domingo, 11 de marzo de 2012

Somos el 99%...











El régimen de partidos burgueses no es más que una fachada de seudodemocracia bonita para la dictadura del capital. Y la crisis actual del sistema capitalista permite evidenciar, una vez más, que Marx tenía la razón. Su obra, su pensamiento revolucionario están hoy más vigentes que nunca antes. El pensamiento débil, posmoderno, progre, no ha podido ni tan siquiera comprender la situación que vive el mundo actualmente, mucho menos explicarla y, peor, encontrar las vías para la transformación revolucionaria de la sociedad. No puede ser de otra forma, porque, en definitiva, a esos intelectuales de cafetín, representantes de ese pensamiento, investidos de una vanidad que raya con la prepotencia, los mismos que exaltan todo lo correcto, lo ligth, que abogan por el fin de las ideologías y de la lucha de clases, solo les interesa su prestigio como engranes al servicio del poder dentro de las instituciones académicas universitarias. Igual sucede con los sociólogos, fundamentalmente los abiertamente puestos del lado de la burguesía y el imperialismo, quienes prestan servicios a quienes les pagan sus sueldos...Marx, en esta época en la que no hay salidas éticas, tiene total vigencia con su Manifiesto Comunista, para hacer un analisis profundo de la sociedad capitalista,con sus categorías usadas por el marxismo de clase social, plusvalía, trabajo asalariado, aunque hoy se diga que estamos frente a economía que ya no está basada en el trabajo productivo.
El "Manifiesto Comunista" es el documento más actual para entender lo que está sucediendo hoy en día. Aunque fue escrito hace casi 165 años, el Manifiesto describe de manera brillante el mundo capitalista que vemos hoy, incluso más que la situación que existía en 1847. Si uno se molesta en leer cualquier texto burgués de aquella época, verá que no tiene más que un interés puramente histórico. El Manifiesto en cambio describe en detalle la dominación aplastante del mercado mundial, las crisis periódicas del sistema capitalista, el surgimiento de la clase trabajadora, la concentración de los medios de producción, etc.
Las categorías marxistas son, si cabe, más vigentes hoy en día que en la época de Marx, cuando realmente el sistema capitalista mundial estaba en su infancia. A los que afirman que la economía capitalista ya no se basa en el trabajo productivo habría que pedirles que se paren a pensar en las cosas que les permiten funcionar durante un día de su vida. Quién y cómo se produce la cama donde duermen, las cobijas que les abrigan, las paredes, ventanas y techo que les protegen de la intemperie? ...De dónde sale la comida que le alimenta, la energía con la que la cocinan, el horno y los fogones dónde la transforman en deliciosos platos? ¿Quién produce el auto o el transporte colectivo que les lleva a su lugar de trabajo y quién lo conduce? Podríamos seguir...
En cuanto al papel de las tecnologías de la información y la comunicación, nada de ello entra en contradicción con el análisis marxista del capitalismo. Marx y Engels explican como “la burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción”. Las nuevas tecnologías se aplican a la producción para aumentar la productividad del trabajo, el conocimiento por el conocimiento no tiene ningún valor bajo el capitalismo sino encuentra una aplicación en la producción de mercancías.
Si hablamos por ejemplo del desarrollo de programas de software, esto lo hacen trabajadores que generalmente trabajan para grandes multinacionales y que reciben un salario a cambio de su fuerza de trabajo. Aunque trabajen delante de una pantalla de computadora y con un teclado, en lugar de apretar tornillos en una cadena de producción, igualmente son trabajadores asalariados de los que se extrae plusvalía. El producto final de su trabajo quizás no se puede tocar físicamente, pero igualmente es una mercancía, en la medida que tiene un valor de uso y un valor de cambio y se vende en el mercado capitalista.
En el contexto de la aguda crisis económica a la que se enfrenta el sistema capitalista, ya no son sólo los marxistas los que reclaman la validez de los análisis de Marx, sino que también los estrategas más inteligentes de la burguesía se ven obligados, a regañadientes, a reconocer su validez.


Y darse cuenta de que es posible superar un sistema basado en relaciones mercantiles y en el trabajo asalariado...No solamente es posible sino que es necesario y urgente.
Las fuerzas productivas que ha creado el capitalismo se rebelan contra los límites impuestos por la propiedad privada de los medios de producción y el Estado nacional. La actual crisis económica ha provocado la destrucción de 27 millones de puestos de trabajo, llevando el total a 200 millones de desempleados. Dos cientos millones de hombres, mujeres y sobre todo jóvenes condenados a la inactividad, no porque no existan necesidades humanas que cubrir, sino porque los capitalistas, la minoría que es propietaria de los medios de producción, no
encuentran un mercado para transformar mercancías en beneficios.Sobre la base de la planificación democrática de la economía sería posible resolver de un plumazo los problemas de hambre, enfermedad, desnutrición, falta de acceso a agua potable, desempleo y pobreza extrema que afectan hoy a cientos de millones de personas en todo el mundo. El único obstáculo es el capitalismo, que se basa no en satisfacer las necesidades de la mayoría, sino en el lucro privado de una minoría. Para superar este obstáculo es necesar
io expropiar los medios de producción y el capital para ponerlo al servicio de la población.
Ese sería el primer paso hacia una sociedad basada no en la necesidad sino en la abundancia y progresivamente la eliminación el dinero y las relaciones mercantiles, lejos de ser un instrumento de dominación y explotación se convertirían en un mero mecanismo de control administrativo, para finalmente desaparecer por completo...Desde un punto de vista marxista, toda lucha de clases es una lucha política. Lógicamente, existe hoy en día una amplio rechazo a la “política” en general por parte de jóvenes y trabajadores que entran en la arena de la lucha justamente repugnados por el espectáculo de políticos tanto de derechas como de “izquierdas” que siguen fundamentalmente las mismas políticas y todos afectados por escándalos de corrupción. Este es un rechazo sano y saludable. Pero hay que ir más allá. La política no es más que la lucha por los intereses propios y colectivos de los trabajadores y los oprimidos como clase en oposición a los intereses de los capitalistas como clase.
Desde el punto de vista de la clase dominante, la política se limita a ofrecer a los trabajadores la posibilidad de votar cada cierto tiempo por un partido u otro, pero en última instancia todas las decisiones importantes se toman en los consejos de administración de los grandes bancos y empresas. Esa es la política burguesa. Desde el punto de vista de los trabajadores, la política debería ser la lucha por avanzar los intereses diarios y concretos de la clase oprimida, y la vinculación de esa lucha con el objetivo general de tomar el poder político para poner fin al régimen capitalista de explotación...La indiferencia hacia la política en realidad es muy útil a la clase dominante, pues si los trabajadores y trabajadoras no participamos políticamente, defendiendo nuestros propios intereses, entonces dejamos la política en manos del enemigo. Lo que es necesario es organizarse y que las organizaciones de la clase obrera militante,respondan realmente a sus intereses.
Ese reformismo es básicamente la idea de que el sistema capitalista se puede ir mejorando, con pequeños parches y reformas, hasta llegar a transformarlo por completo. Eso plantea el reformismo clásico, del dirigente de la socialdemocracia alemana Bernstein,que vivió su época dorada durante el boom de la posguerra en los países capitalistas avanzados,con mejoras de las condiciones de vida de la clase trabajadora, en lo que se llamó el Estado del bienestar. Salud y educación gratuitas para todos, viviendas sociales baratas, segurY tampoco confiarnos con el reformismo que plantean los políticos al servicio de los burgueses o de desempleo generoso, pensiones de jubilación dignas, baja de maternidad, guarderías infantiles públicas de calidad, etc. Todo eso fue posible debido a la lucha y la organización de la clase trabajadora que produjo un largo período de crecimiento económico en los países capitalistas avanzados. Eso fortaleció la dominación de las ideas reformistas en el movimiento obrero de esos países. Sin embargo, las crisis capitalistas de 1973 y 1979, pusieron fin a esa época...Y el capitalismo ya no quiso conceder ni siquiera algunas migajas que sobraran de la mesa del patrón. Empezó toda una época de neo-reformas y contra-reformas y ataques que han ido destruyendo gran parte de las conquistas del pasado. Incluso cuando los partidos social-demócratas han llegado al poder no han aplicado políticas reformistas. La actual crisis del capitalismo pone de manifiesto, incluso de manera más aguda, la imposibilidad de conseguir reformas significativas y duraderas en el marco de un sistema senil.
En este período “neo-liberal” las políticas de austeridad no están motivadas por criterios ideológicos sino por la codicia de la clase dominante.
Y ahora los revolucionarios de la izquierda real luchan por defender las reformas que mejore las condiciones de vida, de trabajo y los derechos democráticos
de la mayoría. En su obra clásica “Reforma o revolución”, la gran revolucionaria alemana Rosa Luxemburgo lo explica claramente:
“La lucha cotidiana por las reformas, por el mejoramiento de la situación de los obreros en el marco del orden social imperante y por instituciones democráticas ofrece a la Socialdemocracia el único medio de participar en la lucha de la clase obrera y de empeñarse en el sentido de su objetivo final: la conquista del poder político y la supresión del trabajo asalariado. Entre la reforma social y la revolución existe, para la socialdemocracia,
un vínculo indisoluble. La lucha por reformas es el medio; la revolución social, el fin.”
Lo que diferencia a revolucionarios de reformistas pues, es el que los reformistas piensan que sea posible reformar el capitalismo, mientras que los revolucionarios estamos convencidos que el mismo debe ser abolido de manera revolucionaria. Se dice que las ideas revolucionarias fueron siempre utópicas, y que hoy en día lo son todavía más.
Pero veamos: La clase dominante, lo es en virtud de su propiedad de los medios de producción,y se dota de un Estado (“cuerpos de hombres armados en defensa de la propiedad privada” como dijera Engels), para defender esa dominación. El poder estatal es parte integrante de la dominación capitalista. El poder económico no se puede separar del poder político.
La idea de que uno puede simplemente “salirse” del capitalismo, como la de los neozapatistas y Marcos,por ejemplo,y crear “espacios liberados” o “autónomos” en los que el capitalismo cesa de existir, y que de alguna manera esos espacios se van a extender hasta que el sistema capitalista no pueda ya funcionar, refleja una profunda incomprensión del carácter de fondo del sistema capitalista.
Además de tener muchos puntos en común con el gradualismo reformista, es una concepción inoperante. Argumentan que si convencemos a una mayoría, mediante el ejemplo voluntarista de unos cuantos, de que se puede vivir “fuera del capitalismo”, entonces el resto nos seguirá. Sin embargo las cosas no son tan simples porque el capitalismo no es un modo de vida, sino un conjunto de relaciones sociales y de poder y eso es lo que hay que transformar para poner fin al mismo...
La lucha de los campesinos indígenas de Chiapas es sin duda heróica, y su levantamiento dió voz a todos los oprimidos de México y mucho más allá. Sin embargo, la estrategia zapatista ha quedado desacreditada al renunciar a la lucha social,y volverse una especie de ong que sólo busca una autonomía cultural limitada en una parte del país. Los jóvenes de las comunidades zapatistas siguen siendo obligados a emigrar para encontrar un sustento y las niñas son vendidas por sus padres a cambio de 5 gallinas y una botella de aguardiente. Los neozapatistas se olvidaron de los millones de trabajadores y pobres de México.
Lo mismo sucedió con la lucha contra el fraude electoral a López Obrador en el 2006.Que fué uno de los movimientos más importantes que han visto los oprimidos en México en mucho tiempo, y que degeneró en una farsa electoral burguesam cuyo líder olvidó su compromiso con los pobres,y ahora hace genuflexiones a los que antes llamó la mafia en el poder,al monopolio de televisión que urdió el fraude al pueblo,al papá de iglesia católica,protector de curas pedófilos,y a los empresarios trasnacionales que han destrozado al pais, deseando que los "espurios" le perdonen su rebeldía de años atrás.
Definitivamente no se puede cambiar el mundo sin poner fin al sistema capitalista, y eso pasa por la toma del poder político y económico por parte del pueblo trabajador, los que producen toda la riqueza.
El régimen de partidos burgueses sólo sirve para perpetuar la dictadura del capital. Por el momento, los revolucionarios debemos utilizarlos de manera hábil y honada,para hacer conciencia pública de la necesidad de una revolución y denunciar el régimen capitalista.
En los países europeos más severamente afectados por la crisis, incluso la farsa del parlamentarismo burgués empieza a quebrarse y mostrar de manera más abierta su auténtico carácter. En España e Italia se vió la sustitución de gobiernos elegidos democráticamente en elecciones burguesas, por gobiernos “tecnocráticos” impuestos por los banqueros y capitalistas a los que nadie eligió.
Esto lleva a un descrédito cada vez más amplio de los políticos burgueses y del régimen capitalista en general. En el Estado español por ejemplo, uno de los gritos de guerra del movimiento de los “indignados” ha sido el “que no, que no, que no nos representan”. Al mismo tiempo vemos el aumento en los votos para aquellas opciones de la izquierda que aparecen como un punto de referencia alternativo (por ejemplo Izquierda Unida en Cataluña,o el KKE y Syriza en Grecia).
Los politicos revolucionarios ,en primer lugar deben renunciar a los privilegios y prebendas que acompañan el cargo. Un diputado que quiere representar a la clase obrera debería percibir el mismo salario que el de un obrero cualificado, y entregar el resto al movimiento obrero sobre la base de la consigna “diputado obrero, sueldo obrero”.
La llamada “democracia”, democracia burguesa en realidad, no es más que un engaño del capital. Es decir, se garantizan formalmente una serie de derechos democráticos, siempre que el ejercicio de los mismos no amenace el poder, privilegios y propiedad de la clase capitalista. En cuanto estos se ven amenazados, la clase dominante no duda en recurrir a métodos dictatoriales de dominación.Así, el poder real reside en los propietarios de los medios de producción que tienen la capacidad económica para decidir sobre el destino y el empleo de millones, que controlan los medios de comunicación para moldear la opinión pública, que compran y venden políticos para defender sus intereses, etc. La democracia y la igualdad bajo el capitalismo son ilusorias. Como dijo el escritor francés Anatole France, “la ley, en su majestuosa igualdad, prohíbe por igual, al rico y al pobre, dormir bajo un puente, mendigar en las calles y robar pan”.
Eso seía en síntesis,lo que es la democracia obrera. Bajo el
capitalismo tenemos una dictadura ejercida por una clase burguesa sobre otra, mayoritaria. Bajo la democracia obrera, es la clase trabajadora, la mayoría de la sociedad, la que ejerce el poder y lo defiende contra una minoría explotadora que quiera restaurar el viejo régimen. La democracia obrera,siguiendo a Bakunin, es transitoria, en la medida en que el socialismo crea un régimen de abundancia y justicia,hasta que la necesidad de un aparato estatal vaya desapareciendo.
(Recomiendo la lectura de los textos de Marx y Engels sobre la Comuna de París y el clásico texto de Lenin “El Estado y la Revolución” pues sus planteamientos ayudan a la organización revolucionaria de la clase trabajadora.)

En las recientes huelgas masivas en defensa del sistema de pensiones de jubilación en Francia vimos dos ejemplos de esto. Por una parte, los trabajadores de las refinerías, un sector altamente organizado y que había conquistado condiciones de trabajo y salariales superiores a otros sectores, se lanzó a una huelga indefinida con bloqueos de las instalaciones. La medida rápidamente generó la simpatía y solidaridad de amplias capas de la población y llegó a paralizar prácticamente la vida económica de todo el país. Eso demostró el poder potencial de incluso un grupo numerosamente pequeño de trabajadores. El otro ejemplo fue la huelga de los trabajadores de los transportes de seguridad que distribuyen el dinero a las sucursales bancarias y cajeros automáticos. Una huelga que en pocos días amenazaba con paralizar la vida financiera del país.
La clase obrera, por lo tanto, potencialmente, tienen el poder para tomar control de la sociedad. Lo que se requiere es una dirección revolucionaria que esté a la altura. Esta dirección no se puede simplemente proclamar sino que tiene que ganarse el derecho a dirigir a la clase, mediante su intervención en todas y cada una de las luchas de los oprimidos. En palabras de Marx:
“Los comunistas no se distinguen de los demás partidos proletarios más que en esto: en que destacan y reivindican siempre, en todas y cada una de las acciones nacionales proletarias, los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado, independientes de su nacionalidad, y en que, cualquiera que sea la etapa histórica en que se mueva la lucha entre el proletariado y la burguesía, mantienen siempre el interés del movimiento enfocado en su conjunto. Los comunistas son la parte más decidida, el acicate siempre en tensión de todos los partidos obreros del mundo y llevan a las grandes masas del proletariado su clara visión de las condiciones, los derroteros y los resultados generales a que ha de abocar el movimiento proletario.” ("El Manifiesto Comunista", Marx y Engels, 1848)
Esto se ve en los movimientos de los indignados que reflejan un estado de ánimo cada vez más amplio de oposición instintiva al sistema capitalista, que se ha ido acumulando durante años y que ha salido a la superficie con la actual crisis económica.
Consignas como “no somos mercancías en manos de políticos y banqueros”, “somos el 99%”, “no es una crisis, es el sistema”, sacan a la luz la oposición existente entre la mayoría de la población que tiene que vender su fuerza de trabajo para asegurarse un sustento y una minoría parasitaria, no electa,
que se enriquece cada vez más a costa de ese 99%. Esta es una conclusión profundamente revolucionaria y a la que han llegado capas cada vez más amplias de la población. Y el papel decisivo de esos movimientos lo ha jugado la juventud, como no podía ser de otra manera y como suele suceder a lo largo de la historia. Pero la juventud no es más que un barómetro sensible de los estados de ánimo generales en la sociedad.Estos movimientos reflejan la idea muy avanzada de que es posible hacer algo para cambiar la situación, rompen con el fatalismo del “no hay alternativa”. Ya son millones de indignados los que han llegado a la conclusión que la única manera de cambiar las cosas es mediante la acción revolucionaria en las calles de las masas.
Es cuanto.
Salud y Anarkía
Marzo 2012
Ideas y pluma: Gonzo.