lunes, 31 de enero de 2011

Manual del caminante...









1. Al principio del camino hay una encrucijada. Allí puedes pararte a pensar en la dirección que vas a tomar. Pero no te quedes demasiado tiempo, o nunca saldrás de ese lugar. Reflexiona lo necesario sobre las opciones que tienes delante, pero una vez que des el primer paso, olvídate definitivamente de la encrucijada, pues en caso contrario nunca dejarás de torturarte con la inútil pregunta: El camino que elegí era el correcto...?

2. El camino no dura para siempre. Es bueno recorrerlo durante algún tiempo, pero un día terminará, y por eso se debe estar siempre listo para despedirse en cualquier punto. Por mucho que te deslumbren determinados paisajes, o te asusten ciertos trechos donde hay que esforzarse especialmente para seguir en pie, no te aferres a nada. Ni a los momentos de euforia, ni a los interminables días en los que todo parece difícil, y el progreso es lento. Más tarde o más temprano tu jornada habrá llegado a su término...

3. Honra tu camino. Fue tu elección, fue decisión tuya, y en la misma medida en que tú respetas el suelo que pisas, este mismo suelo respetará tus pies. Haz siempre lo más adecuado para conservar y mantener tu camino, y él hará lo mismo por ti.


4. Equípate bien. Lleva un rastrillo, una pala, una navaja. Entiende que para las hojas secas los rastrillos son inútiles, y que para las piedras son inútiles las palas. Sirve saber qué herramienta hay que emplear en cada momento. Y a cuidar de ellas, porque son las mayores aliadas.


5. El camino va hacia delante y hacia atrás. A veces es necesario volver porque quedó pendiente algo, o porque un mensaje que debía haber sido entregado se quedó olvidado en un bolsillo. Un camino bien cuidado permite que puedas volver atrás sin ningún temor y ningún resentimiento.


6. Cuida del camino antes de cuidar de lo que está a su alrededor: atención y concentración son fundamentales. No dejes que las hojas secas del borde del camino te distraigan, ni que la manera como los otros cuidan sus propios caminos desvíe tu atención. Usa la energía para cuidar y conservar el suelo que recibe tus pasos.


7. Ten paciencia. A veces es necesario repetir las mismas tareas, como arrancar las malas hierbas o cubrir los baches que surgieron tras una lluvia inesperada. Que esto no te enfurezca, pues forma parte del viaje. A pesar del cansancio, y a pesar de las tareas repetitivas, ten paciencia.

8. Los caminos se cruzan: las personas pueden avisarte del mal tiempo o prestarte un nuevo mapa... Escucha los consejos, pero toma después tus propias decisiones. Tú eres el único responsable del camino que te fue confiado.

9. La naturaleza sigue sus propias reglas: por lo tanto, tienes que estar preparado para los súbitos cambios del otoño, para la escarcha resbaladiza del invierno, para la embriaguéz de aromas y col
ores de las flores en primavera, y para la sed,la pereza estival y las lluvias del verano. D cada estación aprovecha lo mejor que te ofrezca, y goza sus particularidades.

10. Haz de tu camino un espejo de ti mismo: no te dejes influir en absoluto por la manera como los demás cuidan de sus caminos. Tú tienes un alma que escuchar,y si ni los pájaros quisieran repetir lo que tu alma dice,no te líes,lo importante es liberar tus ideas,dejarlas volar libres al cosmos,como las naves sondas,que un día,quizá dentro de miles de años,encuentren vida en otro planeta,y esa vida,pueda entender la inteligencia y la belleza solitaria y absoluta de la sonda. Que tus historias sean bellas y agraden a todo lo que tienes en torno. Sobre todo, que las historias que cuente tu alma durante la jornada,te agraden a ti,para hacer hermoso segundo de tu caminar...

11. Ama tu camino: sin este principio, nada tiene sentido...