lunes, 20 de febrero de 2012

Medio pan,y un libro...


Las bibliotecas libertarias son espacios esenciales, para el fomento de la lectura, para el acceso a la información y para la formación permanente. Integradoras, democráticas, accesibles, son piezas fundamentales para la generación de ese mundo nuevo,igualitario y libre que deseamos. Ampliar la cultura en los pueblos sometidos los cambiará en pueblos fuertes. Claro que es muy difícil promover la lectura y el amor y respeto a los libros dentro de un país sin tradición bibliotecaria,y donde el estado hace apología de la ignorancia supina ...Pero justamente por eso, no desistamos ahora, que son más necesarias que nunca estas bibliotecas, de realizar esa labor formativa en nuestra gente más necesitada.
Muestro aqui un discurso admirable,que Federico García Lorca dijo en la inauguración de la pequeña biblioteca de su pueblo, Fuente Vaqueros (Granada), en septiembre de 1931. Estamos en el siglo XXI y su discurso es totalmente vigente.Éste es:

"...Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, y está muy agusto, de inmediato recuerda a las personas que quiere y se lamenta de que no estén a su lado en esos momentos placenteros. ..." Lo que le gustaría esto a mí hermana,o a mi padre", piensa, y no goza ya del evento sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa,ya que eso sería algo egoísta, sino que siento pesar por todas las personas que por falta de pesetas y miedo a la autoridad religiosa o del estado,tienen la desgracia de padecer la ceguera de la ignorancia. No gozán del supremo bien de la belleza que es vida y su bondad y su serenidad y su pasión...

Es debido a eso que no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí muy honrado y muy contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada ...ado en esos momentos placenteros. ..." Lo que le gustaría esto a mí hermana,o a mi padre", piensa, y no goza ya del evento sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa,ya que eso sería algo egoísta, sino que siento pesar por todas las personas que por falta de pesetas y miedo a la autoridad religiosa o del estado,tienen la desgracia de padecer la ceguera de la ignorancia. No gozán del supremo bien de la belleza que es vida y su bondad y su serenidad y su pasión...
Y es que no sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle,o en prisión, no pediaría un pan; sino que pediría medio pan y un libro... Y critíco severamente desde aquí a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas, sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales, que es lo que los pueblos piden a gritos.

Bien está que todos estén bien alimentados, pero mucho mejor es que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano,porque lo contrario sería convertirlos en máquinas al servicio del estado, sólo esclavos mal asalariados de una terrible organización totalitaria.
Yo tengo Mucha más pena por un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento... Porque un hambriento calma su hambre fácilmente con un pedazo de pan duro o con una fruta regalada, pero un hombre con ansia de saber y que no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ...dónde están esos libros?
Libros! ...Libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que los pueblos deberían exigir como piden pan o como anhelan la lluvia para germinar las sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa,aunque Lenin lo niegue, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedia socorro por carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedia fuego, tenía terrible hambre y no pedia una sopa... pedia libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida...
Ya dijo el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República deberia ser la Cultura... Cultura porque solo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate un pueblo tan falto de luz... ".
Federico García Lorca.