lunes, 24 de mayo de 2010

Ganar y perder...


Es difícil describir la frustración y el desconsuelo que producen las derrotas en ajedrez.A diferencia de cualquier otro juego, o forma de combate, las derrotas sobre el tablero persiguen al ego hasta su más recóndita guarida… La secuela es abyecta: una corrosiva humillación que se apodera de nosotros cada vez que recordamos la posición y volvemos a analizarla. Horas después de que el juego ha terminado, la muhina te despierta para encontrar que la noche zumba con formas burlonas. El movimiento correcto estaba tan cerca, era tan evidente y perentorio… Pero no es posible corregir una derrota. El tiempo vuelve invulnerables cada gazapo, cada desacierto. Mejor morir que volver a sentarse ante esos cuadros torturantes, que volver a sentir, con las espaldas mojadas y la nuca húmeda, el ardiente bochorno de la derrota y el dolor en el ego lacerado... Morder el polvo en un asunto de "inteligentes",es demasiado para las almas vanidosas.
Un excelente ajedrecista mexicano,siempre que me gana,me dice que en la derrota de ajedrez, “hay un desconcierto que se origina en que el eje de la personalidad ha sido conmovido, ha sido alterado y es ese desconcierto que genera la humillación de la derrota en el ajedrez lo que enseña al ego,humildad,y a tomar,tanto las derrotas como las victorias, con entereza e hidalguía..." Claro que cuando le gano yo,no dice eso y se enfada caballerosamente,pero mucho... Jorge Luis Borges, en Fragmento de un evangelio apócrifo, dice: “Felices los valientes, los que aceptan con ánimo parejo la derrota o las palmas.” Por su parte, el ex campeón mundial de ajedrez, José Raúl Capablanca, afirmaba que en ajedrez se aprende más de una derrota que de muchas victorias.

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En coincidencia, un proverbio japonés reza: “Se aprende poco con la victoria, pero mucho con la derrota”. Por último, el libertador José de San Martín, dijo: “Una derrota bien peleada vale más que una victoria casual.” Yo pienso que dicen eso,porque siempre ganan,pero a pesar de lo sabio de sus palabras,se siente muy feo perder.
Y es que toda partida de ajedrez conlleva la aspiración a una plenitud imposible: la perfección, pero como el juego no es más que una réplica miniaturizada de la lucha por la vida, en su práctica interviene el error. Porque el ajedrez es un duelo de cerebros, en el cual el más habil es el que comete menos errores.
Un error es la diferencia entre el resultado obtenido y la previsión que se tuvo como cierta. Si la verdad es la concordancia de las cosas con el concepto que se tiene de ellas, el error es la discrepancia. Aristóteles dijo: “A veces nos equivocamos en la posición de los términos. Pero también erramos en el juicio expresado sobre ellos”.
El entrenador Mark Dvoretsky, en su libro, Secretos del entrenamiento en ajedrez, afirma: “Está claro que incluso los jugadores más fuertes no pueden disputar sus partidas sin cometer errores (quizás las computadoras puedan hacerlo algún día). Sin embargo, debemos sentirnos culpables por aquellos errores característicos que se cometen en posiciones típicas, ya que existen medios para evitarlos”.
En el I Ching, libro de las mutaciones, se lee: “Si quieres lograr tu meta sin errores, sé cuidadoso en cómo empiezas”. Los errores ajedrecísticos ocurren por los riesgos que hay que asumir, por los apremios de tiempo o por la complejidad del combate.Mi papá decía: “Si no te equivocas al menos de vez en cuando, es porque no estás corriendo los riesgos necesarios...”
Pero pasa que todo ajedrecista posee un estilo de juego, es decir, un conjunto de rasgos que caracterizan su manera de afrontar los retos y sutilezas de la partida. En una partida de ajedrez,con frecuencia .nos encontramos con dos estilos antagónicos, que corresponden, como es lógico, a un dualismo muy generalizado de actitudes espirituales de los dos jugadores.
En la antigüedad, el estilo era un punzón que servía para escribir sobre superficies blandas, lo que determinaba un tipo especial de caligrafía. Por extensión ahora se aplica a la serie de elementos técnicos y formales que caracterizan la obra de un autor. El filósofo Séneca decía que "...el estilo es el vestido del pensamiento". En ajedrez, es lo que revela el carácter y la personalidad del jugador.Hay ajedrecistas de estilo combinativo y los hay de estilo posicional. Unos son audaces, otros, precavidos. Algunos tienden a atacar, otros, a defenderse. Según el psicólogo ruso Nikolas Krogiuos, “el jugador de estilo combinatorio posee un elevado desarrollo de la imaginación creadora y una profunda capacidad para el cálculo. Dicha imaginación se manifiesta particularmente en posiciones del medio juego, puesto que en ellas la mayor parte de las piezas brinda múltiples posibilidades de elegir un movimiento determinado. Los de estilo posicional se caracterizan por plantear de un modo fundamental y más sereno la partida. En su juego prevalecen los principios generales de la estrategia, y el avalúo de la posición se basa en deducciones lógicas.”
Y como en la vida, la mejor forma de corregir un error es reconocerlo, detectar sus causas y establecer la verdad. El francés Juan Jacobo Rousseau dijo: “miles de caminos conducen al error; a la verdad, uno solo.”
Y esa es la metáfora y el objetivo de la partida de ajedrez al dar jaque mate al rey del oponente. Para ello la teoría aporta ciertos principios a partir de tres elementos básicos: espacio (el tablero), fuerza (las piezas) y tiempo (las jugadas; cada jugada es un tiempo). Las blancas hacen el primer movimiento, al que le sigue la respuesta de las negras, luego las blancas y así sucesivamente hasta finalizar la contienda.
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La palabra jaque se refiere a una amenaza directa al rey. La expresión jaque mate, a la imposibilidad del rey de eludir dicha amenaza, lo que pone fin a la contienda . Si ninguno de los bandos puede dar jaque mate, el resultado es tablas.
Normalmente una partida tiene tres fases: apertura, medio juego y final. La apertura es la serie inicial de movimientos que tiene por objeto movilizar piezas y peones. El medio juego es la etapa en que ocurren las acciones decisivas, como golpes tácticos, escaramuzas, combinaciones, etcétera. El final es la fase decisiva: el rey entra en combate, quedan pocas piezas y se concretan las ventajas obtenidas.
En la apertura hay que tener en cuenta, entre otras, tres tareas básicas: ocupar el centro con peones, activar las piezas y organizar la defensa. Esto último se logra mediante el enroque. En el medio juego se debe obtener supremacía, ya sea de material, espacio, iniciativa, tiempo o posición de ataque. En el final hay que concretar la superioridad, es decir, imponer la rendición, aceptar las tablas o dar jaque mate.
Y la verdad en el ajedrez aparece, en tanto conformidad de las cosas con el concepto que se tiene de ellas,y también como parte y ejercicio de la lucha en el tablero. Según Tolstoi, “la verdad ajedrecística consiste en saber encontrar un orden de jugadas que lleve necesariamente a la derrota del adversario... Porque en la madeja maravillosamente complicada de las posibilidades el hilo tiene muchas puntas a una de las cuales es necesario apresar. Y ahí reside, precisamente, la habilidad: apresar aquella punta que lo conduzca por el laberinto, y cuyo camino se adapte al yo personal.”La verdad es una cualidad necesaria para que un procedimiento cognoscitivo cualquiera resulte eficaz y tenga éxito.
Una de sus premisas es la correspondencia de los principios con los hechos, otra es la coherencia con el sistema empleado, otra, la eficacia.
Lo que cuenta en ajedrez es la posición que hay en el tablero, por tanto, la verdad depende del contexto de cada partida.
Para hallarla el jugador enlaza juicios, calcula y deduce. También recurre a la intuición, entendida como percepción clara e instantánea de la verdad como si se tuviera a la vista. En ese afán, lo que más le satisface es la concordancia de las jugadas con la verdad intuida, lo que normalmente coincide con la belleza del juego y con su corolario principal: la victoria. La intuición ha dado al arte del ajedrez las más bellas combinaciones y ha permitido al ajedrecista sentir el verdadero placer que proporciona el arte...
En ajedrez, como en la vida, la verdad es muy simple… pero se llega a ella por los caminos más complejos...

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