sábado, 3 de julio de 2010

Odiar...








No deberíamos acostumbrarnos a las caras del odio, incluso cuando, en ocasiones, entendamos que existen razones que "justifiquen"-si es que es posible- ese sentimiento. Es extraño,que a pesar de su constante presencia, no hay estudios psicológicos,antropológicos, biológicos, genéticos o moleculares que diluciden la génesis de la inquina. La psicología comercial y las religiones han querido entender,para su provecho, muchas de las vetas de ese fenómeno. La primera considera que las frustraciones, las pérdidas, las vejaciones, las humillaciones, los complejos, la pobreza, la falta de cariño y otra serie de avatares son algunas de las caras del origen del odio,y eso puede superarse con algunas horas-euro de terapias. Las religiones dicen orientar al ser humano por los caminos de la fe como antídoto contra el mal y la saña,sin embargo,la mayoría de las religiones impulsan el odio hacia los que no comparten las creencias en sus doctrinas...Cuántas guerras han estallado a causa del odio de los voceros de algún dios por los herejes?... Los teólogos de la Santa Inquisición aseguraban,mientras torturaban a los infieles,y los quemaban vivos, que sin la presencia de Dios todo sería peor... Aseveran aún esos curas,mientras violan a los niños, que la figura de su dios nos hace responsables de la inquina y del sufrimiento ajeno y que su imagen neutraliza un poco algunas de las nefandas actitudes de nuestra especie...
La realidad es que ni los intentos comerciales de los betsellers de psicología casera o de la filosofía del Cosmopolitan (se aboga por Platón y se menosprecia el Prozac,por ejemplo...) ni los hipócritas sermones del cielo han logrado mejorar "un poco" la condición humana, ese término y vivencia tan amplio y tan estrecho, tan claro y tan inentendible. Basta asomarse a la calle y a los periódicos para entender que en el día a día los valores éticos de la humanidad se han olvidado. También han claudicado las ciencias y la tecnología: además de brindar conocimiento y bonanza esas disciplinas deberían haber generado en su caminar algunos medios para modificar los motivos que siembran odio,la destrucción y la muerte por violencia en el ser humano.
La sensatez tendría que indicarnos que los logros de los unos tendrían que ser logros para los otros ("Los unos para los otros", dice el poeta...). Al hablar de los sentimientos, de las pasiones y de la conducta íntima de los seres humanos muy poco -o nada- ha cosechado el conocimiento.... Cómo explicar,por ejemplo,el que los hijos odien a los padres,y éstos se odien entre sí,y a su vez,odien a los vecinos,a los parientes,y todos perfectamente correspondidos en ese detestarse medroso,que logra,por fin, envenenarse la vida individual y colectivamente... Y ese caso basta para ilustrar la condición humana: de victimario a víctima,el caso basta para preguntar: es lícito el odio,está justificado? Si la respuesta es afirmativa la espiral destructiva podría ser infinita... Si la respuesta es negativa "otras vías" tendrían que modificar la génesis de lo que dio pie al rencor. La cruda realidad es que no existen "otras vías". El odio como vivencia se contagia y se propaga con facilidad. Distorsiona la realidad y envenena el ambiente con facilidad. Muta y mata al individuo: de odiador a odiado, de víctima a victimario. Nadie sabe dónde inician los círculos...
De poco sirve lo que se escriba acerca del odio. Su presencia es inmanente y sus vías comunicantes infinitas. Quizás la reflexión y la denuncia atenúen un poco, al menos un poco, la asfixiante sensación que generan las horribles y lacerantes caras del odio. Quizás lo único que queda es escribir estas líneas.
Aunque sea para unos pocos,esos que no desean odiar...