viernes, 23 de julio de 2010

Atrapando al mentiroso...


Hipocresía,corrupción, fraude,estafas, dobles vidas… Tanto en la vida pública como en la privada, vivimos rodeados de engaños. Mentir es fácil, pero las mentiras no duran siempre. Mentir es un acto consciente y deliberado, y no un accidente como a menudo el mentiroso nos quiere hacer creer. Hay dos formas básicas de mentir: la primera es ocultar, y consiste en retener cierta información sin decir nada que no sea verdad. La segunda es falsear, y se basa en presentar la información falsa como si fuera cierta. El ocultamiento es pasivo, mientras que el falseamiento es activo. Desde esta perspectiva, la persona que oculta suele sentirse menos culpable que la que falsea, aunque en ambos casos las consecuencias pueden ser igual de perjudiciales para sus víctimas.
Sófocles afirmaba: “Una mentira nunca vive hasta hacerse vieja”. Porque no se puede controlar ni esconder todas las conductas.
Por lo general, la gran mentira se teje con el tiempo. Se empieza con un engaño banal, al que sigue un segundo engaño algo mayor. No pasa nada, y el mentiroso no es detectado. Esto le da alas para cometer un engaño todavía mayor, en un proceso que no conoce límite hasta que comete algún error y es desenmascarado.
El mentiroso habitual se crece hasta que, creyéndose más listo que los demás, relaja el control y baja la guardia, momento en el que comete un desliz y es descubierto. Y es que la práctica del engaño, así como el éxito reiterado en instrumentarlo, reducirá siempre el recelo a ser detectado.Mentir no es complicado ni es cuestión de "inteligencia". Lo que es complicado es aguantar una mentira en el tiempo. Y es que el que dice una mentira está obligado a decir veinte más para sostenerla, y a tener suficiente memoria para recordarlas. Cuando uno miente, puede tener preparada una buena explicación para quien le interpele, pero va a tener que recordarla porque en el momento menos pensado alguien volverá a preguntar, y al no ser rápidos en la respuesta, quedaremos en evidencia.Además, en el curso de una mentira se suelen improvisar respuestas a preguntas que el mentiroso no había previsto, creando un montón de mentiras adicionales a fin de evitar delatarse.
Así pues, no es fácil que la mentira –especialmente la mentira reiterada– dure siempre. Por ello la mentira nunca vive hasta hacerse vieja, porque el mentiroso no puede controlar ni esconder todas sus conductas. Parece haber también una relación entre el tiempo en que se aguanta una mentira y el número de gente a la que se quiere engañar, ya que a más gente por engañar, más posibilidades hay de cometer un desliz. Como dijo J. F. Kennedy, “se puede engañar a muchos poco tiempo, o a pocos mucho tiempo. Pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”.
La mentira se desenmascara por los errores que comete el mentiroso. Aunque hay verdaderos “profesionales de la mentira” que evitan cualquier signo delator, la mayoría de los embusteros cometen más bien pronto que tarde errores evidentes que desenmascararán su engaño. Y aun en el caso de grandes mentirosos, nadie puede controlar todo lo que ocurre a su alrededor ni evitar que un suceso fortuito le delate.
Hay dos indicios fundamentales del engaño: los indicios revelatorios y los indicios de comportamiento mentiroso. En el primer caso se trata de manifestaciones que se hacen sin querer y que ponen de manifiesto la verdad (por ejemplo, para que una persona x no le llame,el mentiroso le miente afirmando que ha perdido el teléfono móvil, y a los tres días accidentalmente le menciona a esa misma persona haber recibido algunas llamadas de la esposa esa misma tarde,por ejemplo..). En el segundo caso, el mentiroso, sin decir nada que le delate específicamente, se comporta de manera que revela que lo que nos está diciendo no es cierto.
Los indicios revelatorios son más fáciles de controlar que los de comportamiento. Saber lo que uno está diciendo es relativamente fácil, mientras que conocer lo que nuestra expresión verbal o facial revela es complicado. Además, la expresión facial está conectada con zonas del cerebro vinculadas a las emociones, que son de difícil control voluntario.En la voz y en los gestos encontraremos grandes pistas para detectar la mentira. Dentro de los indicadores de voz, pausas demasiado largas o frecuentes, y vacilaciones al empezar a hablar cuando nos interpelan, nos han de poner en alerta. Y dentro de los gestos, un parpadeo inusualmente rápido o la incapacidad de sostener la mirada serán claramente delatores. El mentiroso puede hacer gestos muy elocuentes que contradigan lo que dice o reducir notablemente la gesticulación, señalando que inventa lo que dice.
Es importante tener en cuenta dos aspectos: el primero, que hay gente entrenada a lo largo de los años para mentir que no caerán en los errores obvios. El segundo, que la valoración de todas las expresiones corporales sólo puede hacerse en comparación con el nivel habitual del sujeto: si el sujeto vacila habitualmente al hablar-o no conoce bien el idioma- y no lo sabemos, podemos estar pensando que miente por un comportamiento que es natural en él.
Las pistas que no engañan y escapan del control del mentiroso son las relacionadas con la alteración fisiológica del cuerpo: respiración entrecortada, sudoración, enrojecimiento… pero aun así los mentirosos compulsivos aprenden a no sentir la tensión de estas reacciones.
Y dos puntos más para enterarnos de que se nos miente: sin darse cuenta, el que engaña,siempre da muchas más explicaciones de las solicitadas. Y otra técnica de embuste cotidiano consiste en que el mentiroso cuenta la verdad de forma inverosímil para que no se crea exagerando algunos detalles,y oscureciendo otros.
Y hay tristes consecuencias de las mentiras:
Porque mentir no es neutro y tiene fatales consecuencias para las relaciones. La confianza se teje poco a poco, y se rompe con una sola mentira. Tras una mentira podemos obtener el perdón, pero seremos objeto de sospecha en adelante. Se necesitarán muchas verdades y mucho tiempo para volver a merecer la confianza de aquel a quien se le ha mentido. Como afirmó Nietzsche, "el daño profundo que causa un mentiroso es que destruye de tal modo la confianza en el engañado,que éste puede llegar a desconfiar de la humanidad entera y hasta de sí mismo..."

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