata emocionalmente,aunque el cuerpo externo estuviera intacto. La barrera de la piel es sólo una barrera de imagen (lo que somos de "puertas para fuera'', pero no de experiencia vivida "puertas para adentro''). Por eso el daño hecho por eese tipo de vìnculos,basados en el desprecio hacia nuestra persona,o a la descalificación de nuestras emociones, la violación de la verdad esperada, por la mentira y la burla del embustero, son invisibles llagas vivas que podemos ser totalmente incapaces-acostumbrados más a limpiar y curar lo externo- de sanar dentro de nosotros.
Todos los adjetivos calificativos recogidos desde pequeños ( inútil, desastre, torpe,anormal, etc.) son calificaciones que nos hacen estar como internamente suspendidos en el tiempo,y entonces las heridas presentes nos tocan, como si fuésemos unos anormales, que pagamos con ese sufrimiento el no dar la imagen,ante los demás de ser normal, "una persona comun y corriente más'' sabiendo que en realidad somos "una menos''.
Los fracasos o triunfos escolares son también como puñaladas a la inutilidad y posición esquiva en la que ponerse a la cola de los status sociales y aspiraciones profesionales. Como fuera que los planes de estudios priman la homogeneidad por encima de la diversidad de cualidades, sólo resultan excelentes más bien los mediocres que encajan perfectamente en el perfil de buen estudiante que nada se cuestiona, que a nadie incomoda, que no desvía sus energías u entusiasmos en otra cosa que ser una pieza en la maquinaria. La curiosidad, la inquietud, la vitalidad se convierten de esta forma indirecta en defectos de personalidad, trasformando al mal estudiante en vago,en rebelde,o con la "cabeza llena de pájaros'', totalmente incapaz de domesticar sus impulsos,conflictivo y un desagradecido causador de disgustos a las autoridades escolares, que esperaban de él algo mejor.Los compañeros de clase, los vecinos, conocidos y allegados con los que el azar nos envuelve suponiendo que son el ambiente apto en que la planta de la amistad y valoración ha de crecer pueden más bien convertirse en una planta carnívora, en un ambiente depredador.
La crueldad infantil, negro espejo en el que los niños se miran cuando no entregan su sonrisa perfilan a los adultos que seràn,manipulando con su carita de ángel y sus lloriqueos sentimentales, enseñanza clara de unos padres que les han dado ese ejemplo.Los niños crean grupos mafiosos en los que se acepta y expulsa, se castiga y domina, se humilla y degrada implacablemente al que presenta una debilidad. Los niños, que aun no están completamente domesticados y socializados,y son el resultado educativo de adultosque se complacen en lo cruelde enfrentamientos despiadadas y en el morbo insalubre de hacer sufrir a otro ser humano.

Son desde luego lecciones difíciles de aprender para las personas más delicadas y sensibles, que en un mundo inmisericorde serían suprimidos de un plumazo, pero que los humanos, que supuestamente han decidido apartarse de las implacables leyes de la naturaleza, admiten ahora benévolamente en sociedad, aunque nunca porque lo consideren la parte noble, más digna y superior que deba imperar (más bien como una condescendencia que un rico se puede permitir, "generosidad" que en los momentos de crisis se puede deshechar, como en èpocas de guerra, escasez, hambruna, catástrofe, etc. que desenmascara a los "humanos" de nuevo,como depredadores de su misma especie...).Y es de esta manera que un ambiente poco valorador de lo mejor que somos, y que más bien nos burla y castiga por ello, crea una personalidad apocada y angustiosa que no contempla a los demás con el placer de compartir el mundo, sino con el temor de estar constantemente expulsado de él en los trabajos, en el mercado del amor, en los circuitos de la amistad, en las palestras de la admiración.
Estas sensaciones son trágico-cómicas: el sensible realmente vive frustrado y sufre mucho, pero también hace constantemente el ridículo,el que no es hipòcrita, no se adapta a ninguna circunstancia social, el que no es agresivo,no se le tiene en cuenta,al que gusta de la cultura y la inteligencia, lo pasa mal en las fiestas,el que no gusta de burlarse de los demàs, no sabe hacer risotadas y es torpe cantando chistes,y el sincero,que abonima la mentira,dice cosas que incomodan o que no interesan a los demás. Es catalogado como un anormal,un marginal,y queda pasmado, esperando no se sabe qué que nunca llega .
Adler hablaba del complejo de marginalidad.y Carl G.Jung habla de complejos como de nudos que nos atan produciendo una trabazón interna que nos impide estar cómodos y sueltos porque ciertos movimientos estiran la cuerda e impiden ir más allá, retenidos. Ciertamente son formas de no podernos querer tanto por considerarnos distintos,o menos que los demás, como porque interiorizamos o prevemos su rechazo, como porque supongamos que no lograremos interesarlos.
Como quiera que el Yo siempre es el Yo actual, lo decisivo es estar heridos ahora, aunque haya sido siempre así (es decir, que al que sufre no le consuela mucho el pensar que antes no sufría).
Estos complejos los hemos adquirido en algún momento de nuestra vida, quizá despreciados por nuestros padres,por nuestros maestros,o por el primer amor,quedamos aparcados,marginados,o chocando contra el sistema, teniendo sensibilidades y facultades que han surgidos a raíz de determinado fracaso sentimental, malos tratos, ruina, enfermedad o muerte de algùn ser querido.
Pero asi como somos el resultado de todas esas heridas guardadas,tambièn somos la curaciòn para ese pasado.En nuestro ser està la medicina para esos viejos dolores. Es en cada mente,y en el ejercicio de la reflexiòn y el auto-anàlisis sincero y valiente,donde se halla la salud emocional.
Porque primero que todo,somos, lo que diariamente vamos siendo...