viernes, 2 de mayo de 2014

Los anarquistas de Chicago...





Era la década de 1880 en Estados Unidos y las huelgas, las reuniones sindicales y las grandes movilizaciones eran reprimidas con balas, palizas y prisión. Esto y la necesidad mejorar las insoportables condiciones laborales -Muchos trabajaban aún catorce o diez y seis horas diarias, partían al trabajo a las 4 de la mañana y regresaba a las 7 u 8 de la noche, o incluso más tarde, de manera que jamás veían a sus mujeres y sus hijos a la luz del día. Unos se acostaban en corredores y desvanes, otros en chozas donde se hacinaban tres y cuatro familias. Muchos no tenían alojamiento, se les veía juntar restos de legumbres en los recipientes de desperdicios, o comprar al carnicero algunos céntimos de recortes-, y todo ello dió  pie a la gestación de un movimiento de resistencia y lucha proletaria. Ante eso, el presidente de Estados Unidos, Andrew Johnson, promulgó la Ingersoll estableciendo ocho horas de trabajo diario. Pero como los patrones se negaron a acatarla, los trabajadores de la ciudad industrial de Chicago iniciaron una huelga el 1º de mayo, que comenzó con una manifestación de más de 80.000 trabajadores liderados por Albert Pearsons.
Y esa Huelga General  despertó interés y apoyo generalizadoen todo ese pais, particularmente en Chicago donde decenas de miles de trabajadores salieron a la calle y paró casi completamente las grandes industrias de Illinois, en torno a la consigna central reclamando la jornada laboral de 8 horas.
A partir de allí, el conflicto se fue extendiendo a otras ciudades, logrando que más de 400.000 obreros pararan en 5.000 huelgas simultáneas. La magnitud del conflicto aterró al gobierno y a los empresarios, que creyeron ver en las manifestaciones y huelgas el inicio de una revolución anarquista.
Las reuniones, los mítines, la presión no cesaron durantetodo ese día y el siguiente, pero el 3 de mayo la policía cargó contra los manifestantes, reprimiendo de la manera más brutal, y disparando a sangre fría contra la multitud inerme a las puertas de la fábrica Mc. Cormik de Chicago.
Hubo muchos muertos. Esto provocó la indignación en todo el movimiento y se cuenta que dentro de las reuniones que se tuvieron había grupos que proponían un levantamiento armado, pero se acordó realizar al día siguiente una reunión amplia y pacífica en un lugar abierto (la plaza Haymarket) para evitar ser emboscados.
Así fue que los anarquistas llamaron, para el 4 de mayo, a una concentración en el Haymarket Square, acto público que contaba con autorización de las autoridades. Al finalizar la reunión y cuando se desconcentraban los trabajadores, el capitán Ward avanzó sobre los grupos obreros en actitud amenazante.Alguien lanzó entonces una bomba contra efectivos policiales y abatió a uno de los policías, hiriendo a otros varios. Entonces, las fuerzas policiales abrieron nutrido fuego contra los trabajadores matando a 30 y causando 200 heridos.
Ese hecho de violencia permitió a las autoridades judiciales, instigadas por varios políticos y diarios -principalmente el ‘Chicago Herald’ -a detener y procesar a la plana mayor del movimiento sindical anarquista.
Fue claro que los dueños del poder y la política habían sembrado la bomba y usaron este suceso para desatar la cacería de brujas contra los anarquistas. Se clausuraron periódicos, se allanaron las casas y locales de obreros, los mítines fueron prohibidos, y la prensa burguesa arremetió contra todo lo que tuviera signo de revolucionario, apuntando el dedo acusador a los militantes libertarios más destacados de la ciudad, a quienes encajaron adjetivos bárbaros, de esos que saben gritar los medios masivos cuando así lo requieren sus amos.
Así fueron arrestados el inglés Fielden, los alemanes Spies, Schwab, Engel, Fischer y Lingg y los norteamericanos Neebe y Parsons.
Comenzó el Proceso de Chicago, una burla a la justicia ya que el juicio fue manipulado en todo sentido, en vistas a lograr el objetivo de declararles culpables y sentenciar a muerte a los luchadores más indoblegables. Durante aquellos meses la solidaridad de sus camaradas trabajadores se expresó una constante sucesión de peticiones, movilizaciones, boicots para salvar sus vidas.
El 11 de noviembre de 1887, cuatro compañeros de lucha y de sueños - August Spies, Georg Engel, Albert Parsons y Adolph Fischer - emprendieron camino a  la horca entonando La Marsellesa, en una triste fecha que la memoria obrera bautizaría como Viernes Negro. Louis Lingg se había suicidado para no darle gusto a la saña capitalista. A otros dos condenados,Michael Schwab y Samuel Fielden, se les conmutó la sentencia de muerte por prisión perpetua.
Decenas de miles de personas asistieron al cortejo fúnebre.
Tiempo después se demostraría que  todos eran inocentes y que todo había sido un
plan preparado por el Estado norteamericano en complicidad con las policías para acabar con el movimiento obrero-anarquista.

Palabras de los Mártires:

Adolf Fischer (alemán, 30 años, periodista):
"Solamente tengo que protestar contra la pena de muerte que me imponen porque no he cometido crimen alguno... pero si he de ser ahorcado por profesar mis ideas anarquistas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, entonces no tengo inconveniente. Lo digo bien alto: dispongan de mi vida."

Albert Parsons (estadounidense, 39 años, periodista, esposo de la mexicana Lucy González Parsons aunque se probó que no estuvo presente en el lugar, se entregó para estar con sus compañeros y fue juzgado igualmente):
"El principio fundamental de la anarquía es la abolición del salario y la sustitución del actual sistema industrial y autoritario por un sistema de libre cooperación universal, el único que puede resolver el conflicto que se prepara. La sociedad actual sólo vive por medio de la represión, y nosotros hemos aconsejado una revolución social de los trabajadores contra este sistema de fuerza. Si voy a ser ahorcado por mis ideas anarquistas, está bien: mátenme."

August Vincent Theodore Spies (alemán, 31 años, periodista):
"Honorable juez, mi defensa es su propia acusación, mis pretendidos crímenes son su historia. [...] Puede sentenciarme, pero al menos que se sepa que en el estado de Illinois ocho hombres fueron sentenciados por no perder la fe en el último triunfo de la libertad y la justicia."

Louis Lingg (alemán, 22 años, carpintero) para no ser ejecutado se suicidó en su propia celda:
"No, no es por un crimen por lo que nos condenan a muerte, es por lo que aquí se ha dicho en todos los tonos: nos condenan a muerte por la Anarquía, y puesto que se nos condena por nuestros principios, yo grito bien fuerte: ¡soy anarquista! Los desprecio, desprecio su orden, sus leyes, su fuerza, su autoridad. ¡Ahórquenme!"


El Día Internacional de los Trabajadores o Primero de Mayo, es el día del movimiento obrero mundial. Desde su establecimiento en la mayoría de países por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, es una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago, ejecutados por la oligarquía como chivos expiatorios para intentar detener la lucha de clases llevada a cabo por los trabajadores norteamericanos.Es curioso ver que en los paises  capitalistas cueste mucho saber que los Mártires de Chicago eran anarquistas, es un dato omitido sistemáticamente, o al menos silenciado o ninguneado. Pero aquí  hacemos hincapié especialmente en ese hecho.
El Primero de Mayo fue un dia consagrado a la lucha por la emancipación obrera, muy lejos de en lo que lo han convertido, hoy en día, los sindicatos vendidos a gobiernos y empresarios en la mayor parte del mundo, sindicatos dedicados, al contrario, a mantener en calma a los trabajadores y alejados de la lucha de clases. Eso a pesar de que mas de 124 años después todavia se sigue trabajando 8 horas al dia con suerte, sino estan condenados a trabajar incontables horas por miedo al despido o por la imposibilidad de vivir con el salario recibido. Mas de un siglo después, la jornada laboral tiene pocos visos de reducirse y muchos, si los trabajadores no lo impiden, de aumentarse, Habría que recordar a ese rebaño en que hoy se ha convertido la mayor parte de la clase trabajadora, que el uno de mayo es un día de rebelión, no de descanso. Un día en que con tremenda fuerza la unidad del ejército de los trabajadores se moviliza contra los que hoy dominan el destino de los pueblos. Un día de protesta contra la opresión y la tiranía, contra la ignorancia y la guerra de todo tipo. Un día para recordar a aquéllos mártires anarquistas, símbolos de las luchas obreras, y ejemplos del compromiso libertario sin dobleces con la igualdad en solidaridad.


José Martí tituló “Un drama terrible” a su crónica sobre los “Mártires de Chicago” escrita para el diario La Nación de Buenos Aires y publicada el 1º de enero de 1888. Este documento histórico que queremos recordar hoy, puede leerse en línea haciendo clic en el siguiente enlace:  http://www.josemarti.cu/files/Un%20drama%20terrible.PDF



Aporte de Gonzo.
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