martes, 6 de abril de 2010

Los hipòcritas...


La hipocresía es el arte de amordazar la dignidad... ella hace enmudecer los escrúpulos en los incapaces de resistir la tentación del hacer un mal o un daño... Es la falta de virtud para renunciar al engaño y de coraje para asumir su responsabilidad. La hipocresìa es la madriguera de los temperamentos vulgares, que sòlo pueden valer en la mentira: como esos hongos que unicamente crecen sobre el estircol.
Los hipócritas no sospechan el valor de los principios rectilíneos. Esquivan la responsabilidad de sus acciones, son prontos a la traición y escatiman siempre la lealtad. Agreden en la sombra, escamotean vocablos ambiguos, alaban con reticencias ponzoñosas y dañan con afelpada suavidad. Y sobre todo: cierran todas las rendijas de su espíritu por donde podría asomar desnuda su personalidad, sin el disfraz de la mentira.
En su anhelo simulan las aptitudes y cualidades que consideran ventajosas para acrecentar la sombra que proyectan en su escenario. Mimetizan el talento intelectual,armandose de refinados artilugios y defensas, estos sujetos de ètica indecisa parodian el talento moral, tiñendo de una virtud de oropel, sus actos deshonestos.
El hipócrita toma ventaja de su virtud fingida: Abundan sujetos "respetables" porque aùn no se les ha descubierto bajo el disfraz,pero bastaría penetrar en la intimidad de sus sentimientos, un solo minuto, para advertir su doblez y trocar en desprecio la estimación.
El hipócrita es un cómplice de los prejuicios que fermenta una sociedad represiva y mediocre.
Un apetito de reconocimiento social y de codicia,despierta en el hipòcrita cierta "astucia" que lo empuja al fàcil besamanos,a oliscar el deseo de los amos,a venderse al mejor postor, a tragar sapos y a sobrevivir entre sucias marañas.
El hipòcrita supone que triunfa sobre los sinceros, toda vez que el éxito,para èl, estriba en aptitudes viles: el hombre leal es con frecuencia su víctima. Cada Sócrates encuentra su Mélitos y cada Cristo su Judas.
La hipocresía persigue a los caracteres superiores, pretende confundir las virtudes ajenas con las propias mediocridades, desahoga sordamente una envidia que no confiesa, en la penumbra, ensalobrándose, babeando si morder, mintiendo sumisión y amor a los mismos que detesta y carcome. Su resentimiento lo lleva a avergonzarse en secreto. Ese es su castigo.
El hipócrita está constreñido a guardar las apariencias, con tanto afán como pone el virtuoso en cuidar sus ideales.
El estigma común a los hipócritas,el que permite reconocerlos no obstante los matices de rango o fortuna, es su profundo odio a la verdad.
La mentira es el principal instrumento de la hipocresía. Sea cual fuere su rango social, el hipócrita está siempre dispuesto a adular a los poderosos y a engañar a los humildes, mintiendo a entrambos.
Y el segundo instrumento de la hipocresìa es el servilismo.El hipòcrita gusta de ser servil. Es el lacayo de los que le rodean, el esclavo de mil amos, de un millón de amos, de todos los cómplices de su mediocridad.
El hipòcrita miente,y el que miente es traidor: sus víctimas le escuchan suponiendo que dice la verdad.
El mentiroso conspira contra la paz y la dicha de los demàs,falta al respeto a todos, siembra la desconfianza y la desesperanza. Abusa de la buena fè de los otros,y les roba certeza en la belleza y la bondad del mundo.
Pero el hipòcrita aborrece la sinceridad. Supone que ella es la fuente de escándalo y conflicto, como si pudiera culparse a la escoba de que exista la suciedad.
Las personas sinceras son fuertes y humanistas. fincando en ello su dignidad inquebrantable, pues su oposición a la hipocresía es una actitud de resistencia al mal que le acosa por todas partes. Se defiende contra la domesticación v el servilismo. Y dice su verdad como puede, cuando puede, donde puede... Y es que hay muchos que nos enseñaron a morir por ella.
El disfraz sirve al débil; sólo se finge lo que se cree no tener. Las máscaras les son ùtiles un tiempo corto,porque mas pronto que tarde la careta cae: y el hipócrita, descubierto una vez; no se le vuelve a creer nunca,y en toda situaciòn se les pondrà en duda porque son desleales y quien es desleal con la verdad no tiene por qué ser leal ni con la mentira.
Y es que el hábito de la ficción desmorona a los caracteres hipócritas, vertiginosamente, como si cada nueva mentira los empujara hacia el precipicio... nada detiene a una avalancha en la pendiente.
Su vida,entoces,gira en ese abyecto fingimiento de honestidad por cálculo,en un mòrbido culto de las apariencias que los lleva a desdeñar la realidad. El hipòcrita no aspira a ser virtuoso, sino a parecerlo; no admira intrínsecamente la virtud, quiere ser contado entre los virtuosos por las prebendas y honores que tal condición puede reportarle. Faltándole la osadía de practicar el mal, a que está inclinado, se conténta con sugerir que oculta sus virtudes por modestia...pero tarde o temprano termina por notàrsele el antifaz.
Ahora bien,si no se tiene valor para la verdad es imposible tenerlo para la justicia. En vano los hipócritas viven jactándose de una gran ecuanimidad y procurando prestigio de justos: su "prudente" cobardía les impidecomprometerse con nada. Prefieren balbucear palabras bilaterales y ambiguas, ya que son incapaces de responsabilizarse de sus dichos.
Por ello jamas confiesan su cobardía y sonríen servilmente a las miradas que los torturan, aunque sienten el vejamen: se contraen a obedecer los làtigos que los someten.
Pero los hipòcritas traicionan siempre... Hay que estar alertas siempre con estos sujetos: tal vez sonríen,pero vienen preparando un estilete,que traen oculto bajo la manga para clavartelo en la espalda.
Por todo eso,es que el hipócrita enfrìa toda amistad con sus dobleces: nadie puede confiar en su ambigüedad.
De sensibilidad escasa no valora la ternura ajena y sólo piensa en sí mismo, y ésa es su pobreza suprema... los hipócritas se mutilan a si mismos, sin darse, sin gastarse, retrayéndose, atrofiándose,obsesionados por el temor de que su conciencia asome a la superficie. Saben que bastaría una leve brisa para descorrer su falsedad.
No pudiendo confiar en nadie, viven cegando las fuentes de su propio corazón: destruyen el amor, los ideales, la familia, la amistad. Ajenos a todo y a todos, pierden el sentimiento de la solidaridad, hasta caer en sórdidos egoísmos. Su apego a la mentira le hace aceptar cualquier infamia subterráneamente, sin ver el rumbo ni medir cuán hondo dañaràn.
Indigno de la confianza ajena, el hipócrita vive desconfiando de todos, hasta caer en el supremo infortunio de la susceptibilidad. Un terror ansioso le acongoja,ante las personas sinceras, creyendo escuchar en cada palabra un reproche merecido debido a los remordimientos.
Frecuentísima es la susceptibilidad del hipócrita, que teme verse desenmascarado por los sinceros.El hábito de fingir es incompatible con esos matices del orgullo; la mentira es opaca a cualquier resplandor de dignidad. El hipòcrita se priva para siempre,y ese es su peor castigo,del cariño ingenuo. Suele tener cómplices, pero no tiene amigos; la hipocresía no ata por el corazón, sino por el interés econòmico.
Los hipócritas, forzosamente utilitarios y oportunistas, están siempre dispuestos a traicionar sus principios en homenaje a un beneficio inmediato; eso les veda la amistad con espíritus superiores: La reciprocidad de sentimientos sólo es posible entre iguales. Si el sincero se entrega, ellos aguardan la hora propicia para traicionarlo.Mientras en los hipócritas las complicidades se extinguen con el interés que las determina, en los caracteres leales la amistad dura tanto como los méritos que la inspiran.
Siendo desleal, el hipócrita es también ingrato. Invierte las fórmulas del reconocimiento: aspira a la divulgación de los favores que hace, sin ser por ello sensible a los que recibe. A veces resulta ingrato sin saberlo, por simple error de su contabilidad sentimental. La capacidad de amar, cuyas efervescencias santifican la vida misma, eternizándola, les parece inconfesable, como si el contacto de dos bocas amantes fuera menos natural que el beso del sol cuando enciende las corolas de las flores. Mantienen oculto y misterioso todo lo concerniente al amor, como si el convertirlo en delito acicateara la tentación pero esa pudibundez visible no les prohibe ensayar invisiblemente las abyecciones más torpes.
Son capaces de hablar pestes de la esposa,por ejemplo,denostandola,para màs tarde tener sexo con ella.
Se escandalizan de la pasión en otros, sin renunciar a sus privadìsimos vicios, limitándose a disfrazarlos o encubrirlos...Como si amar fuera vergonzoso...Asì,estos sujetos hallan que el mal no está en las conductas mismas, sino en las apariencias, formándose una moral para sí y otra para los demás...