jueves, 26 de enero de 2012

Paciencia...

A veces las prisas nos impiden disfrutar del presente. Disfrutar de cada instante sólo es posible con unas dosis de paciencia, virtud que podemos desarrollar y que nos permitirá vivir menos estresados. La paciencia nos permite ver con claridad el origen de los problemas y la manera serena de solucionarlos.
La paciencia no es pasividad ante el sufrimiento,ni aguantarse por cobardía o pereza:La paciencia es fortaleza y serenidad paa tolerar el dolor y superar las pruebas difíciles de la vida.
La paciencia es entonces esa virtud gracias a la que podemos resistir con ánimo sereno los males y los problemas de la vida, y nos da la lucidéz para buscar soluciones y alivio de los daños.
Y es que la paciencia no es un no reaccionar, ni un simple aguantarse:sino que es,entonces, una mezcla de serenidad,lucidéz y fortaleza espiritual.
Identificamos así nuestra fuerza de voluntad,y carácter,para mantener la fidelidad a nuestros principios en medio de las persecuciones,crísis y tiempo, y es el fundamento de la grandeza de animo y de la alegría de quien está seguro de hacer lo que le dicta su propia conciencia.

La persona paciente tiende a desarrollar una sensibilidad que le va a permitir identificar los problemas, contrariedades, alegrías, triunfos y fracasos del día a día y, por medio de ella, afrontar la vida de una manera optimista, tranquila y siempre en armonía.
La paciencia es por todo ello,un rasgo de personalidad admirable. Porque las personas que tienen paciencia saben esperar con calma a que las cosas sucedan cuando sea su tiempo,en las más antiguas enseñanzas de los agricultores,los cazadores,los astrónomos y las más modernas de los científicos y los creadores de arte...
Es necesario tener paciencia con todo el mundo, pero, en primer lugar, con uno mismo...Paciencia también con quienes nos relacionamos más a menudo, sobre todo si, hemos de ayudarles en su formación,o en su enfermedad. Hay que contar con los defectos de las personas que tratamos –muchas veces están luchando con empeño por superarlos-, quizá con su mal genio, con faltas de educación, suspicacias... Y es que la impaciencia podría hacernos faltar a la caridad, romper la convivencia o hacer ineficaz nuestro interés en ayudarlos. La reflexión nos ayudará a ser pacientes, a espera el tiempo necesario para nuestra meta, a sonreír, a dar una respuesta inteligente ante cualquier impertinencia,paciencia que podrá hacer que nuestras palabras lleguen al corazón de esas personas...

También es bueno tener paciencia con aquellos acontecimientos que llegan y que nos son contrarios: la enfermedad, la pobreza, el excesivo calor o frío,el exilio,el paro.o la soledad...y los diversos líos que se presentan en un día corriente: el teléfono que no funciona, el trafico pesado que nos hace llegar tarde, olvidos frustrantes,visitas que se presenta en el momento más inoportuno,y hasta salar de más la comida... Son las adversidades cotidianas, quizá no muy graves, que nos pueden causa que sobre-reaccionemos con enfados y mal humor,causándonos una falta de paz y una pérdida de alegría. Y la vida se hace de esos pequeños momentos,y será triste vivir contínuamente exasperados...por eso es mejor tener poner al mal tiempo buena cara y armarse de paciencia...