domingo, 6 de mayo de 2012

El vuelo del milano...


El miedo a la libertad  es una debilidad del espíritu, y es una lacra que en "la casta" política abunda.
El poder desconfía de los libres, recela de los verdaderos debates, se inquieta por la Cultura con mayúscula, se asusta de la verdad, se azara frente a la libre consciencia.
El poder no cree en la libertad. El poder, sobretodo, se espanta, se sobrecoge, se amedrenta ante el individuo dueño de sí mismo, le escama la individualidad. Se amilana ante el libre pensamiento...Amilanarse es sinónimo de acobardarse, asustarse, intimidarse, acojonarse, retraerse, espantarse, acoquinarse, atemorizarse, desanimarse, amedrentarse.
Esta palabra deríva de la voz milano, porque a esta ave majestuosa le temen las gallinas y pollos se esconden en su corral cuando se percatan de la presencia del milano, se aterrorizan, se amilanan...igual que los poderosos ante el vuelo libertario de la inteligencia.
Por ello, la enorme contradicción, la amarga verdad de estos tiempos que vivimos, es que la soledad es mucho más intensa ahora que antaño, pues disentir de las masas manipuladas por el poder,significa ser marginal.
La soledad  se ve como  "el mal" de nuestro tiempo, entiéndase en el contexto que se entienda, tanto si es una ausencia de compañía sin más (voluntaria o no), como si es verdadero pesar y profunda melancolía de aquellos que sienten, de forma hiriente, esa ausencia de compañía,como si fuese un castigo al ejercicio de su libertad. Pues la consigna del poder es: Si no te sometes,te quedas solo...

Por eso es muy importante diferenciar con nitidez la “soledad” de la “individualidad”. En ésta, se conocen cualidades particulares de una persona, singularidades propias del individuo; en aquélla no, sólo es ausencia de compañía.
Pero el miedo a la libertad y a la individualidad de los otros no es prerrogativa de los poderosos. En absoluto.
Entre los ciudadanos el ultraje al respeto es continuo. La decencia escasea. El pundonor íntimo,es casi desconocido. La rectitud de ánimo, la integridad, rarezas en un contexto hostil, embrutecido, prostituido, putrefacto…
El miedo a la libertad  es una debilidad, una lacra de esta casta de desalmados que detentan el poder, con la dudosa legitimidad que les da un sistema corrompido y corruptor, por el que ellos se regodean en su ignorancia y retozan cínicos en el lodo de su corrupción. Por eso, en estos tiempos, gobierne la izquierda o la derecha, olerá igual a tiranía que disfrazarán de democracia para no tener que avergonzarse de sí mismos.
Por "nuestro bien" justificarán los mayores atropellos: con la disculpa de superar "su" crísis, aplican las mayores insidias contra los derechos laborales (empezando por el más elemental de todos: el derecho a un trabajo digno), con la excusa de cuidar nuestra salud, las mayores villanías contra la libertad, con el pretexto de la educación, las mayores atrocidades opresoras, con la justificación de velar por nuestra seguridad, el más escandaloso atentado contra nuestras libertades cívicas, contra nuestra intimidad, contra nuestro derecho al honor, contra nuestra dignidad…
El poeta romano Juvenal decía que “el mayor crimen es preferir la vida al honor y, por vivir la vida, perder la razón de vivir”. Por eso es tan importante la rebelión cívica, la unión para lograr este impulso regenerador en la sociedad, agitador veraz  de conciencias con su simpleza  crítica, porque, en el fondo, nos da fuerzas el deseo de tener buenas razones para vivir, y vivir para luchar por el sueño de que esas razones lleguen a ser una realidad tangible...

Habrá que plantarse con dignidad para denunciar la asfixiante falta de libertad que vivimos; aunque nadie quiera verlo, y sólo unos pocos locos repitamos que en el sistema capitalista nada, ni institución, ni sector económico o social alguno, funciona de una manera abiertamente democrática. Cada vez son más voces. Cada vez se dice más alto. Cada vez se pronuncia más claro.
 Nuestra fuerza es nuestra fe inquebrantable en la libertad, y por ello podemos decir, como Voltaire: “Proclamo en voz alta la libertad de pensamiento... y muera el que no piense como yo”.