domingo, 6 de octubre de 2013

La gula...

















Si las mil 400 millones de personas obesas que hay en el planeta pensaran, cada vez que se llevan un bocado extra a la boca, en los  2 mil millones que padecen hambre en el resto del planeta ,éste sería un mundo distinto...
Pero esos mil 400 millones que son obesos,sólo desean un satisfactor inmediato a su ansia de consumo,y no se detienen en su ingesta desmedida, ni por un momento,aunque fuera para saber que entre esos 2 mil millones,hay 870 millones de niños menores de cinco años sufren retraso del crecimiento y depresión inmunológica, y 71% deficiencia de calcio y vitamina A,y de los cuales muchos morirán por hambre.
A menudo, la obesidad  es un signo de abundancia, aunque implica,paradójicamente,una nutrición deficiente,pero es sobre todo,es el rostro obsceno del capitalismo salvaje,que explota los bienes del planeta para su usufructo,sin importarle la emergencia en el abastecimiento de alimentos en amplias zonas de miseria, produciendo un insultante despilfarro y montañas de basura en las zonas de consumo burgués.








Por todo lo anterior,podemos afirmar que,en la mayoría de las veces,la "revolución de las conciencias" se pierde por la boca,pues la gula no tiene absolutamente nada de revolucionaria,y conduce al sujeto a la obesidad,a la abulia,al abuso, a la mezquindad... alejándolo así de la libertad y de la justicia.
Es cierto que el placer que se siente al comer es el modo que usa la naturaleza para que el  ser humano se nutra, cosa necesaria para la misma Vida. Con hambre,los alimentos son sabrosos, y es sano comer con gusto y sentir placer al hacerlo. Lo que es pésimo es no tener llenadera,y buscar la satisfacción inmediata del deseo de consumo,aunque ya se haya satisfecho el apetito, sin tener la más mínima consciencia de lo que se hace,perdiendo el auto
control de nuestros actos,y sin medir las consecuencias en nuestra salud y en nuestra ética.
Por eso es difícil imaginarse a un revolucionario gordo,pues la gula refleja a un sujeto sin disciplina,sin amor, ni siquiera a si mismo al no cuidar su salud, a un ser perdido en la avidez,devorando sin control ni medida la comida que podrían comer otros seres humanos con hambre verdadera...




El exceso al ingerir ávidamente una comida,produce pereza,y por eso los obesos siempre se sienten tan agotados,tan flojos,y necesitan dormir después de la comilona para “reponerse”, así que en esas andanzas alimentarias,es difícil que logren ningún cambio en ningún país.
 Si la mente está ocupada en lo que se va a consumir, sucumbimos a la trampa mayor del capitalismo, que se cuela en nuestra propia mesa, y nos calla la boca con su comida chatarra. y entonces, nuestro espíritu libertario muere ahogado entre kilos de grasa pues la mente clara y las energías que necesitabamos para luchar por un mundo mejor, se han perdido en los cotidianos atracones.
Pasa entonces, que a un obeso no le sirve de nada escuchar o leer historias sobre la libertad que habita en nosotros mismos,pues no son libres,ya que son esclavos de la comida.
Cuando se ingieren alimentos para compensar algún déficit emocional, el simple acto de alimentarse se vuelve muy complejo y cambia el objetivo natural de alimentarse por el de obtener placer y compensación inmediata. Y eso es contrario a la lucha social,ya que en ésta,no se puede realizar ninguna acción que tenga la finalidad de compensarnos, sino que debemos ser muy conscientes,generosos y solidarios,y pensar en el bien común,y no en la mezquina gula propia.





Muchas personas viven para comer. Algunas incluso llegan al exceso de vomitar lo que han ingerido para poder seguir comiendo. Estas se precipitan sobre el alimento para saciar sus instintos animales, y olvidan toda sensatez. Su primer pensamiento al levantarse de la cama suele ser el de masticar un desayuno, y la única ocupación importante de todos los días es satisfacer esa avidez.
Los alimentos tienen por objeto prolongar la vida y conservar la salud, pero para las víctimas de la gula, la comida es causa de enfermedades, de vejez anticipada y de muerte prematura. Comer con exceso y hacerlo con alimentos impropios del ser humano envenena el cuerpo, lo sobrecarga y entorpece todas sus funciones vitales. Y aunque en un principio no cause trastornos graves en el organismo, va minando lentamente la salud, llegando a quebrantar hasta las más robustas complexiones. La gula es el origen de gran parte de las enfermedades que sufre el ser humano, y esto queda reflejado con muy buen sentido en muchos refranes populares.Y de pensarse es lo difícil que sería que las personas enfermas pudiesen revelarse contra las dictaduras del capitalismo. Viviendo en la sobriedad y en la templanza,en cambio,se tiene tiempo y salud para pensar y reflexionar en muchas cosas importantes, que no son la comida.
Pero los golosos no alcanzan el fin natural que tiene la alimentación, muy al contrario, que es reparar las fuerzas y sostener la vida. En realidad, tampoco consiguen satisfacer su vacío.
La misma naturaleza castiga a los que de ella abusan, y quienes trastornan sus leyes sufren a su vez trastornos. A la hartura le acompaña el hastío. Una sociedad de gordos,fatigosos,embotados, enfermos,es una sociedad que pronto se estropea y deja de funcionar. Y como los obesos no encuentran el placer que le alivie el vacío,acude a todos los excitantes y distractores más fuertes,en la tv,en el cine,en el fútbol,y en la violencia intrafamiliar. Pero no consigue  amainar el dolor de su vacío, y no hace otra cosa mas que embotar y arruinar su propia vida... Para el glotón, las horas de sueño son horas de pena, de fatiga y de sufrimiento. No descansa aunque el insomnio deje de atormentarle. Su mente no reposa porque se encuentra sobreexcitada, y el dolor se acuesta con él y al despertar, que es un momento tan agradable para hacer planes, se encuentra con la boca amarga, el estómago ocupado, soñoliento, dolorido, cansado y sometido por el tedio y el disgusto...
Ese goloso,cuya felicidad depende de la comida, tiene que privarse a menudo de lo que más le gusta. Entre la alegría de los invitados a un convite él se encuentra triste, pensando en el daño que puede hacerle la comida, aunque la tome en poca cantidad y la mastique a consciencia. Es frecuentemente que el aparto digestivo de quien sufre el vicio de la gula se resista a aceptar o a asimilar los alimentos y, paradójicamente, que muera de hambre quien más ha comido y en mayor abundancia y diversidad posee la comida.
A la vez que la gula arruina la salud también arruina el bolsillo. La gula y la ostentación se sientan muchas veces juntas a la mesa. A los gastos de tanta comida diferente se le suele añadir el lujo en el servicio y el abundante número de las personas que sirven. Los animales no siguen comiendo o bebiendo después que satisfacen su hambre o apagan su sed. Sólo el goloso, abusando de la naturaleza, no hace caso de sus leyes.  Los animales rehuyen lo que les es perjudicial, pero el obeso no mira más que de alimentar su gula, cueste lo que cueste y produzca el daño que produzca. Para alimentar al obeso se destruyen los bosques y las selvas y trabaja sin descanso gran parte de la humanidad.
Quien es esclavo de lo que come,no tiene oídos para escuchar la voz de su consciencia. Ocupado en procurarse placeres animales se vuelve insensible a la vida. Como si el corazón se le hubiera bajado al vientre, pocas cosas le interesan que no tenga relación con su consumo particular. Faltos de consciencia, tiranizados por el monstruo de la gula, no se detienen a reflexionar que con su voracidad arruinan su salud,enferman a su familia y dañan irremediablemente a su país.
 Cuando la ociosidad y la pereza no provocan gula, la gula provoca ociosidad y pereza. Se utiliza mucho tiempo para comer, y también mucho tiempo para digerir. El exceso de comida dificulta la digestión, volviéndola muy costosa, y para realizarla el ser humano debe poner en juego todas sus fuerzas vitales. El mucho comer cansa más que el mucho trabajar. Por este motivo tantas personas que no hacen nada se sienten agotadas e incapaces para todo. No sudan con el trabajo manual o intelectual, pero sudan con los trabajos de la digestión. Vuelven a la mesa sin haber terminado de digerir, convirtiendo su vida en un continuo banquete y su cuerpo en una máquina de comer y defecar.
En un cuerpo cebado hasta la saciedad con todo tipo de alimentos  es difícil el ejercicio claro de la consciencia, del entendimiento, de la sensibilidad y, en definitiva, de toda la labor racional, y es que el goloso,entre la pesadez de la digestión de su estómago sobrecargado, no conoce más alimento que aquel que se tritura con los dientes...
Debemos ser conscientes en todo momento y tener templanza y amor por nosotros mismos,no podemos permitir que el consumo desmedido,de lo que sea,se erija en el amo de uno mismo y que los amos de los monopolios de la comida procesada nos dirijan la vida  a su capricho y antojo. Si no podemos cambiar nuestra manera de comer, no podremos de ningún modo,cambiar gobiernos...
Casi todo el mundo debería aprender a comer. No es lo más adecuado comer de cualquier manera, en medio de ruidos, con nervios, prisas e incluso con disputas. Cada día tenemos una oportunidad para realizar un ejercicio de descanso, de concentración, de recuperación de nosotros mismos...
Cuando una persona se sienta a la mesa tiene que comenzar expulsando de la mente todo aquello que le pueda impedir comer en paz y en armonía. Y, si no entra enseguida en este estado, debe esperar a empezar a comer hasta el momento en el que haya conseguido calmarse. Cuando se come en un estado de agitación, de cólera o de descontento, se introduce en uno el desasosiego, ideas desordenadas que se transmiten a todo lo que se haga después.
Cuando una persona es consciente de sus actos,al comer, que es uno de los mas importantes en la vida, lo hará libre de las manipulaciones del capitalismo, y con  amor hacia su cuerpo y gratitud y respeto por la comida, moderándose en el comer y haciéndolo en el número de veces, en la cantidad y en calidad adecuadas para alcanzar o conservar la salud, y sobre todo, comerá con justicia.
Comenzando por este principio, por lo sencillo y evidente, se puede llegar muy lejos...