lunes, 8 de agosto de 2011

Conociendo a los otros...


Toda persona es un ser social, abierto a los demás. Para cualquier persona, los otros son una parte importante de su vida. Su realización plena como persona está indefectiblemente ligada a otros, pues todos sabemos que la felicidad depende en mucho de la calidad de nuestra relación con quienes componen nuestro ámbito familiar, laboral, social, etc.

Sin embargo, no puede olvidarse que el modo de relacionarse con los demás,es sólo un reflejo de la manera en que la persona se relaciona consigo misma: es la forma en la que se mantiene una conversación en la propia interioridad, la que se refleja o proyecta en nuestra relación con los demás y con el entormo,pues de ese diálogo íntimo que se produce de forma espontánea con ocasión de las diversas vivencias o reflexiones personales es que toda persona hace un continuo que estructura su realidad.

Y ese diálogo interior puede ser estéril o fecundo, destructivo o constructivo, obsesivo o sereno. Dependerá de cómo se plantee, de la clase de persona que se sea. Si uno tiene un mundo interior sano y bien cultivado, ese diálogo será alumbrador, porque proporcionará luz para interpretar la realidad y será ocasión de consideraciones muy valiosas en nuestra interpretación de lo que los otros son y significan en nuestras vidas. Si un
a persona, por el contrario, posee un mundo interior oscuro y empobrecido, el diálogo que establecerá consigo mismo se convertirá, con frecuencia, en una obsesiva repetición de problemas, referidos a pequeñas incidencias perturbadoras de la vida cotidiana: en esos casos, el mundo interior deja de ser un laboratorio donde se integran los datos que llegan a él, y se convierte en un disco rayado que repite obsesivamente pensamientos lesivos y conductas destructivas que dañan nuestra afectividad y la de los otros.
La relación con uno mismo mejora al ritmo del grado de madurez alcanzado por cada persona,y eso se proyecta en nuestra relación con los otros.Es saludable que las valoraciones que hace una persona —tanto sobre su propia r
ealidad como sobre la ajena— sean valoraciones realistas, Y es necesario tener cuidado de no caer fácilmente en esas idealizaciones ingenuas que luego, al no cumplirse, producen un gran desencanto. Es importante tener un diálogo interior sereno y objetivo, de modo que ni nosotros mismos, ni los demás nos sorprendan y nos desconcierten de modo doloroso. . Mantener una relación consigo mismo, a un tiempo cordial y exigente,nos hace ser más lúcidos para solucionar problemas y más tolerantes con los otros. Al zanjar nuestros conflictos interiores, las preocupaciones encontrarán la solución adecuada,al mismo tiempo que aumenta la confianza en nosotros mismos, y si alguna vez nos equivocamos no nos hundiremos en la frustración ni perderemos el equilibrio interior. Y por lo mismo,nos liberaremos,y liberaremos a los otros,de la culpa.
Y pasa que cuando ese diálogo interior de que hablamos
se converte en una fuente de autorreproches,o autocmplacencias y autoengaños,surgen muchos problemas por no valorar las cosas en su justa medida —al sí mismo, a los otros,y a toda la realidad que le rodea—,y es entonces que los pensamientos se vuelven ideatorios neuróticos que crean falsas expectativas que, al no cumplirse, provocan conflictos interiores y profundas dificultades de relación con los demás.
Una persona equilibrada tiende a mirar siempre conobjetividad y prudencia,pero con afecto y tolerancia, la propia vida y la de los otros. Contempla toda la realidad que le rodea con bondad e inteligencia, porque quien ve con cariño al mundo, descubre siempre algo bueno en el espectro de su visión. La persona que amplia y enriquece su interior de esa manera, damplia y enriquece su amor y su conocimiento, se hace más optimista, más alegre, más humano, más cercano a la realidad, tanto a la de los otros, como a la demás vida que pulsa en el mundo...

Y para iniciar ese dialogo interior,es básico hacerse unas preguntas: por ejemplo, puedes mirarte a ti mismo como si fueras otra persona,o "ponerte en los zapatos de otro"? , Puedes definir, por ejemplo, el estado de ánimo en que te encuentras, tu carácter, tus principales defectos o cualidades?
Pensar en cómo ha trabajado la mente ante esas preguntas es específicamente humana. Los animales no la poseen. Esa autoconciencia nos permite evaluar y aprender de nuestros propios procesos de pensamiento. Gracias a ella, también podemos crear, reforzar o rechazar o modificar nuestros hábitos personales, nuestro carácter, nuestro modo de reaccionar ante las cosas. Usar con acierto de este privilegio humano nos permite examinar las claves de nuestra vida: conocerse a uno mismo nos permite convertirnos en los arquitectos de nuestro propio destino. Vivir en esa autenticidad nos da la oportunidad de ser fieles a lo mejor de uno mismo, de vivir la propia vida como protagonista y no como un mero espectador,o peor aún,un títere de los otros.

Por eso la psicología y la filosofía han tratado con profusión sobre el conocimiento propio, subrayando siempre la dificultad que encierra profundizar en él.Pues conociendonos a nosotros mismos,podremos conocer un poco a los otros,aunque si ya resulta siempre muy complejo reconocerse a uno mismo en las diversas facetas de la propia personalidad,más trabajo nos costará reconocernos en los otros.
El autoconocimiento supone siempre una labor ardua y que, en cierta forma, no acaba nunca. Nunca acabaremos de conocernos del todo: el ser humano tiene algo de misterio, siempre hay algo de él que se le escapa, que va más lejos de su propia inteligencia. Y cuando dirige su mirada hacia sí mismo, muchas veces tiene que dejarse llevar por suposiciones. Intuye la dirección por donde debe dirigirse a la meta, pero con frecuencia desconoce la realidad misma de la meta. Podríamos decir que tiene de sí mismo un conocimiento progresivo. Porque tampoco sería cierto hablar de desconocimiento. Quien se esfuerza por conocerse, lo logra.

Y son precisamente las circunstancias de dificultad, si se saben afrontar juiciosamente, las que puede dar lugar a marcos de referencia nuevos, a cambios fecundos en el modo de entender la propia vida, cambios a través de los cuales podemos ver al mundo, a los otros y a uno mismo de un modo mucho más humano.Y si,requiere mucho esfuerzo,y mucha constancia,y esto es aplicable a la vida personal, a la vida familiar, a la profesional o a la amorosa,pero la historia apenas conoce casos de grandeza, de esplendor, o de verdadera creación, que hayan tenido su origen en la comodidad,en la costumbre, o en la vida fácil del pequeño burgués.
Saber ver en los demás nuestras propias virtudes,o carencias,nos deja una enseñanza de gran sabiduría...