sábado, 3 de julio de 2010

Una ética contra el desasosiego....



Hay cosas que parecen y otras que son. Distinguir cabalmente la apariencia de la esencia, lo superficial de lo profundo de la ética, no es fácil.
Pero es importante diferenciar la crítica honesta de la adulación maliciosa, la indignación de la ira, el desdén de la envidia o el rechazo legítimo de la traición. A estas actitudes las distingue únicamente la textura de las emociones, porque la acción ética es siempre racional y responde a una fuerza soberana que la anima,y esa es la buena conciencia. Así lo que en un hombre íntegro es sana indignación, en el mezquino puede ser cólera impotente. Y lo único que nos remite a lo verdadero,son los actos de cada cual.
No hay espectáculo más patético que el que ofrece quien pretende ser lo que no es. Condenándose a la hipocresía y a la mentira se exilia de sí mismo para errar de por vida en un universo ficticio, desconectado de su propia realidad y carente de toda consistencia.
No es fácil vivir dignamente, no. Uno ha de crear su propio camino y dotarle de virtud y altura, lo que implica una renuncia constante a la ventaja y a lo cómodo en aras de la ética, que es algo así como un mapa espíritual para nuestra conducta diaria. Desde luego, resulta mucho más tentador revestirse de una ética aparente y jugar sucio en lo "oscurito", tras el parapeto de la imagen.
Son bastantes los males de la sociedad actual y hay muchas "soluciones senshillitas" que se aportan con un despliegue de frivolidad y estupidez abrumadoras, porque la mayoría olvida convenecieramente, que para recuperar la dignidad y la autoestima de una comunidad y terminar con el nefasto culto al materialismo superficial, lo primero que debe darse,es un paso esencial a la recuperación ética.
Y en qué consiste la ética? Ante todo, en la autenticidad.La transparencia del espíritu, la Verdad. Por lo menos intentar ser idénticos en el pensamiento, la palabra y la obra. No es posible convivir pensando de una manera, hablando de otra y actuando de una tercera.
Habría que citar también la lealtad, como un estilo ético de vida. No puede haber ética en la traición y el engaño, que son las groseras reacciones del ego decadente, como tampoco hay ética en las formas cobardemente blandas con que muchos esconden su pavor a aceptar responsabilidades y mantener unos principios. La lealtad a nuestros principios,a nuestros sentimientos y pensamientos, requiere la mayor bravura porque implica no deponer la firmeza del criterio y la postura, aún ante la injusticia, la violencia y la manipulación. Para muchos, hoy, la lealtad se reduce a algo ridículo, a una mera cuestión de compra-venta de fidelidades sometidas al poder y al interés oportunista, pero para quien bien la entiende llega mucho más alto y más lejos:la Lealtad es el resultado de una ecovisión en la que nada ni nadie se considera aislado del resto ni, por tanto, es susceptible de ser traicionado,engañado,usado y destruido con abstracción del contexto. Es la sabiduría de hacer los nudos de la barca, contra la absurda "astucia" de robarse la soga que la ata al muelle,dejándola así a merced de la marea.
Finalmente, la templanza: esa virtud que modera la pasión y encauza el empuje desbordante de los deseos. Si estos no se frenan, toda ética es ficticia. Nadie está libre de impulsos acuciantes, cuyo oscuro y primitivo origen se esconde en las profundidades del subconsciente. Esa urgencia irracional que nos empuja a apropiarnos de cuanto se nos ocurre, debe ser templada con el ejercicio de la reflexión inteligente. Dar rienda suelta a las fuerzas desatadas del hombre sólo lleva al abuso y a la destrucción. La civilización consiste precisamente en domeñar las fuerzas inferiores con el desarrollo de la razón y otras facultades superiores.
Cierto es que la represión de nuestras pulsiones es traumática e indeseable, pero una convivencia ética obliga a un esfuerzo razonable para someter los oscuros instintos egoístas y potenciar las actitudes generosas.
Esta sociedad decadente ya está dando suficientes muestras de patologías severas ante la necia implantación de la inmoralidad capitalista,, tal vez como una reacción pendular a la hipócrita represión que el sistema de mercado comete sobre lo más bueno y puro del ser humano . Y aunque la ética no puede imponerse, puesto que es una actitud soberana e individual,muchas personas están dejando de oir la hipócrita voz de las corruptas y abusivas Instituciones del sistema.
Y si todo individuo es plenamente libre y capaz para reconciliarse consigo mismo y renunciar al desasosiego de un espíritu a la deriva,puede entonces tomar las riendas de su propia existencia e imponerse una disciplina ética personal, que canalice su esfuerzo hacia metas generosas de bienestar individual y colectivo, recuperando así su dignidad humana.
Paralelamente,al predicar con base en sus actos,y dando el ejemplo en su nucleo familiar y social,la persona ética desplazará el culto a lo aparente y lo corrupto,a la hipocresía y a la mentira que blanquean muchos sepulcros que han de quedar, finalmente, de manifiesto y morirán por sí solos,dando cabida a otro mundo más bueno y más bello...