sábado, 25 de septiembre de 2010

Palabras para cambiar al mundo....




La palabra constituye el armazón de nuestra inteligencia, y conocer el funcionamiento de la palabra, el funcionamiento del habla, nos ayudará a comprender la enorme complejidad del ser humano. Y es que hasta que no sepamos descubrir cómo hablamos no vamos a entender la inteligencia...
Dentro del lenguaje hay codificada una enorme riqueza de información que intenta expresar la estructura afectiva que hay dentro de cada palabra. En todo un campo semántico, emana el campo de los sentimientos. Si prestaramos minuciosa atención a lo que los demás nos dicen realmente encontraríamos cosas muy sorprendentes. Y es que la palabra es el justo punto de unión entre la realidad y la inteligencia.
Y no se requiere ser un filólogo ni hacer "psicoanálisis lingüísticos" para explorar lo que hay detrás de las palabras, sincrónica y diacrónicamente,en su semántica.Y es que en contra de todas las teorías estructurales, fascinadas por la sintaxis, el fenómeno fundamental del lenguaje es la semántica, ya que es la semántica la que presiona para crear nuevo léxico y nuevas estructuras sintácticas para abarcar nuevos campos expresivos.
Y eso pasa porque la estructura fundamental de nuestra conciencia es semántica. Todos nuestros actos son actos de donación de significado, punto en que se unifican psicología,filosofía y filología.

Hay un acto psicológico en el que damos significado a una cosa, y que es el acto inaugural del lenguaje que se da también en la percepción. Cuando yo miro esto y lo percibo no como un rectángulo luminoso, sino como una pantalla de ordenador, y así le estoy dando significado a la percepción, y a partir de ahí de esa interpetación,surge el lenguaje.Cada persona tiene una especie de diccionario psicológico que ha ido asimilando y configurando a lo largo de su vida, cuyos enlaces posiblemente no conoce, pero que sin embargo sabe usar. En ese diccionario el significado de las palabras es un poco liado, pero tiene muchísimos enlaces, no sólo con otras palabras, sino con experiencias, de manera que nuestro diccionario biográfico es un diccionario donde se organizan informaciones de muy diversa procedencia, con una etiqueta léxica que nos sirve para manejarnos. A partir de ahí intentamos hacer un diccionario ideal, que es el de los libros, donde intentamos organizar el rico lío significativo que tenemos cada uno de nosotros, e intentamos precisar una definición técnica. El diccionario oficial de cada idioma es una abstracción de cada uno de los significados vividos que se configuran a lo largo de la vida de una sociedad.Y es que heredamos toda la historia del lenguaje, de manera que en cada una de las palabras no sólo hay ciertos rasgos del significado que se relacionan sincrónicamente con otros significados, sino que también hay rasgos genealógicos, o diacrónicos, que enlazan con la biografía de cada una de las palabras y con nuestra propia biografía. Para conocer bien el significado tenemos que atender a ambos aspectos...La genealogía de las palabras es muy rica, y hasta las confusiones tienen su razón de ser. Esto es algo más que la etimología. Por ejemplo, examinemos la historia de una palabra como "melancolía".
Empieza siendo una parte de la actividad de los humores: melanós jolé, la bilis negra. En la antigua Grecia es una locura furiosa. Uno de los síntomas de la melancolía era que los melancólicos se iban al monte a aullar en las noches de luna, o que de repente creían que no tenían cabeza.
Los médicos griegos proponen una cura: poner a estos enfermos un casco muy apretado en la cabeza, con lo que acaban por darse cuenta de que sí tienen cabeza.
Tenía otro síntoma muy interesante para los filólogos españoles: los enfermos de melancolía creían estar hechos de barro quebradizo o vidrio, y tenían un terrible miedo a qu
e alguien se acercara. Pero luego aparece "El problema treinta", escrito por Aristóteles, donde se afirma que todas las personas excepcionales son melancólicas. La melancolía, que hasta entonces había sido una locura furiosa, pasa a ser una característica del genio. En el Renacimiento, Marsilio Ficino lo recupera, y vuelve a plantear que la melancolía es la esencia de la genialidad. En el barroco se pone de moda, Shakespeare muestra algunos personajes preocupados,como Hamlet,que desea ser melancólico para no pasar por gilipollas. Y Victor Hugo termina por definir la melancolía como el placer de ser desdichado...

Esto es la genealogía del significado de una palabra, si sólo decimos la etimología: melanós jolé, perdemos toda la historia. En la palabra tenemos un precipitado de todo lo que hay detrás, y descubrirlo es una labor absolutamente fascinante.
Y es que todos los fenómenos lingísticos son semánticos... Tienen significado semántico las preposiciones,las interjecciones,los monosílabos, los tiempos de los verbos...Por ejemplo, el subjuntivo no es una categoría sintáctica, sino semántica. Contiene las modalidades del verbo que hemos inventado para expresar fundamentalmente la posibilidad y la irrealidad, mientras que el indicativo es el modo de la realidad. Y lo mismo se puede hacer con las preposiciones... Otro ejemplo, las preposiciones francesas son mucho más ricas que las españolas, porque introducen muchas variaciones en los verbos. Es muy difícil comprenderlas en seguida, cada una de ellas tiene un campo semántico muy complejo pero muy interesante aunque tengan las mismas raíces latinas.Pienso que el futuro de la psicología está en intentar hacer una gramática cognitiva que a partir de los fenómenos semánticos describa el resto de fenómenos lingüísticos y conductuales bajo esa la luz del lenguaje.

Porque la semántica es un fenómeno mucho más radical porque estudia el fenómeno más elemental del lenguaje: dar un significado a un significante. Este acto no se da sólo en el lenguaje sino también en las funciones previas al lenguaje. Por ejemplo, al estudiar la apasionante evolución del lenguaje en el niño se descubre que puede aprender el lenguaje porque antes ha sido ya capaz de crear significados. Estos significados no eran lingüísticos, sino fundamentalmente perceptivos o sentimentales. Al aprender el lenguaje el niño etiqueta léxicamente significados que ya ha constituido o, mediante la incitación léxica, forma significados. Pero el acto de formar un significado es un acto cognitivo, y por lo tanto no hay que unificarlo con el acto estrictamente lingüístico, previo a él en unos casos y posterior a él en otros.La palabra nos humaniza... Nuestra inteligencia no es como la de los animales, claramente innata, sino que necesita del contacto con otros seres humanos para desarrollarse. Ese contacto se da sobre todo a través de la palabra. La palabra estructura nuestra inteligencia y, curiosamente, nuestra voluntad, asunto muy bonito que hasta ahora no parecía que tuviera nada que ver. Sin embargo el niño va construyendo su propia voluntad en el momento en el que aprende a interpretar expresiones lingüísticas de su madre. Es algo maravilloso, porque después va a acabar expresándose a sí mismo.
Nuestra estructura íntima es lingüística hasta el punto de que estamos hablándonos continuamente a nosotros mismos en voz baja, salvo en casos muy específicos en que la voz baja no nos basta y nos hablamos en voz alta: en momentos de tensión...Esta concepción del lenguaje como vehículo imprescindible del pensamiento ha llevado a algunos "científicos" a menospreciar la filología y la psicología,pues han querido ver al lenguaje como una estructura absolutamente autónoma que nos habla a nosotros en vez de nosotros hablarla, perdiendo así,la comprensión profunda del lenguaje. Quizá esos "científicos" sean muy duchos en la comprensión de la sintaxis,por ejemplo, pero han perdido por completo la esencia del fenómeno lingüístico, relacionado con la psique el hablante y con la psique del oyente.El lenguaje es construído por el ser humano en comunicación. El lenguaje es una creación comunal,pero precisamente porque el lenguaje es comunal, no es suficiente con que alguien invente una palabra, sino que tiene que ser usada por los demás como tal o desaparece.
En relación a la idea de Wittgenstein, (o como se escriba) sobre el lenguaje como camino y límite,podemos decir que sin duda nos vemos limitados por el instrumento lingüístico, pero Wittgenstein hizo una descripción verdadera muy superficialmente. Naturalmente que el lenguaje es un instrumento del pensamiento, pero el pensamiento crea, modifica y amplia el lenguaje. Wittgenstein no explica que el lenguaje evoluciona y se van creando nuevas formas de expresión. No se dio cuenta por ejemplo de que las matemáticas son un lenguaje, hecho para ampliar procesos expresivos que el lenguaje natural es incapaz de realizar. O de que en una partitura se describen sonidos con una enorme cantidad de matices, éso es un lenguaje, con su significante y su significado. Es la actividad de la inteligencia inventando nuevos lenguajes allí donde la lengua no llega. El pensamiento empuja al lenguaje más allá del mismo lenguaje.
El lenguaje es un bello ejemplo de la metáfora de la libertad. Durante este siglo ha tenido éxito la idea de que nuestra libertad era espontaneidad absoluta, algo que no se puede someter a nada, y por tanto toda la creación artística debía fundarse en el "yo no respeto nada y no me atengo a nada". Eso es una falsa idea de creación, porque el prescindir de todo tipo de norma o técnica, de todo tipo de referente,no mejora la creación, sino que la empequeñece. Para conseguir el gran poder creador del lenguaje hay que respetar la sintaxis porque es una estructura comunicativa. Si no, no se te entiende. El entrenamiento para lograr una riqueza léxica,y una fluidez fraseológica no está impidiendo la creatividad, al contrario, le está dando bases para después inventar.El lenguaje tiene una función insustituible, no hay otra creación humana que tenga tanta importancia. La literatura es la utilización artística o de calidad del lenguaje con propósito artístico. Dentro de las artes, la literatura no tiene la capacidad emocional de la música, por ejemplo, pero sin embargo tiene una característica absolutamente inimitable: es el tipo de arte transmisor no sólo de emociones sino también de conceptos. Como nuestro contacto con la realidad es sentimental y conceptual, la literatura se convierte en la gran expresión artística de la realidad.
Y justamente por su doble valor sentimental y conceptual dentro de la literatura cobra tanta importancia el ensayo,que no está más acá de la ciencia, sino más allá. Pensar las cosas conceptualmente, como al hacer ciencia, pero expresarlas utilizando todos los recursos lingüísticos, sentimentales, y seductores que tiene el arte literario, es una mezcla deslumbrante porque es la encarnación de lo que es la esencia de la inteligencia humana: la racionalidad poética.
No es sólo racionalidad, porque la racionalidad no inventa, es una actividad poética, es decir, creadora. Ese es el doble mecanismo de la inteligencia, la inteligencia inventiva-poética y la justificadora-racional. Las dos se unen en ese tipo de literatura fascinante y poética que es el ensayo.
Y es que un libro de ética,por ejemplo,describe tipos de comportamiento y esa descripción es,también, una función creadora... Podemos crear arte o una vida hermosa o buena que podríamos llamar: la poética de la acción...


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