miércoles, 4 de abril de 2012

Los corruptos...







La frase  "el poder corrompe" es muy usada, pero pocos se detienen a reflexionar que lo que realmente corrompe es la militancia en un partido político para arrivar a ese poder. Aunque es claro que si los políticos se corrompen cuando alcanzan el poder, es porque ya estaban previamente corrompidos dentro de sus respectivos partidos.
La sentencia "El poder corrompe" esconde esa verdad estremecedora: la senda que conduce a la corrupción y al abuso de poder se inicia muchas veces cuando un ciudadano decide militar en un partido político, en algunos casos con buena fe, con deseos de ayudar, pero ignorando que penetra en un espacio peligroso, regido por implícitas reglas que son profundamente antidemocráticas y escasamente éticas, incompatibles con la dignidad humana y el verdadero bien de los pueblos.
La incompatibilidad de los partidos políticos con la democracia está fuera de toda duda. La democracia es el gobierno de los ciudadanos, pero los partidos desplazan al ciudadano y son ellos los que controlan el poder, en régimen de monopolio. La democracia real debería establecer una firme red de controles y contrapesos para limitar el poder de los partidos y del gobierno, pero los partidos se encargan de desmontar y manipular, desde dentro del sistema, esa red para que su poder sea lo más ilimitado posible. La democracia es transversal y horizontal, mientras que los partidos políticos son verticales. La democracia es transparente y está al servicio de la verdad, mientras que los partidos son opacos y están al servicio del poder, utilizando, si fuera necesario, el engaño y la manipulación. El objetivo de la democracia es el bien común, pero el de los partidos es el poder, el control y la ganancia y el  disfrute de ese poder.
La verdad interna de los partidos es impresentable y amarga, pero irrefutable: si un militante decidiera votar en conciencia, decir la verdad en los debates internos, apoyar al que tenga razón, respetar la soberanía de los ciudadanos y defender la verdadera democracia y los valores, su carrera política quedaría liquidada en un instante. De los partidos políticos actuales cabe esperar jugadas inmorales como influyentismo,sobornos,manipulación,chantajes morales,mentiras,traición,etc.etc.... Un abuso sectario que antepone claramente los intereses de un partido concreto, plagado de corrupción, al bien común y al interés general de los ciudadanos. Se trata de actuaciones corruptas, realizadas por corruptos que creen en los rastreros y antidemocráticos principios de que "el fin justifica los medios" o que "todo vale en política".
Los fundadores de la democracia lo tenían claro y rechazaban los partidos políticos porque los consideraban poco menos que organizaciones mafiosas e incapaces de anteponer el bien común a sus propios intereses...Desde Ciserón,Cenón,o Séneca hasta  Robespierre, Dantón y casi todos los teóricos y revolucionarios franceses de finales del XVIII. El rechazo a los partidos fué intenso en Jefferson,Lincón e incluso Benito Juárez, y casi la totalidad de los fundadores de la primeras grandes democracias del mundo.porque fueron conscientes de que los partidos políticos ponían en peligro el sistema liberal porque tendían a apoderarse del Estado, a monopolizar el poder y a someter a los ciudadanos.
Cuando se entra como militante en un partido se topa con un mundo siniestro donde los valores están trastocados. Allí no se hace carrera sirviendo a la verdad y a la propia conciencia, sino sometiéndose a los criterios y deseos del líder.Confundiendo la sumisión con la lealtad,o la hipocresía con la diplomacia. Cuando se comete un error, alguien  dice por lo bajo: "mejor olvídarlo porque no conviene que se sepa y si se publica perjudicaría al partido ". Se miente,se simula o se tergiversa,para no pagar un "costo político". Así nacen los grandes cánceres internos que convierten a los partidos en auténticos clubes de gregarios mediocres sometidos y, en algunos casos, de indignos que un día teminarán siendo  déspotas corruptos, y hasta delincuentes. Siempre hay alguien en el partido que vigila que "la ropa sucia se lave en casa", Y al que ose decir la verdad,se le acusa de "infiltrado", de boicoteador,de desleal, y hasta de traidor; mientras que otros proclaman ideas tan antidemocráticas e inmorales como aquella de que "el fin justifica los medios", que "en política vale todo" o que "Paris bien vale una misa" aunque se traicionen los príncipios éticos que sustentaban a ese partido. Cuando los partidos han llegado a implicarse en demasiadas irregularidades y corrupciones, las élites empiezan a desconfiar de todos los que permanecen limpios y les obligan a participar directamente en el festival de los despropósitos y arbitrariedades. Implicar a todos es un método que genera seguridad en el colectivo porque, de algún modo, garantiza el silencio. Es el mismo método que utilizaba Al Capone cuando obligaba a sus más cercanos colaboradores a cometer crímenes con sus propias manos, asegurándose así su lealtad y silencio. Y al que señale esos errores éticos,o se oponga,tan fácil: se le acusa de traidor,de resentido,y se le margina,se le calla...y se expulsa como a un apestado...
Con esa terrible filosofía, suprimiendo la verdad y el debate libre y practicando una falsa lealtad, que en realidad es un vergonzoso y cobarde sometimiento al autoritarismo de un líder y el culto a su personalidad, los partidos forman a los que posteriormente, cuando ganan las elecciones, asumen las más altas responsabilidades del gobierno y se encargan de dirigir a un pais... Es imposible que los militantes de un partido autoritario y vertical practiquen la democracia cuando alcanzan el gobierno. Valores democráticos como la igualdad, la verdad, la faternidad,la limpieza y la Justicia saltan por los aires porque los militantes, después de tanto tiempo pegando carteles y sometidos a las privaciones de la lucha partidista, se consideran con derecho a ser los privilegiados y a ser compensados. Más que demócratas auténticos, los que llegan al poder suelen ser peligrosos verticalistas totalitarios, ansiosos de poder, ávidos de privilegios y perfectamente entrenados para imponer su voluntad a los demás, casi todos ellos ya corrompidos por haber suprimido previamente la verdad, la libertad, la transparencia y el debate de sus respectivas vidas de militantes.
Algunos políticos protestan cuando algunos ciudadanos expresan que los políticos son corruptos. Pero no tienen razón de protestar,porque, aunque ciertos políticos no hayan caído en la corrupción, son cómplices activos y cobardes de muchos de sus compañeros de filas que sí son corruptos o que se han enriquecido sin justificación. El no denunciarlos, el permanecer en el partido sin abandonarlo, conscientes de que esos comportamientos colisionan con la decencia y la democracia verdadera, les hace también a ellos corruptos y enemigos de la democracia.
Mientras arriben a los gobiernos políticos formados e incubados en esas organizaciones mafiosas y nada ejemplares llamadas partidos políticos, la humanidad jamás avanzará y el ser humano será siempre más esclavo que libre. Los partidos políticos forman a los futuros dirigentes de la sociedad en un ambiente siniestro, donde no existe libertad sino sometimiento al lider, donde se han suprimido la revisión,el debate, la verdad y la opinión sincera, donde la sumisión sustituye a la libertad y donde todo el que actua de acuerdo con su conciencia o libre albedrio será silenciado y rechazado por el verticalismo autoritario que convierte a las élites en cúpulas endiosadas y obtusas, muchas veces enfermas de aquel "sindrome de la arrogancia" que describe magistralmente en sus libros el médico británico David Owen.
El gran problema del mundo, desde que lo conocemos, es que casi siempre ha sido empujado por sus gobernantes hacia el lado miserable de la vida, estimulandoles la envidia, el odio, la violencia y otras bajas pasiones que sólo convienen al poder, que así se justifica, se hace necesario y permite a las élites poderosas disfrutar de privilegios que no merecen y que construyen sobre las privaciones de las mayorías.

El mundo tiene que ser cambiado para que se salve. Los que gestionen el poder no pueden ser esos políticos decadentes, sino ciudadanos elegidos por su virtud, independencia, preparación y honradez. Poner a mafiosos o a vulgares mediocres aferrados al poder,desconocedores de la democracia y de la grandeza humana al frente de la sociedad es un suicidio. Cuando el mundo sea gobernado por filósofos virtuosos, estrechamente vigilados por ciudadanos y hayan quedado prohibidos los malvados partidos políticos, entonces, sólo entonces, el hombre podrá empezar a avanzar hacia el autogobierno, conquistando cada día nuevos metas en el autocontrol, la disciplina, la virtud y la canvivencia con sus semejantes. Esa es la meta del ser humano: prescindir del gobierno y del Estado, dos instituciones que degradan la especie humana y que reducen al hombre libre a la condición de esclavo sometido a grupos organizados.
Recordemos a Rousseau,que decía que "la voluntad política es indelegable y cuando el hombre permite ser representado por otros, pierde la condición de ciudadano y se torna esclavo"..