viernes, 23 de julio de 2010

Los iracundos...


Todos hemos sentido ira alguna vez...Aunque hay algunos sujetos insanos que disfrutan con ella buscando emociones intensas para llenar su vacío existencial. Y es que pasa que la ira es un obstáculo distractor de los verdaderos problemas de nuestra existencia,que causa daño y sufrimiento,y que puede adoptar muchas formas: gritos, violencia, respuestas cortantes y tonos hirientes, fumar comprar, comer en exceso, dejar de comer, beber, drogarse, entre otras muchas cosas.
Y de dónde procede toda la ira? Si examinamos esta poderosa emoción, hallaremos que gran parte de la ira realmente procede del miedo que siente el iracundo a no poder controlar el resultado de una determinada situación o las acciones de los demás. Surge de la no aceptación de una situación dada o de la manera en que una persona está actuando, que es diferente de la manera a la que el iracundo actuaría. No entiende por qué los demás no hacen las cosas a su manera. A veces, la ira proporciona a la persona enojada una sensación que la hace sentirse viva. El corazón se acelera y la respiración se hace más rápida. La ira parece crear energía. Algunos disfrutan su ira porque les hace sus nervios listos para entrar en acción y sienten la excitación en el aire,porque se han vuelto adictos a su propia adrenalina,antew el grisor cotidiano de us vidas. No quieren responsabilisarse de su mediocre realidad,y no aceptan que además de la ira, existían formas más productivas de sentirse vivo, y que las consecuencias de querer sentir más ira, en lugar de menos perjudican, mental y físicamente.

Muy frecuentemente culpamos a los demás y a las circunstancias de nuestra ira. Cuántas veces hemos pensado: "Perengano me saca de quicio!"? En realidad, no es la otra persona quien nos ha sacado de quicio, sino nosotros mismos. Posiblemente porque sentimos que la manera en que aquella persona estaba actuando no era la manera en que nosotros habríamos actuado. Suponemos,mal,que esa persona estaba equivocada. Este pensamiento confunde mucho porque es sumamente sutil y por lo general pasa inadvertido y nuestra mente consciente no lo detecta. Un ejemplo típico de cómo nuestra ira se puede basar en el deseo de control puede verse en una frase como ésta, no tan infrecuente: "No puedo creer que ella hiciese eso... Yo en su lugar hubiera...".
No es bueno ni justo que, en vez de aceptar a los demás, tengamos miedo de quienes son diferentes de nosotros. Ese es el círculo vicioso que los iracundos creado y del que no pueden salir. Si alguien actúa o parece diferente,el iracundo lo clasifica y encasilla y afirma que el distinto está equivocado, tal vez porque se viste o comporta de una determinada manera. Pero en realidad el iracundo no se enoja con esa persona porque es diferente, sino que más bien siente envidia o temor porque la persona distinta es lo suficientemente libre para ser ella misma. No tiene miedo a vestir de un modo diferente, a manejar una situación de una manera diferente, a ser exactamente quien es, inmune al control del iraisble.

De algún modo,los sujetos de "mecha corta" todavía esperan que,por ejemplo,sus hijos sean iguales que ellos y, cuando no lo son y desarrollan sus propias opiniones acerca de las cosas,enfurecen.O cuando su pareja o amistades,o el mundo en general da muestras de desobediencia a los designios del iracundo,su ira estalla.
Contraictorios,los iracundos van por la vida amedrentando a los que cometen el error de acercarse a ellos,ya que esos sujetos siempre impedirán a los demás ser independientes y tener sus propias opiniones, porque los sujetos iracundos lo que buscan con sus desplantes,es el control. Por ello,jamás aceptarán a los demás como son y nunca les permitirán que sean lo que sienten necesidad de ser.

La ira puede proceder del miedo, la inseguridad, los celos y la envidia. Las personas iracundas se enojan con los demás porque en alguna parte, en lo más hondo de su psique, inconscientemente, les vieron hacer algo que los iracundos siempre hubiésen querido hacer y que, por una razón u otra, jamás hicieron. Entonces, en vez de celebrar los éxitos de los otros, el sujeto irasible los desprecia y los humilla, porque no puede aceptar la ira que experimenta en su interior por no haber tenido el valor suficiente para llevar a cabo sus propios sueños y deseos. En resumen: Los sujetos iracundos han vendido la libertad de ser ellos mismos y se han sometido a una sociedad mutilante que les dice "esto se hace y esto no se hace".
Al enfrentarnos con nuestra ira y su verdadero origen, podemos enfrentarnos con nuestros propios defectos.Responsabilizarnos de nuestra ira y nuestros actos, y ser honestos con relación a nuestras emociones en vez de echar la culpa a los demás,es lo mejor que jamás podremos hacer por nosotros mismos.
Nadie más que nosotros mismos es responsable de nuestra vida y nuestros actos. Algunas veces el hecho o la palabra que despiertan la ira no son su verdadera causa. Quizás es otra cosa que se halla por debajo de las emociones, enterrada, hasta que algo dicho con toda la inocencia hace que la ira salga a la superficie. Cuando esto sucede, lo mejor que se puede hacer es abordar directamente esa ira para saber de dónde procede.
Aunque no nos demos cuenta de ello, somos los causantes de gran parte de nuestra ira.Hay mucho que aprender sobre esta emoción intensa. Una gran manera de enfrentarse con ella es interrogarnos constantemente y tratar de descubrir en nuestro interior por qué nos sentimos tan irritados con una determinada persona o situación. Después de cada respuesta debemos añadir otro "por qué?", hasta que finalmente lleguemos a la raíz de esa emoción. Una vez hayamos contestado todos nuestros "porqués" podemos ignorar lo que hemos aprendido y continuar enojándonos, y posiblemente acabar con una úlcera de estómago (y muy pocos amigos), o podemos renunciar a nuestros deseos de control, admitiendo que no es posible,ni justo,ni bueno, controlar la libertad de nadie. No hay nada que podamos hacer acerca de cómo piensan y actúan los demás. Y tanto si lo aceptamos como si no, asi está el tema aunque nos enojemos. Así pues...por qué no soltamos el lastre de la ira?
Si no lo soltamos, nuestra ira se incrementará, se volverá hacia el interior y con el tiempo puede que se manifieste en forma de una enfermedad física. Otro punto importante es recordar que no pasa nada si no se entiende una relación o una situación determinada, pero que es imperativo entender que enojarse no servirá de nada para modificarla.
Si descubrimos que nuestra ira tiene su origen en una visión de victimismo paranoide, debemos trabajar para cambiar esta actitud. Incluso la admisión -en silencio y a nosotros mismos- de cómo reaccionamos a determinadas circunstancias es el comienzo del cambio.
Hay una ira que se va cociendo a fuego lento, hasta que de repente algún comentario hace que se vierta,y esa es la ira más dañina. Con ésta ira,a veces basta un comentario y el iracundo pierde los estribos...De qué está realmente enojado? Puede ser hasta por el tono en que se ha dicho. Es un detonador que activó algo en el interior del iracundo que le recordó a su padre o a su ex marido o incluso a un profesor que le hablaba y humillaba con un determinado tono de voz. Por consiguiente, su ira surge realmente de una situación no resuelta del pasado, más que de un problema del presente,así,al estallido de furia presente.se le añade el rencor...
Si el iracundo conserva ira por una situación pasada, no hay manera de enfrentarse con él,ya que el desconcierto emocional que produce su disturbio de la personalidad el los otros es muy lacerante,ya que sus estallidos de violencia puden ser sumamente peligrosos.
Por ello es que la ira es uno de los peores males de la humanidad; porque justamente de esa conducta emocional provoca asesinatos, crímenes pasionales vinculados con relaciones románticas o matrimoniales, violencia física, desenfreno y puede llegar a atormentar la vida de muchos niños que estan en manos de padres iracundos,y sus vidas corren peligro...