viernes, 23 de julio de 2010

Sujetos de "mecha corta"...



En la Ilíada, Homero nos cuenta como fue que la ira de Aquiles en la guerra de Troya lo lleva al deshonor y la muerte.
Porqué la cólera lleva al deshonor? Porque en los corazones grandes también existe el amor al prójimo y el ser humano puede elegir entre dejarse llevar por la ira o por la compasión.
En las guerras modernas los ejércitos son adiestrados para no dejarse dominar por las emociones, no perder nunca el control y evitar así la ira.Saben que este dominio les da una ventaja a favor del enemigo que está enfurecido.Pero lo cierto es que dejarse llevar por la ira puede hacer cambiar la historia,como fué el caso de Troya.
Los neurólogos nos dicen que la ira proviene de la región del cerebro llamada amígdala, que perten
ece a una zona del cerebro primitivo que registra las amenazas y la percepción del peligro.El lóbulo frontal orbital, desarrollado en el hombre moderno, es el encargado de inhibir la acción de la amígdala.(Esto se ha llegado a demostrar. Por ejemplo, en casos de asesinos violentos a los que se les ha podido detectar la falta de hasta más del treinta por ciento del tejido cerebral frontal).
Así es que la ira lleva a la violencia física y al homicidio. Por ejemplo,Estados Unidos tiene la más alta tasa de homicidios. La ira se ha extendido en toda la sociedad y se producen mil ochocientos ataques semanales en ese pais, convirtiéndose esta situación en un problema serio. Y es que.el estado de ira puede crear una sensación de euforia,de tal modo que algunos perturbados buscan detonantes para mantenerse coléricos,y sentir esa euforia tóxica hasta la destrucción ciega.
Lo cierto es que la ira quema como el fuego. Consume y arrasa todo lo que está a su alcance. Corrosiva como el ácido, destruye nuestras relaciones y aniquila nuestra capacidad de razonar. En su versión más extrema se transforma en violencia y agresividad.



Y en demasiadas ocasiones, tiñe de rojo las páginas de los diarios.

Sin embargo, al ser una de las emociones básicas del ser humano,cumple una función útil para nuestra supervivencia. Es una manifestación de nuestro instinto de conservación, tanto físico como psicológico. Y se pude aprender a canalizar la fuerza que nos proporciona hacia fines más constructivos y menos dañinos,pero es necesario antes comprender cómo funciona.
Como cualquier otra emoción, la ira es una fuente de información. Y si escuchamos atentamente a un iracundo, observaremos que se desencadena en él una reacción de defensa ante un estímulo que escapa a su control y que cree que podría ser una fuente de peligro o de dolor. Es como un mecanismo que se dispara con mucha intensidad proyectando las frustraciones de su vida emocional, y dejándole,luego, un poso de malestar e insatisfacción.
Hija de la frustración y el miedo, la ira suele invadir al iracundo cuando la realidad no se adapta a sus expectativas, a lo que cree que "debería de ser". Y toma el control de la vida del sujeto colérico cuando no es capaz de realizar constructivamente una determinada situación, información o acción. De este modo, el iracundo cotidianamente se enfada por cualquier motivo,vive cabreado,amargado,y basta, incluso en un simple atasco de tráfico para estallar y maldecir las injusticias de las que se cree víctima...
Pero la ira deja señales y destruye más a quien la emite que a quien se dirige, porque al sucederse en la vida del sujeto iracundo las palabras acaloradas y los enfrentamientos encarnizados,esa dosis de adrenalina pura a ritmo de taquicardia,termina por dañar irreversiblemente su salud física y mental. Y esa necesidad de reafirmarse amedrentando a los demás para imponer su criterio a gritos y golpes, sin atender a razones tiene consecuencias...El iracundo,después de sembrar el resentimiento en sus víctimas, se queda solo,detestado y presa de una tremenda "resaca" emocional.
Cuando se entra en una espiral de violencia arrastrados por la ira,los conflictos crecen sin solucion sensata,lacerando y sembrando el resentimiento en los demás. La ira deja cicatrices dificilmente sanables.
Para evitar todo eso,es importante usar l
a comprensión, que es el principal enemigo de la ira.La mejor defensa es no sentirse atacado.
La ira nutre las muchas guerras que se libran en el mundo, incluida la que, en muchas ocasiones, mantenemos con nosotros mismos. Y no podemos aspirar a la paz en este planeta si no nos comprometemos con liberarnos de la esclavitud y la ceguera a la que nos somete nuestra ira. No cabe duda de que la furia desatada puede llegar a destruir aquello que tanto enfado nos genera, pero nos destruye a nosotros mismos en el proceso. Sin embargo, puede prevenirse, evitarse e incluso trascenderse.
Y no se trata de reprimirla, pues terminará por reaparecer con otra de sus mil caras. La clave está en comprender que cada vez que permitimos que nos invada, estamos envenenándonos a nosotros mismos. En vez de canalizar nuestra ira con los demás, podemos darnos espacio para asumir que estamos enfadados. Y preguntarnos: qué ha provocado esta reacción en nuestro interior? Qué ganamos dejando que la ira tome el control? Si logramos responder honestamente a estas preguntas, estaremos un paso más cerca de superar nuestra cólera y conquistar nuestra serenidad.
El espacio que creamos entre un estímulo y nuestra reacción o respuesta es lo que denominamos "consciencia". Requiere entrenamiento diario y supone asumir la responsabilidad de nuestras palabras y acciones, dejando de enfadarnos y de culpar a los demás por todo lo que no nos gusta de nuestra vida. Adoptar esta actitud serena ante nuestras circunstancias nos permite superarnos a nosotros mismos. Y nos brinda la oportunidad de canalizar la tremenda energía que genera el enfado para crear, en vez de para destruir...