lunes, 31 de mayo de 2010

El sufrimiento inutil...



Angustia, tormento, desesperación… El sufrimiento nos convierte en prisioneros de una existencia desnuda y vacía. No en vano, los expertos lo definen como la causa más común del tan silenciado suicidio. Cuando toma el control de nuestra mente, nada parece tener sentido. Como un "tsunami" emocional, arrasa con cualquier vestigio de alegría y bienestar, consumiéndonos. Sin embargo, también nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre nuestra propia vida, pues nos conecta con nuestra más profunda vulnerabilidad.

Si nos permitimos bucear en ese espacio interior auténtico, crudo y honesto, donde reposan nuestras verdaderas inquietudes y necesidades, podremos redefinir nuestros límites, reubicarnos y reconstruirnos, saliendo fortalecidos de la experiencia. Así, aprender a transformar el sufrimiento en una fuente de aprendizaje nos permitirá tomar impulso de nuevo, creciendo ante las dificultades y superando obstáculos que creíamos insalvables. De ahí que los grandes sabios afirmen que el sufrimiento puede convertirse en un gran maestro, una puerta abierta a la comprensión.

Sin embargo, para aprender de la experiencia que nos ofrece, es necesario trascenderlo. Y el primer paso para lograrlo es tomar consciencia de la diferencia que existe entre el dolor y el sufrimiento. Mientras el dolor es una reacción física (como por ejemplo un fuerte dolor de cabeza), el sufrimiento es una reacción psicológica, una interpretación negativa de ese mismo dolor, que nos limita y nos lleva a quejarnos, lamentarnos y victimizarnos. Así, mientras el dolor es inevitable, el sufrimiento es algo que depende de la forma en la que reaccionamos ante un estímulo determinado.

Cómo bien dijera Séneca:
"La adversidad es ocasión de virtud",y esa idea estóica es la que inspira a muchos a pensar que el sufrimiento es como oportunidad de aprendizaje,ya que si reflexionamos con profundidad,veremos que aquello que no somos capaces de aceptar es presisamente la causa de nuestros sufrimientos.
Nuestra mente, traicionera, se aferra al miedo, a la exigencia, al deseo y a las dañinas expectativas. Y cuando la realidad no se adapta a lo que nosotros esperamos, nos invade la frustración, preludio del sufrimiento. Este dolor psicológico es el resultado de todas aquellas creencias y reacciones que limitan nuestra comprensión, y tiene una clara función: derribar los muros de nuestra ignorancia, ampliando nuestro nivel de consciencia y conocimiento de nosotros mismos.
Aunque la mayoría de seres humanos pasan por la vida huyendo del sufrimiento,no se debe evadir,ya que se trata de una gran oportunidad para aprender y evolucionar, haciéndonos más fuertes y sabios. De ahí la importancia de atrevernos a enfrentarlo. Y sea cual sea la causa que lo desencadene,es seguro que el sufrimiento no desaparecerá hasta que la comprendamos y la integremos en nuestra forma de ver la vida.
El sufrimiento,de ese modo, nos enseña que no podemos controlar nuestras circunstancias, pero sí la actitud que tomamos ante ellas. Nos ayuda a superarnos a nosotros mismos, a eliminar nuestras resistencias. Y cuando comprendemos el mensaje que nos quiere transmitir, se desvanece.
Al fin y al cabo, esta perversa trampa de la mente nos lleva a saturarnos de malestar. Y al llegar a nuestro límite, el cambio se convierte en algo necesario e inevitable. Parar de sufrir no es una religión ni tiene nada que ver con la suerte o la superstición, pasa que el sufrimiento es una experiencia emnocional que va disminuyendo,cuando profundizamos la reflexión para conocernos a nosotros mismos y aprender a ser protagonistas de nuestra vida, en vez de víctimas de nuestros pensamientos. La clave está en comprender que, como una metamorfosis espiritual, el dolor y la adversidad tienen su función al hacer crecer a nuestro espíritu en su crisálida para finalmente,liberarlo de ese sufrimiento,ya que finalmente comprendemos que sufrir es inútil si no aprendemos nada de él …