miércoles, 15 de mayo de 2013

Los solitarios...



La Soledad es el convencimiento apesadumbrado de estar excluido, de no tener acceso al mundo de interacciones tiernas y profundas del que todos tenemos derecho a disfrutar.
La vejez es uno de esos momentos vitales en los que más fácilmente se puede experimentar la soledad. Es una etapa que se caracteriza por una sucesión de pérdidas: trabajo, estatus social, cónyuge, algunas capacidades físicas, que en conjunto facilitan la experiencia de soledad.
Los datos rigurosos de los que se dispone actualmente nos dicen que tan sólo el 8% de los ancianos de España se sienten solos (no que estén solos). Así pues, no tiene tanta base el estereotipo de que todas las personas mayores se sientan solas y menos aún que estén abandonadas. Sin embargo, el sufrimiento de los ancianos que sí la padecen, y el riesgo de que este porcentaje aumente por el endurecimiento de las condiciones de la vida moderna, justifican que conozcamos, estudiemos y reflexionemos sobre este fenómeno.
Las personas mayores que sufren soledad lo relatan como una experiencia desagradable y estresante, asociada a un impacto emocional, nerviosismo y angustia, tristeza, mal humor, automarginación, y creencias de ser rechazados.
Por todo ello, en los mayores hablamos de soledad objetiva y subjetiva:
La primera hace referencia a la falta de compañía, experimentada por personas que residen en su domicilio y que no viven la soledad como un sentimiento desagradable, aunque se hayan visto forzadas a vivir en este tipo de soledad.
La soledad subjetiva la padecen las personas que se sienten solas. Es un sentimiento doloroso y temido por las personas mayores. Pueden vivir este sentimiento desde la soledad o desde una compañía que ellos la experimentan como anómala o invalidante.


La soledad tiene dos acepciones bien diferenciadas. La primera identifica la soledad con la quietud y el silencio que atraen e invitan al recogimiento, al contacto íntimo con uno mismo. Otra acepción nos remite a la soledad que asusta, a la impuesta, la que aprisiona y suscita nuestros propios fantasmas.
La primera es escogida, sonora y fecunda; para disfrutar de esta soledad se necesita un mínimo de madurez. La otra soledad es desarraigada, desolada, infructuosa y estéril, acompañada de comportamientos antisociales. Esta soledad es más característica de sociedades civilizadas donde el individualismo y el consumismo vacían al sujeto de interioridad.
La soledad mal llevada acarrea múltiples problemas emocionales, conductuales y sociales, como el abuso y consumo de sustancias tóxicas, insatisfacción vital, depresión, tendencia al suicidio, ansiedad y vulnerabilidad en la salud.

Para comprender los procesos psicológicos de la Soledad debemos primero entender que todos somos vulnerables a padecer sentimientos de soledad. No obstante, la intensidad con que pueden afectarnos estos sentimientos depende de unos factores bien delimitados según estudios metodológicos:
El primer factor es la actitud hacia uno mismo. Se trata de comprender esa fuerte conexión que existe  entre la autoestima,el sentimiento de inferioridad y la soledad.
Otro factor importante son las emociones. Porque es fundamental la relación directa entre soledad y estados emocionales como tensión, fatiga, confusión, aburrimiento, falta de esperanza e indefensión.
Y con respecto a los procesos sociales,vemos que la sensación de soledad en la sociedad capitalista se asocia con la percepción de estatus y calidad de nuestras relaciones. También está inversamente relacionada con el número de relaciones sociales y la frecuencia de nuestros contactos como entes de consumo.
Esto causa un estrés relacional. Son los aspectos negativos de la soledad en nuestras sociedades individualistas: Las amenazas a la "propiedad privada", o las suspicacias hacia vecinos o desconocidos insufladas por el sistema, el aislamiento social, y los conflictos amorosos o rupturas como distractores de la precariedad y vacío moral de los individuos y de la sociedad entera.
Pero sobre todo,la base del sentimiento de soledad parte de la percepción interpersonal del yo y del otro. Las personas solitarias son más angustiantes y angustiosas en sus relaciones,con mínimas habilidades sociales, y evidentes  características de introversión, timidez, comunicación precaria, o lenguaje gestual confuso.Cuando la persona comprueba que no puede o no tiene opción para establecer ese contacto que le permite ser quien es, entonces aparece la soledad.
Sin embargo, hay que comprender que el ser humano es un ser social por naturaleza, desde su nacimiento hasta su muerte. Todo ser humano tiende al encuentro, a la relación vital significativa con los demás para ocupar los espacios vacantes para su “ser relacional”.
Se sabe  de tres tipos de aislamiento y soledad en los ancianos:
Soledad física o habitacional-económica.
Soledad moral
Aislamiento social
Y sus causas pueden ser tan diversas como:
Pobreza.
Preferencia de mantener la autonomía, frente a la dependencia y sometimiento a otras relaciones familiares con menor protagonismo o directividad.
Imagen negativa de la vejez como etapa improductiva y desvalorizada.
Factores espaciales, urbanos o domiciliarios de mayor comodidad.
Factores psicológicos, como el síndrome de Diógenes, el de Noe,demencias, actitudes de abandono y falta de ritmos e higiene.
Miedo a salir de casa que genera dependencias o suspicacias.
Factores sensomomotores: visuales, auditivos y locomotores.
O enfermedad, por citar algunos ejemplos.
Dos hitos visibles que marcan la frontera de la adultéz a la senectud:
1-La pérdida del trabajo laboral, la jubilación. Supone algo más que ganar dinero, implica seguridad en el futuro, prestigio social y satisfacciones internas como percepción de valía, competencia y utilidad.
2-La viudez. Es el más determinante para la soledad. Tras décadas de convivencia, desaparecen de modo abrupto la compañía y la afectividad, dando paso a problemas adaptativos y relativos a la gestión del tiempo y tareas de nuevo cuño. La muerte del cónyuge,la enfermedad y la pobreza significan para muchos ancianos una soledad impuesta, junto con la ingratitud e indiferencia en las relaciones entre el anciano,los hijos y los nietos.
Se han observado 3 crisis clásicas asociadas al envejecimiento:
La  de identidad que hace referencia a todas las pérdidas que tiene que afrontar un anciano: el soltar el lastre de las capacidades y fortalezas. Aumenta la distancia entre el yo ideal y el real, y baja la autoestima.
La de autonomía viene dada por el deterioro del organismo y las posibilidades de desenvolverse de manera autónoma.
La última, la de pertenencia, tiene relación con los roles que han perdidos.
 Y es el aislamiento social la causa primordial de que,aproximadamente uno de cada 10 de las personas mayores sufran un trastorno depresivo en el mundo occidental.
Es clara,entonces, la urgente necesidad de los jovenes,de realizar acciones directas de solidaridad y apoyo a las personas mayores deprimidas pues son quienes más se suicidan,pues su soledad es causa de la depresión que a estas edades se asocia a un ascenso de la mortalidad.


Es necesario para lograr una sociedad más justa, tener una imagen real de la vejez y de las personas mayores, esto es, una imagen más positiva y realista, y contribuya a que se acepte sin prejuicios lo que es propio de la vejez.
Los ancianos pueden aportar grandes beneficios al proceso de humanización de nuestra sociedad,pues su experiencia es más necesaria que nunca y les ha de ser solicitada, valorando y respetando los valores propios de la vejez:
La gratuidad
La memoria y el sentido de la historia
La experiencia acumulada a lo largo de la existencia
La interdependencia y una visión más amplia y efectiva de la vida.
El cultivo de la interioridad.
La importancia del ser frente al tener
La prudencia
y sobre todas, la Sabiduría...