martes, 15 de marzo de 2011

Tres preguntas sencillas ...

La comunicación puede ser traicionera. Es una necesidad básica del ser humano, pero también una fuente de malentendidos y conflictos. No en vano, está sujeta a la interpretación subjetiva de cada interlocutor. Y el espacio que se genera entre aquello que queremos compartir y lo que nuestro oyente entiende es el detonante de infinitas reacciones impulsivas o defensivas, que pueden derivar en agrias discusiones.
A pesar de que construimos nuestras relaciones a través del lenguaje, en demasiadas ocasiones lo que decimos muestra lo que somos y a veces lo que somos no le gusta a los demás,por ello,no siempre hablando se entiende la gente.
Lo que decimos está vinculado con la forma en la que pensamos, según organizamos nuestras representaciones mentales. Cuando alguien dice "me siento como en un pozo profundo", eso es lo que ve en su mente. No sólo es un sentimiento. Nuestras imágenes mentales y el lenguaje que usamos son como uña y carne. Así, al hablar, nos retratamos. Y por ello,nuestras palabras poseen una fuerza especial que puede afectar nuestras relaciones...
Las palabras en sí mismas no son más que símbolos. La palabra "fuego" no quema,la palabra "agua" no quita la sed. La fuerza que tienen está en su uso, en el "para qué" usamos las palabras. Lo que decimos está siempre dentro de un contexto determinado, en el marco de una relación. Es ahí donde adquiere significado. De ahí la importancia de plantearnos qué hacemos con las palabras: ...Amamos u odiamos con ellas? ...Sirven para el encuentro…o para la separación?
Existen muchas distorsiones en la comunicación, porque el mapa no es el territorio,es decir,la palabra no es el sentimiento. Cada persona interpreta las circunstancias de la vida de forma diferente, pero esa interpretación no es una única verdad, sino un mapa, una representación personal. Nos cuesta mucho entender que los demás no ven, creen, ni sienten lo mismo que nosotros, lo que da pie a múltiples presuposiciones. Y éstas, en muchas ocasiones, derivan en malentendidos. También hay que tener en cuenta que nada distorsiona tanto como la interpretación que hacemos de nuestro vínculo con el otro. Y es que la comunicación está siempre filtrada por nuestra percepción, que a su vez está condicionada por nuestro estado de ánimo.
Pero resulta que continuamente estamos co-creando nuestra realidad mediante el lenguaje. Eso que llamamos realidad acaba siendo una construcción relacional, algo que acordamos más allá de los hechos. Al ser seres narrativos, necesitamos el lenguaje para poder explicar a los demás y a nosotros mismos todo aquello que sucede, lo que sentimos y vivimos. Aunque la experiencia antecede al sentido, necesitamos las palabras para entender el mundo que nos rodea. Por eso la realidad, la de cada uno, acaba siendo una construcción o co-creación determinada por el lenguaje, más allá de las circunstancias particulares.
Y es que nuestros pensamientos predisponen la experiencia que vivimos. Porque el mundo que percibimos a través de nuestros sentidos no es neutro. Está esculpido acorde con nuestras creencias, nuestro condicionamiento y nuestros pensamientos, que nos llevan a dar una interpretación determinada a lo que percibimos. Y esta interpretación determinará nuestra experiencia. Aún así, existen hechos, contingencias y accidentes que escapan a nuestro control, que existen o se producen más allá de lo que podamos pensar. Entonces lo que determina nuestra experiencia es la relación que establecemos entre lo que sucede y lo que pensamos sobre lo que sucede. A eso lo podemos llamar también co-creación.
Por esa razón,si mejoramos nuestro nivel de atención podremos comunicarnos más conscientemente: si escuchamos o leemos con atención,cuidadosamente, sin que en el proceso interfieran nuestras ideas previas o nuestros prejuicios sobre aquello que nos dicen seremos capaces de captar no sólo lo que nos dicen, sino lo que nos quieren decir ,es más probable que entendamos los mensajes del otro.
Pero sobre todo, es fundamental ser conscientes de lo que nosotros decimos y de cómo lo decimos... Para ello es importante hacernos tres preguntas antes de abrir la boca,y estas son:...
1.Qué quiero decir?
2.Cómo lo voy a decir?
3.Para qué lo voy a decir?
Tres preguntas que también se pueden aplicar a lo que nos dice nuestro interlocutor: qué quiere decirnos,cómo lo está diciendo y para que nos lo dice?...y las respuestas sinceras nos darán el ámbito,el contexto para construir el puente de la comunicación basada en la empatía y la confianza.
Si decidimos asumir la responsabilidad de una relación, tomando consciencia de nuestros patrones de conducta y mostrando empatía y asertividad, tendremos la maravillosa oportunidad de compartir y compartirnos verdaderamente...