viernes, 15 de noviembre de 2013

Cuestión de principios...


 "La acción humanitaria viene a resumirse en una sola cosa: 
seres humanos ayudando a otros seres humanos
 que viven en las más adversas circunstancias.
 Vendaje a vendaje, sutura a sutura, vacuna a vacuna”.
James Orbinski, presidente de MSF internacional
Discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz (1999)







La definición de la profesión médica, desde los tiempos de Hipócrates,  exige,en sí, grandes dosis de humanitarismo. Aunque en éstos tiempos, muchos profesionales de la medicina trabajan dentro del sistema que, de modo público o privado, en mayor o menor medida, cubren la necesidades en salud de las personas a cambio de remuneración. Y por eso es que aparece la necesidad de un médico fuera del  sistema, y esa es la "otra medicina" : la Medicina Humanitaria.

No se trata de medicina caritativa, sino de la provisión de salud por medio de la acción humanitaria,basada en un principio de justicia y en el respeto de los derechos humanos, entre los que se encuentra el acceso a la salud. Por lo tanto, el médico humanitario no da caridad,ni limosna,sino que cumple con un derecho inalienable del ser humano.
Y es que las carencias de las comunidades en pobreza o en zonas de conflicto bélico, sufren gran inestabilidad social y  la falta de acceso a la salud las convierte en  poblaciones muy frágiles, que en pleno siglo 21, y a pesar del desarrollo científico y tecnológico alcanzado por la humanidad,no tienen acceso a los mínimos de vivienda, salubridad, educación, o medicamentos. Estas poblaciones (la mayor parte de la población mundial) viven situaciones evitables que afectan a su salud mental y física de forma extrema.
Y lamentablemente, son los médicos humanitarios,los únicos que pueden aliviar un poco,esas trágicas situaciones. Un ejemplo claro es la Campaña para la Mejora del Acceso a Medicamentos Esenciales que  Médicos Sin Fronteras (MSF) y Médicos del Mundo (MdM), llevan a cabo en la actualidad.
Para unos dos mil millones de personas en el mundo el precio de los medicamentos esenciales para tratamiento de enfermedades comunes es inalcanzable. Es el caso del Sida: un 95% de los 34 millones de personas afectadas en todo el mundo no tienen acceso a los medicamentos. O por ejemplo, sólo un 0,2% del presupuesto global de la OMS se dedica a enfermedades respiratorias agudas, tuberculosis o enfermedades diarréicas, las cuales producen el 18% de las muertes en todo el mundo. Dicho de otro modo, sólo 13 nuevos medicamentos (la mitad de ellos de uso veterinario) de entre los 1.223 sacados al mercado, estan dedicados a combatir estas enfermedades. Esto es debido a que casi exclusivamente es la industria farmacéutica la que marca, según las leyes del mercado, sus prioridades económicas. Y si un año de triterapia para una persona con Sida cuesta alrededor de 20 mil euros utilizando medicamentos patentados de los productores originales;se entiende el negocio. Pero si se utilizaran genéricos el precio podría bajar hasta un 70%. No debería ser tan difícil entender que la vida de las personas debe estar por encima de la codicia de las farmaceúticas.
Y ese es el motor de la acción humanitaria: cuando la ayuda a una población en situación de sufrimiento se lleva a cabo con total independencia de los intereses que no sean los de las víctimas.
Otra acción humanitaria se realiza cuando hay  terremotos, y otros desastres, con grandes pérdidas humanas y materiales. en El Salvador y en India. Se actúa,independientemente de si la movilización y el envío de ayuda por parte de los gobiernos es  rápida,o por el contrario, aún habiendo muchas más víctimas y daños, la actitud es indiferente o pasiva,actuando ajenos a los intereses económicos y de la política exterior de los paises en cuestión.
Es por estas razones por lo que el principio de independencia en la acción humanitaria, es básico y lejano a cualquiera de los poderes políticos, militares, religiosos, económicos o de otra índole, y sólo debe responder sólo y exclusivamente a las necesidades de las víctimas.
En este contexto, la medicina solidaria tambien lucha para atacar las causas que  producen esas carencias,y es que antes que profesionales,os médicos humanitarios son personas. Personas que ven, que oyen, que conviven y trabajan con las poblaciones que sufren situaciones de injusticia, de exclusión y de desequilibrio social, económico o político. Esta proximidad con las víctimas ayuda a combatir estas deficiencias.
Pues el objetivo lógico y ético de cualquier acción humanitaria es, precisamente, actuar sobre las causas que generan esas situaciones de sufrimiento: desde la sensibilización del entorno a las acciones de presión política en los centros de poder nacionales e internacionales, desde la colaboración con la justicia internacional hasta la denuncia pública en los medios de comunicación.


Por todo ello, la medicina solidaria en particular y la ayuda humanitaria en general deben ser un acto comprometido, profesional, civil, humano, transparente e independiente de intereses ajenos a las
necesidades de las víctimas y con proximidad a ellas. Porque son los más vulnerables los que necesitan mayor atención; ellos  son al mismo tiempo los más anónimos y olvidados. Son los enfermos, los heridos, los niños y los ancianos, los agredidos, los pobres, los desprotegidos. Los seres humanos en dificultades extremas necesitan de otros seres humanos para volver a ponerse en pie, y la mano extendida de un médico no será rechazada.
El médico humanitario sabe que no es suficiente curar a un paciente de una enfermedad determinada. Su labor es mucho más que eso; los pacientes necesitan más que una receta médica y un apretón frío de manos.
 
Esperan atención, tiempo y una palabra de aliento,esto es,un trato humano. Los conocimientos técnicos y las competencias son importantes para tratar a la enfermedad correctamente, pero son del todo insuficientes si queremos atender a seres humanos.
Y es que los médicos hmanitarios viven y trabajan entre gente cuya dignidad es violada cada día,pues han elegido usar su libertad para hacer del mundo un lugar más soportable...

Texto del Sensei