miércoles, 28 de marzo de 2012

Los indiferentes...



Así como el desprendimiento saludable, es signo de equilibrio mental y emocional, la indiferencia es un error ético de nuestra razón,y conduce al egoísmo,a la anestesia afectiva,a la aridéz emocional y a la apatía social.
La indiferencia de la que hablo es distinta al "no-hacer"  (esa disposición del ánimo propuesta por los epicúreos, estoicos,escépticos,o budistas, mediante la disminución de la intensidad de sus pasiones para alcanzar la imperturbabilidad  del alma).  Me refiero a la indiferencia que  es una actitud neurótica, y a menudo  conlleva a una egoíca actitud de insensibilidad auto-defensiva, que atrinchera el yo de la persona por miedo a ser menospreciado, desconsiderado, herido, puesto en tela de juicio o ignorado.
 Entre mayor sea la indiferencia,mayor también será la fragilidad del ego narcisista que recurre a esa actitus para  endurecerse psicológicamente, impidiendo la identificación con los problemas y duelos ajenos, frustrando las potencialidades de afecto y compasión, acorazando al minusválido  yo reduciendo al individuo al aislamiento interior, por mucho que la persona en lo exterior finja ser muy sociable o incluso simpática. Hay buen número de personas que aparentan  relaciones de empatía y encanto y, empero, son totalmente indiferentes en sus sentimientos hacia los demás.
A veces la indiferencia sólo es una máscara tras la cual se oculta una cobardía mórbida,esto es que el sujeto se autodefiende por miedo al dolor o porque no ha visto satisfecha su necesidad de cariño o por comodidad o pereza de no mover un dedo por los otros, sea de modo consciente o inconsciente,  recurre a esa autodefensa, como otras personas recurren a la de la autoidealización o al afán desesperado de demostrar su valía o cualquier otra "solución" patológica. Estas autodefensas degeneran,comunmente,en la apatía,la falta de emoción, motivación o entusiasmo. Es un término psicológico, el estado de indiferencia clínica se diagnostica como trastorno de identidad disociativa, en el que el individuo pierde tono y energía en su vida emocional y social...
Pero también la indiferencia está asociada a una actitud de prepotencia o arrogancia. Esta insensibilidad moral para resguardar la importancia que nos atribuimos a nosotros mismos,o a nuestra egoísta  comodidad,puede llevarnos hacia situaciones aberrantes e injustas con los demás, o incluso con uno mismo ya que conduce al cinismo,a la apatía, a la decidia y a la deshumanización...
Hay quienes sólo son indiferentes en la apariencia y se sirven de esa apariencia indiferente para ocultar, precisamente, su labilidad psíquica; otros han incorporado esa actitud a su personalidad y la han asumido de tal modo que destruye sus sentimientos de identificación con los demás y los torna insensibles y fríos, ajenos a las necesidades de sus semejantes. También está el sujeto que se obsesiona demasiado por su ego, el ególatra,al que todo no que no sea él mismo, se le vuelve indiferente al fijar toda su atención,o libido, dirían los psicoanalistas en su propio yo.
Unas veces la indiferencia sirve como evasor psíquico para compensar las resquebrajaduras emocionales,pero cuando esta actitud o modo de ser prevalece, la persona tiene muchas dificultades en la relación humana, aunque también,en un círculo vicioso, ese sujeto, al tener muchas dificultades en la relación humana opta neuróticamente por la indiferencia, lo que irá en grave detrimento de su salud emocional,sofocándo su propia  sensibilidad, que es la quintaesencia de lo vital y de nuestras potencialidades más elevadas, confundiendo esa sensibilidad con la sensiblería, la pusilanimidad o la susceptibilidad melodrámatica.
Esta autodefensa que es la indiferencia se conforma ya en la adolescencia, como una especie de supervivencia psíquica, porque las figuras parentales han hecho creer al niño que padece un exceso de vulnerabilidad en el mundo y lo han entrenado en el individualismo egoísta... Para ir superando este error psicológico y moral que es la indiferencia, la persona tiene que salir de sí mismo e interesarse en los demás, y no seguir mutilando su consciencia ética y afectiva...


Recapacitemos:  La indiferencia,es una actitud que nos zombifica,nos convierte en manadas de seres que no sienten,y eso es lo que está haciendo mas daño en el mundo,que las enfermedades de la pobreza,o los crímenes del capitalismo...