sábado, 11 de enero de 2014

Albert,solitario,solidario y rebelde...










Nació pobre, en la Argelia,que era una colonia francesa en 1913. Camus perdió a su padre en la batalla del Marne en 1916. Y su madre, mujer analfabeta se ganó la vida como criada. Gracias a una beca, Camus hizo su carrera de periodista. De joven era además aficionado al fútbol y miembro de una compañía teatral.
De su tiempo como guardameta llanero, Albert Camus conservaría siempre el espíritu de equipo. Era de naturaleza generosa, si no sensible, y siempre buscó la mayor unidad, procurando evitar o superar el rencor. Muchos de los intelectuales que han escrito sobre él han tratado de ocultar su inclinación por el anarquismo. Siempre estuvo ahí para apoyar en los momentos más difíciles al movimiento anarquista, y fue el propio Camus el que nunca ocultó su atracción por el anarquismo. Las ideas anarquistas permean sus obras teatrales y sus novelas, como por ejemplo La Peste, El Estado de Sitio o Los Justos. Amigo de anarquistas como Gaston Leval, o Pascal Pia, Camus empezó a sentir admiración por los sindicalistas revolucionarios y los anarquistas, así como por los objetores de conciencia y todo tipo de rebeldes, ya en 1938, mientras trabajaba como reportero para el periódico L'Alger Republicaine.
El anarquista André Prudhommeaux fue el primero en introducirlo, en 1948, en una reunión del Cercle des Etudiants Anarchistes (Círculo de Estudiantes Anarquistas), como simpatizante familiarizado con el pensamiento ácrata. También Camus apoyó a los Groupes de Liaison Internationale, de Cèret, que se afanaban en ayudar a los oponentes del fascismo y del estalinismo, a la par que se negaban a tomar partido por el capitalismo americano. Estos grupos se habían formado en 1947-48, y pretendían dar apoyo material a las víctimas de regímenes totalitarios, además de intercambiar información.
Entre sus filas se contaba el anarquista ruso Nicolas Lazarevitch, exiliado en Francia, así como muchos colaboradores del periódico sindicalista revolucionario La Révolution Proletarienne (RP). A partir de entonces, Camus mantendría una relación amistosa, además de la ayuda económica que le prestó, con la RP, hasta su muerte.
Su libro L'Homme Révolté (traducido al castellano como El Hombre Rebelde), publicado en 1951, marcó una clara ruptura entre él y la izquierda que orbitaba en torno al Partido Comunista. Fue recibido de manera hostil por los miembros del Partido, así como por sus compañeros de viaje. Sin embargo, su mensaje sí que fue comprendido por los anarquistas y los sindicalistas revolucionarios de Francia, puesto que los menciona a ambos explícitamente y establece una clara distinción entre el socialismo libertario y el autoritario.Y habla, entre otros, de Bakunin y de Netchaev. "La comuna contra el Estado, la sociedad concreta contra la sociedad absolutista, la libertad reflexiva contra la tiranía racional, el individualismo altruísta, por último, contra la colonización de las masas..."
Concluye con un llamamiento al resurgimiento del anarquismo. El pensamiento autoritario, gracias a tres guerras y a la destrucción física de una elite de rebeldes, había asfixiado esta tradición libertaria.
El secretario general de la Federación Anarquista, Georges Fontenis,  escribió sobre el libro de Camus en Le Libertaire. A la sencilla pregunta "¿Es la rebelión de Camus la misma que la nuestra?", Fontenis no dudó en afirmar que lo era, admitiendo que el libro contenía páginas admirables.
Pero las críticas a Camus por parte del Partido Comunista, Sartre y el grupo de intelectuales que se movía en torno a la revista Les Temps Modernes, supuso el principio de la ruptura de Camus con Sartre, el otro gran exponente del existencialismo. Las críticas de este grupo fueron salvajes desde la ortodoxia marxista, irritados por todas las referencias camusianas al anarquismo y al sindicalismo. Camus fue casi  "excomulgado" por los dogmáticos de las filas de los existencialistas. Este proceder le desanimó profundamente.
Camus también marcó su ruptura reprochando a los intelectuales que se mostraban dispuestos a respaldar el estalinismo, y dedicándose plenamente a causas justas y valiosas,como en España, apoyando a un grupo de trabajadores anarquistas que había sido condenado a muerte por Franco. En París se convocó por este motivo un mítin por parte de la Liga por los Derechos del Hombre, el 22 de febrero de 1952. Camus accedió a hablar en el evento. Pensó también que sería útil que el líder de los surrealistas, André Breton, con el que también se había distanciado,apareciese en la tribuna al que convocó por medio de los organizadores del evento, Fernando Gómez Peláez, del periódico Solidaridad Obrera, órgano de la central anarcosindicalista española, la CNT, y José Ester Borrás, secretario de la federación de prisioneros políticos españoles, FEDIP. Breton aceptó orar en el mítin a pesar de que Camus estaría presente. Gómez le dijo entonces que Camus había propuesto que hablase él en primer lugar, lo que provocó las lágrimas de Breton. Más tarde Camus les dijo a los anarquistas españoles que por no haber replicado a la furia de Breton en términos similares, esperaba una pronta reconciliación. Camus y Breton compartieron tribuna y fueron nuevamente amigos.
Camus tomó la posición del intelectual comprometido, firmando peticiones y escribiendo para Le Libertaire, La Révolution Proletarienne y Solidaridad Obrera. También pasó a ser parte del grupo editorial de una pequeña revista libertaria, Témoins 1956, llegando a conocer a su editor, Robert Proix, un corrector de estilo. A través de Proix, conoció a Giovanna Berneri (Caleffi), la compañera del gran anarquista italiano Camillo Berneri, que había sido asesinado por los estalinistas en España, en 1937. Igualmente se encontró con Rirette Maitrejean, que había sido antigua compañera de Victor Serge, y que se había visto envuelta en el juicio a la Banda Bonnot. Rirette había estado trabajando como correctora de estilo para el periódico Paris-Soir durante largo tiempo. También se hizo amigo del veterano libertario Maurice Joyeux, quien más tarde habría de señalar que de todos los trabajos literarios contemporáneos, El Hombre Rebelde era el que más cercanamente describía las aspiraciones de estudiantes y obreros en mayo del 68.
De nuevo en 1954, Camus acudió a solidarizarse con los anarquistas. Maurice Laisant, secretario de propaganda de las Forces Libres de la Paix (Fuerzas Libres de la Paz), junto con un editor de Le Monde Libertaire, periódico de la Federación Anarquista francófona, había publicado un cartel antimilitarista usando el formato de la propaganda oficial del Ejército. Como resultado fue encausado por subversión. Camus testificó en su juicio, recordando cómo lo había conocido, en un mítin de apoyo a los españoles.
Le dijo al jurado, "Desde entonces lo he visto a menudo y he estado en posición de admirar su voluntad de luchar contra el desastre que amenaza al género humano. Se me antoja imposible que se pueda condenar a un hombre cuya acción se identifica con los intereses de todos los hombres. Demasiados pocos son los que luchan contra un peligro que a cada día se hace más ominoso para la humanidad". Tras esto, Camus tomó su asiento en una sala del juzgado llena principalmente de militantes obreros, que lo rodearon con afecto. Desgraciadamente Laisant fue condenado.
Sartre y Camus
Y de nuevo estuvo Camus con los anarquistas cuando apoyaron la revuelta de los obreros de la Alemania del Este contra los Soviets, en 1953. También se mantuvo entre los libertarios en 1956, primero con el alzamiento obrero de Poznan, Polonia, y más adelante a lo largo del año con la Revolución Húngara. En 1955 había dado su apoyo a Pierre Morain, miembro de la Fédération Communiste Libertaire (la Federación Anarquista había cambiado su nombre en 1954, dando pie a fuertes tensiones en el seno de la organización). Morain era el primer francés en ser encarcelado por plantear resistencia anticolonialista en Argelia. Camus lo defendió en las páginas del diario nacional L'Express, el 8 de noviembre de 1955.
Muy a menudo utilizó su fama y su notoriedad para intervenir en la prensa denunciando la persecución de militantes anarquistas, o para sensibilizar a la opinión pública. En su último año de vida Camus  se involucró en la campaña del anarquista Louis Lecoin, que luchaba por que se reconociese la condición de objetor de conciencia, en 1958. Camus nunca vería el final de esta campaña, pues murió en un accidente de tráfico un 4 de enero de 1960, a la edad de cuarenta y seis años...
Catherine Sintès,madre de Albert Camus

“Sus maestros fueron:  el contorno de sus razonamientos, la claridad de sus ideas, el corte de su estilo de ensayista y un cierto tipo de siniestro solar, ordenado, ceremonioso y desolado, es un clásico del Mediterráneo...Para Camus, la filosofía exigió una alimentación casi carnal y absolutamente humanista.”diría Sartre de él en aquéllos días.
Porque vivió,y escribió novelas o dramas teatrales sin llevar nada más que su hambre vital y su visión del absurdo,y eso fue mucho más que  un concepto literario... El absurdo, ese sinsentido del mundo, ese que los huérfanos del sentido,deploramos: “El hombre se encuentra ante lo irracional. Siente en sí mismo su deseo de felicidad y de razón. El absurdo nace de esa confrontación entre la llamada humana y el silencio sin razones del mundo”. El absurdo es una ruptura: la demanda de los hombres y el silencio,única respuesta del universo. La peculiaridad del absurdo es que sólo si nos sublevamos contra él, podemos pensarlo y asumirlo. No es una idea, ni mucho menos una doctrina, ni siquiera algo que pueda explicarse en el aula, como las categorías de Aristóteles o la dialéctica de Kant. Al absurdo hay que vivirlo.  Por eso Camus,como el excelente escritor que fue, usó  la narración,mejor que al tratado para describirlo.
Para Camus, la democracia –despreciada por los comunistas y por Sartre- tiene el gran mérito de la modestia: nadie puede solucionar todo por sí mismo, hace falta el consejo  y el acuerdo de los otros,en la más pura escencia anarquista.







Intelectualmente el absurdo es como un callejón sin salida aunque vivir consiste precisamente en hacer como si tuviera salida. El muro que nos cierra el paso es infranqueable, pero nosotros pintamos voluntariosamente una puerta en él y la puerta se intenta abrir, y ese es el trabajo de vivir, los intentos de buscar una salida en esas puertas pintadas en el muro de la realidad,misión imposible pero jamás irrenunciable,porque la rebeldía es nunca darnos por vencidos: es de lo que habla “El hombre rebelde”, donde Camus se subleva ante el mundo con un “Me rebelo, luego soy”. Sublevarse entonces no es una consecuencia histórica de la solidaridad, sino que la solidaridad nace a partir de la individualidad que se subleva por impulso metafísico.

El ser humano se rebela y al hacerlo descubre la humanidad que le vincula a los demás. Los reales revolucionarios saben que la revolución, violenta y dolorosa, forma parte del muro de la realidad contra el que se insurge el rebelde. “Los hombres mueren y no son felices”, resume Camus en "Calígula". Por ello, cada hombre puede rebelarse contra lo que impone la muerte y la infelicidad, descubriendo así su camaradería con los demás. Y esa rebelión incluye la  búsqueda de soluciones políticas, es decir, contra ese estado de guerra que exige mantenerse en el odio. Para Camus, la autogestión y la solidaridad  son maneras de rebelarse contra la infelicidad, y ese absolutismo decapitador de los principios y las esperanzas de un mundo nuevo y libre, y sobre todo, el derecho de amar sin medida...


“La única manera de lidiar con este mundo sin libertad 
es volverte tan absolutamente libre 
que tu mera existencia sea un acto de rebelión...”
Albert Camus