viernes, 14 de febrero de 2014

Del Amor...





"...tu boca que es tuya y mía 
tu boca no se equivoca 
te quiero porque tu boca 
sabe gritar rebeldía..."
Mario Benedetti.







A mi humilde juicio, el amor no es una mera unión sexual,o de  simpatía, filantropía, cariño o afecto, aunque tenga todo lo anterior.El amor es en esencia una unión con el amado despojada de toda sombra de egocentrismo. Amar de verdad es una fuerza trascendente que existe por si misma y que en su movimiento evolutivo se derrama sobre todas las cosas, las engloba para unirlas, abrazarlas y ayudarlas, por tanto, a ser lo que son tras las apariencias.
Tal es el Amor Universal, el cual cuando se fija en un ser determinado se convierte en el Amor divino individual. Y esta última sabiduría del Amor nos enseña que cuanto más se dé uno mismo, más crecerá en la capacidad de recibir energía trascendente del amor. Porque la entrega absoluta de sí, sin pedir ni acaparar, es el sólo secreto de toda realización en el Amor.
El verdadero amor nos dota  de un poder que puede elevarlos hasta las más altas cimas y hacia inimaginables hazañas de sacrificio por el ser humano. Y tales hazañas de sacrificio no son producto de una compulsión, sino un gozoso acto de ofrenda. Y sin este fuego del sacrificio ningún amor humano puede alcanzar su verdadera pureza original. Porque el amor no es un mero intercambio de emociones y sentimientos, un creer que compartes cosas en común y que ella te llega como caída del cielo, sino una ofrenda absoluta de lo que somos o de lo que podemos ser, es decir, la entrega de todos nuestros actos volitivos, pensamientos de todos nuestros impulsos y sentimientos.
En el verdadero amor, toda exigencia representa una fractura en la espontánea pureza de la relación. (No existe modo alguno de retener a otra persona ni de poder utilizar la relación como una forma de escapar de la soledad. Nuestra pareja es sólo un préstamo temporal que nos concede el universo, un préstamo que ignoramos cuándo se nos reclamará).  El amor es en esencia una consagración total, no un mero intercambio de egos, ni menos una transacción, o un conjunto de creencias distorsionadas como los celos, la posesividad, o las exigencias mutilantes de la libertad. Donde hay exigencia  no hay Amor. Hay inseguridad, miedos ocultos, sentimientos de inferioridad, etc., pero no Amor. Porque el Amor es comprensivo. El Amor comprende. Y el Amor es respetuoso. El Amor respeta.Y es tolerante. El Amor tolera. Y el Amor acepta a la pareja tal  y como es.
Sin querer cambiarla.Pues el Amor comprende que la fuerza, el impulso, para cambiar ha de surgir del interior de cada uno. Lo cual no quiere decir que nuestro ejemplo no sirva para nada.
 Amar hace que cada uno se acepte a sí mismo y se ame tal y como es. Lo cual quiere decir que no podemos aceptar a los demás tal y como ellos son si no nos aceptamos a nosotros mismos.
Y es que nadie puede darse sin poseerse primero a sí mismo.
Porque el egoísmo y la ignorancia, disfrazados, llevan hacia el futuro, creándo miedos que inmovilizan.· Debemos aprender a vivir el presente, de instante en instante, sin los terribles condicionamientos de la mente, que nos llevan hacia el pasado -que no existe-, con los recuerdos o hacia el futuro -que no existe- con la imaginación. El Amor acepta los hechos y circunstancias que la vida nos depara de instante en instante.
Hay que usar los recuerdos para adquirir experiencia, pero no  "perderse" en ellos.

Ni utilizarlos para crear prejuicios.Se debe basar la relación en los hechos. Todos somos distintos, y todos podemos cambiar porque somos seres evolutivos. Asi que no es suficiente con querer Amar. También hay que saber y poder. El Amor ha de traducirse, cada día, en mil pequeños detalles con los seres querido y los que no lo son, pero pueden llegar a serlo.
Del Amor sincero a todo el universo depende la vida.
 De la falta de Amor por los diferentes reinos de la naturaleza y de su desconocimiento nacen las explotaciones mineras y la contaminación ambiental, las explotaciones agrícolas y la deforestación, las explotaciones ganaderas y la crueldad animal, las explotaciones humanas y las guerras.
Asi que por principio amar significa compartir, proteger y respetar.
Ese es el amor consciente.
Puesto que amar al Universo y a todo lo creado es el sentimiento más perfecto que puede brotar de los lazos que unen a dos personas. El amor debe trascender de la propia individualidad de la pareja y recorrer una serie de etapas que culminen con la apertura del corazón.
Generalmente, solemos considerar que las relaciones íntimas son adecuadas cuando satisfacen nuestras necesidades de amistad, seguridad, sexo y autoestima. Sin embargo, si aspiramos a convertir nuestras relaciones en un sendero sublime,nos veremos obligados a ampliar nuestra perspectiva y a asumir una visión más comprensiva que, incluyendo todas esas necesidades, no se halle, sin embargo, circunscrito a ellas. Esto tiene que ver con el cultivo del amor consciente, de este amor que puede inspirar el desarrollo de una conciencia más expandida y la evolución de las personas implicadas.
 Más allá de la necesidad primera de fusión simbiótica, el deseo fundamental que aparece en una relación es el de compañerismo, que  constituye un ingrediente esencial de toda relación. Otro nivel posterior de relación es el que se establece en el caso de que los amantes no sólo compartan las actividades y la compañía del otro sino que también tengan intereses, objetivos y valores parecidos. Así pues, cuando una pareja comienza a crear un mundo común podemos afirmar que ambos se adentran en el nivel de la comunidad, un tipo de relación que, al igual que el compañerismo, constituye una forma terrenal y concreta de relación. Sin embargo, más allá del hecho de participar de los mismos valores e intereses del otro, se encuentra el nivel de la comunicación, un nivel en el que somos capaces de compartir todo aquello que ocurre en nuestro interior, es decir, todos aquellos pensamientos, expectativas, experiencias y sentimientos.
Establecer una buena comunicación  requiere que cada miembro de la pareja sea totalmente sincero al expresar lo que ocurre en su interior y tenga el valor suficiente como para superar los inevitables obstáculos que aparecen ante cualquier intento de compartir dos verdades diferentes. La buena comunicación es, con toda certeza, el elemento más importante de cualquier relación cotidiana sana. Pero el nivel más desarrollado de la comunicación es la comunión del alma.Más allá del hecho de compartir los pensamientos y los sentimientos existe el reconocimiento profundo del ser de otra persona, un reconocimiento que suele descubrirse en el silencio, tal vez mientras miramos a los ojos de nuestra pareja, estamos haciendo el amor, paseando por el bosque o escuchando música. Es como si, de pronto, nos sintiéramos percibidos y conmovidos en aquel núcleo profundo del ser que trasciende a la personalidad. Seguimos siendo plenamente nosotros mismos pero, al mismo tiempo, estamos completamente en contacto con nuestra pareja. Esto es tan sorprendente que no suele pasar desapercibido. Por otra parte, aunque la comunicación pueda ser fruto de un trabajo deliberado, la comunión, por su parte, es completamente espontánea y se encuentra más allá de nuestra voluntad. La comunicación y la comunión son formas de intimidad más profundas y sutiles que la compañía y la familiaridad y tiene lugar, respectivamente, en el nivel de la razón y en el de corazón. La profunda intimidad de la comunión puede alimentar el anhelo a superar completamente la dualidad, una aspiración, en definitiva, por lograr la unión completa con la persona amada. No obstante, aunque este anhelo expresa una necesidad auténticamente humana, se dirige en realidad, hacia lo infinito, lo absoluto y lo divino. (Como decía mi abuelita:"Sólo los cuerdos aman con locura").




Las parejas que comparten una relación profunda de ser a ser, que mantienen un buen nivel de comunicación, que tienen intereses y valores comunes y que disfrutan naturalmente de la compañía del otro, logran establecer un equilibrio ideal entre el cielo y la tierra, por así decirlo. (La sexualidad, por su parte, puede operar en cualquiera de estos niveles: como una forma de unión sublime,en comunión profunda.) Entonces el amor consciente sólo aparece cuando ambas personas logran establecer una comunión esencial que los trasciende y en esos momentos de comunión, estamos simultáneamente en contacto con nuestra propia esencia y con la esencia de nuestra pareja y, sin embargo, seguimos siendo individualidades separadas. En el fondo de la devoción a otra persona anida la dulce y melancólica plenitud de un corazón que sólo anhela desbordarse. Y entonces,la soledad sin ella,es, a fin de cuentas, el trasfondo del que brotan todos los tesoros: un anhelo desbordante que nos hace salir de nosotros mismos, escribir un poema, componer una canción o crear algo hermoso. Cuando valoramos nuestra soledad podemos ser nosotros mismos y entregarnos más plenamente. Entonces ya no necesitaremos que los demás nos protejan o nos hagan sentir bien sino que, en lugar de eso, estaremos en condiciones de ayudarles a ser felices. Todas las tradiciones espirituales coinciden en afirmar que la persecución exclusiva de nuestra propia felicidad no conduce a la verdadera satisfacción porque los deseos personales se multiplican de continuo generando nuevas frustraciones.


La verdadera felicidad -la que nadie puede arrebatarnos- emana de la apertura de nuestro corazón, de su proyección hacia el mundo que nos rodea y se complace con el bienestar de nuestros semejantes. Si queremos preocuparnos por la dicha de la persona a la que amamos es necesario poner en funcionamiento las capacidades más profundas de nuestro ser y evolucionar nosotros mismos. La evolución exige la puesta en marcha de todas nuestras cualidades. Así pues, todas las dificultades propias de la relaciones constituyen, en realidad, una oportunidad excepcional: descubrir un camino para cultivar la plenitud y la profundidad del amor. El logro más elevado del amor, el amor consciente, encamina a los amantes más allá de sí mismos y les lleva a conectar plenamente con la totalidad de la vida. En realidad, el verdadero amor carecerá de espacio para desarrollarse hasta el momento en que se proyecte hacia el exterior. El punto más elevado de la relación amorosa apunta al logro de un sentimiento de hermandad con toda forma de vida.
Y es que el amor  se propaga en círculos. Comienza en el hogar encontrando nuestro sitio, haciéndonos
amigos de nosotros mismos y descubriendo que, bajo la confusión y el engaño de nuestro propio egoísmo, se esconde la riqueza intrínseca de todo nuestro ser. Cuando llegamos a establecer contacto con esta plenitud fundamental que anida en nuestro interior descubrimos que tenemos mucho más que ofrecer a nuestra pareja de lo que anteriormente imaginábamos.
Cuando dos personas se preocupan por el desarrollo de la consciencia y el espíritu de su pareja, tienden naturalmente a compartir su amor con los demás. Y, de este modo, las nuevas cualidades emergentes -la generosidad, el coraje, la compasión y la sabiduría, por ejemplo- se extienden más allá del círculo de su propia relación, lo que su unión puede ofrecer al mundo. Una pareja florecerá, pues, cuando su visión y su actividad no se centre exclusivamente en ellos mismos sino, por el contrario, cuando sean capaces también de incluir a la comunidad de la que participan. Pero el amor entre dos personas puede expandirse todavía más. Cuanto más profundo y apasionantemente se ame una pareja mayor será su preocupación por el estado del mundo en el que viven, más conectados estarán con el planeta y, en consecuencia, se ocuparán de cuidar del mundo y de todos los seres que necesiten ayuda. El logro máximo y la más plena expresión del amor se alcanzan cuando éste llega a abarcar a toda la creación enriqueciendo y fortaleciendo entonces, a su vez, la vida de la pareja. Éste es el gran amor y el gran camino que nos conduce hasta el mismo corazón del Universo...

Texto del Sensei