domingo, 15 de agosto de 2010

La avaricia...




"Dicen que el dinero lo da todo. No es verdad. Se puede comprar alimento, pero no el apetito; medicinas, pero no la salud; un lecho cómodo, pero no el sueño; conocimientos, pero no la inteligencia; apariencias, pero no el bienestar; diversión, pero no el placer; conocidos, pero no la amistad; sirvientes, pero no fidelidad; cabellos canos, pero no el honor; días tranquilos, pero no la paz; Con dinero se puede comprar la cáscara de todo, pero no el grano. Eso no lo da el dinero. "
Arne Garborg
La avaricia nunca tiene llenadero,ya que es ese continuo vivir como pobres por temor a la pobreza. Y es que la avaricia no conoce la satisfacción. Anhela poseer y adora acumular. Experta especuladora, asegura que la felicidad se oculta en la abundancia material. Incluso promete que la seguridad y la libertad viven en una abultada cuenta corriente. Su discurso gana adeptos a lo largo y ancho del planeta, y su alargada sombra se proyecta sobre la crisis económica que estamos viviendo en estos momentos. Sin embargo, la avaricia no cumple ninguna de sus dulces promesas. De ahí que los países con mayor crecimiento económico sean también los que encabezan las estadísticas de suicidios.

Y es que la avaricia convierte a los avaros en esclavos del miedo a perder lo que poseen. Maestra en el arte de crear nuevas necesidades, les lleva a delegar su bienestar en todo aquello que les proporciona el dinero, olvidando lo que verdaderamente se necesita para construir una vida equilibrada y con sentido. Así, en nombre de la avaricia podemos llegar a corromper nuestros valores esenciales como seres humanos. De ahí que en muchas ocasiones, la integridad, la generosidad y la honestidad queden relegadas a un segundo plano cuando se trata de poseer y acumular bienes materiales.


No en vano, la avaricia pone de manifiesto nuestras carencias interiores, que intentamos suplir consiguiendo todo lo que la sociedad capitalista identifica con éxito. Sin embargo, en este proceso solemos perdernos a nosotros mismos. Y es que por mucho que intentemos llenar el vacío con las dosis de placer y satisfacción que nos proporciona el consumo a corto plazo, nunca tendremos suficiente. Si aspiramos a lograr un bienestar interno duradero y sostenible, debemos enfrentarnos a nuestro malestar, cuestionando nuestro sistema de creencias, valores y prioridades.Y es que en ese paradigma de la escasez,la avaricia se nutre del vacío existencial y de la falta de sentido vital,porque lo que en verdad nos hace ricos no es lo que tenemos, sino lo que somos capaces de dar...

Con la finalidad de analizar cuáles eran las consecuencias de la avaricia y de su "némesis", la generosidad, George F. Lowenstein, nieto de Freud y profesor de economía de la Carnagie University , ideó un estudio. El objetivo era determinar de qué manera el bienestar emocional estaba vinculado con la abundancia material. Investigador incansable de la influencia que tiene la psicología sobre la economía y ésta sobre la conducta de los individuos y las organizaciones, convocó a dos grupos de 50 personas para realizar el particular experimento. El especialista en "comportamiento económico" repartió 3.000 euros a cada integrante del primer grupo, con la condición de que debían gastar todo el dinero en ellos mismos. Podían comprarse lo que quisieran.

El segundo grupo recibió la misma suma, pero bajo la premisa de que debían emplear ese dinero en comprar regalos para sus seres queridos. Al cabo de un mes, un equipo de psicólogos realizó entrevistas y tests psicotécnicos a los participantes de ambos grupos para determinar las respuestas neurofisiológicas del experimento. Los análisis concluyeron que el 97% de las personas que se habían gastado el dinero en regalos para otros contaban con ratios de felicidad mucho más elevados que los que lo habían gastado en sí mismos. Así, Loewenstein demostró científicamente que la avaricia es la reina del exceso, y, paradójicamente, vive en la escasez más extrema. No en vano, la persona avara se roba a sí misma la oportunidad de ser generosa.
Y es que lo que nos hace ricos es nuestra capacidad de disfrutar, no los bienes que atesoramos. Tan sólo tenemos que escucharnos para verificar que la filosofía puramente materialista nos genera resultados de infelicidad. Así que sólo se trata de elegir si queremos vivir en el paradigma de la escasez, adorando a la avaricia…o en el paradigma de la abundancia, de la mano de la generosidad...