martes, 10 de junio de 2014

Las ruinas del imperio...







Al este de Michigan, muy cerca de la frontera con Canadá,en la región de los Grandes Lagos,se encuentra la ciudad de Detroit, cuyo nombre es derivado del francés "Citat d'Etroit" es decir: Ciudad del Estrecho, por su ubicación estratégica a orillas de un estrecho entre los lagos St. Clair y Erie. Desde su fundación,en 1701, por comerciantes de pieles  franceses, Detroit fue un puerto más concurrido desde el norte de Windsor, Ontario, sobre el río Detroit,y por toda la región de Wayne, al noreste de los Estados Unidos,debido a que ahi se unían todas las vías navegables de esos  bellos territorios boscosos. Y en los tiempos posteriores,sus  sistemas de transportes (canales, ferrocarriles, rutas aéreas, autopistas) consolidaron su posición como  la ciudad  industrial estadounidense más importante,porque ahi se instalaron las fábricas de automóviles,de material ferroviario y aereonaval,y de tabaco,las mismas  que hicieron de Estados Unidos un imperio económico...
Pero resulta que ahora,Detroit es una impresionante ciudad fantasma, hundida en el abandono más impactante de la historia moderna,símbolo de la decadencia de el imperio estadounidense,de la declinación y el principio de la ruina del capitalismo.
Esta decadencia puede aplicarse a las características físicas o a una cuestión abstracta (simbólica, espiritual),rasgo que se nota en la violencia absurda y autodestructiva de esa sociedad.
La sociología habla de decadencia para hacer referencia a un colapso social. Esta es la fase en la cual una civilización o una cultura experimentan un declive que lleva a la extinción. Así,perdida en un proceso de deterioro y menoscabo que sólo tiende a empeorar, Detroit es una inmensa ruina que narra el costo del "progreso" y su declive,y nos habla de sueños rotos y empresas arruinadas, de cataclismos estructurales y cambios políticos y económicos, y en las que la naturaleza, impasible y paciente, ha reconquistado el terreno perdido.
 Desde sus edificios abandonados, que son testigos mudos de lo acontecido,podemos entender las razones por las que se ha llegado a tal degradación. Es un buen ejemplo de los males y los ‘vicios’ a los que  deberá enfrentarse alguna vez cualquier sociedad capitalista,si se continúa con las prácticas de obsolescencia,y de codicia salvaje que marca el neoliberalismo económico.
Caminar por las viejas calles de Detroit,es sorprenderse por los montones de casas abandonadas-esas que ostentaban en las películas gringas como símbolo del gran sueño americano: una  casa con porche, desde la que divisar atardeceres eternos con aroma a mermelada de frambuesas,y a tarta de manzanas. Pero esa imagen se hace añicos cuando avanzamos por calles enteras de porches derruidos y casas en ruinas, mostrando que los antiguos moradores abandonaron a toda prisa allí todas sus pertenencias: Son  casi  cien mil 100.000 casas abandonadas en la ciudad, generando un sentimiento de doloroso desperdicio y fracaso.
Cuando la gente se fue de la ciudad, lo hizo dejando atrás manzanas de hermosas  casas y elegantes construcciones que resulta impensable pudieran ser abandonados. Muchos edificios de servicio público, preparados para atender a una población de 2 millones, se vuelven insostenibles por falta de recaudación de impuestos. A la larga acaban cerrándose sus puertas quedando abandonados, con todo el mobiliario intacto en su interior, sin nadie responsable de vaciarlos o de reciclar lo que hay dentro.
La ciudad es la segunda mas pobre de Estados Unidos (después de Cleveland, Ohio) y 82% de sus habitantes,de raza negra, viven  en la pobreza. Negros hundidos en el crack y otras drogas,usan las bibliotecas abandonadas con sus estanterías repletas de libros, casi ordenados en su sitio, para drogarse. Esto es indignante si se piensa que en otros países, los colegios no tienen material escolar.
O la iglesia presbiteriana de Woodward Avenue, en perfecto estado por fuera, con su enorme órgano de tubos que sigue intacto detrás del púlpito,y con su mobiliario de madera de fresno que se carcome lentamente que ha sido invadida por jaurías de perros asilvestrados.
Nada queda de aquella Detroit que en 1903 acogió a Henry Ford que montó un viejo taller en la Avenida Mack para fundar su negocio de automóviles, que a la postre cambiaría para siempre al mundo. La “Ford Motor Company”, extendió rápidamente por todo el país su sistema de producción en cadenas de montaje, que permitieron el advenimiento de la producción en masa.
La metodología fue copiada por otros fabricantes de automóviles que se habían establecido en Detroit, como los hermanos  Dodge,Billy  Packard, Walter Chrysler, o William C. Durant, propietario de Buick y cofundador de la todopoderosa General Motors.
Así,en los años 60, Detroit, fue una de los ciudades más prósperas de Estados Unidos. Con 1,8 millones de habitantes disfrutaban de una de las rentas por familia más elevada del país, con la promesa de trabajo para todos, suelo barato y todo gracias a la industria del automovil, emblema del sistema capitalista norteamericano. Y el otro emblema,las armas,también tenían gran presencia en Detroit,pues en sus fábricas se producía el 35% de los proyectiles empleados por el ejército norteamericano, y era tal el poderío de la fábrica de Ford, que podía fabricar un bombardero B-24 cada hora.
Fue de ese modo como Detroit se convirtió en la capital mundial del motor, con extensos estacionamientos atestados de coches recién salidos de fábrica esperando a ser vendidos.
En pleno apogeo, Detroit supo crear primero una pujante clase media de raza blanca, y cuando los hijos de los primeros operarios no volvieron a las fábricas por haber ascendido socialmente, esta fue casi totalmente reemplazada por obreros de raza negra, que huían de las condiciones de trabajo de los estados del sur, atraídos por los altos sueldos y las buenas condiciones laborales de las fábricas. La población blanca mientras tanto había sido atraída por el nuevo estilo de vida suburbano americano, como también lo hicieron las primeras generaciones de pobladores negros.
Hasta que la boyante industria que había atraído a miles de inmigrantes  negros tanto del sur de los Estados Unidos,llegó a su fin por causa de la codicia y del racismo. Se dió que la marginación racial fue insostenible y se dieron muchos  altercados en los que murieron bastantes hombres negros. Y el resultado fue que las esquinas de la ciudad se llenan de agentes federales (FBI) con la orden de disparar a matar sin pensarlo dos veces antes de permitir nuevos tumultos. Estos no se produjeron, pero sí la muerte de la ciudad .
 Sobre todo cuando,con el tiempo, la competencia europea y japonesa socavó lentamente pero de modo irreversible la base del oligopolio de las 3 grandes automotrices estadounidenses –GM, Ford y Chrysler– ,éstas,alarmadas y para aumentar su producción, huyendo de los poderosos sindicatos que habían logrado condiciones de trabajo y planes sociales muy ventajosos, descentralizaron su producción en distintas regiones del país y en otros países, especialmente en México,con mano de obra mucho más barata. Y cuando los trabajos desaparecieron en Detroit, se crearon grandes cinturones de pobreza urbana.
Y desde entonces el declive de Detroit va en caída libre,acelerando su agonía  desde los noventa. A las nefastas gestiones de sus alcaldes se sumó en 2008 la crisis financiera, lo que terminó por condenar a la suspensión de pagos a la ciudad.Además de la caída de contribuyentes y de ingresos, el desempleo, la salida de negocios y empresas,de modo que las arcas de la ciudad no puedan ingresar lo suficiente para los servicios públicos,por lo que Detroit  se declaró  en bancarrota municipal, la mayor de la historia estadounidense en medio de la profunda crisis industrial que atraviesa ese país,que oculta,por ejemplo que en la  crisis de 2008,que  terminó de destruir el poderío de las 3 grandes –GM, Ford y Chrysler–,  que tuvieron que ser socorridas por el gobierno federal para no desaparecer. Pero todas las localidades donde se ubicaban sus grandes plantas –muchas de ellas ahora cerradas– son ahora pueblos fantasmas, con cuadra tras cuadra de fábricas, casas, edificios públicos, hospitales, estaciones abandonadas, síntoma grave de esta decadencia irreversible.

Así empezó la fuga de la población de clase media,que se aceleró, y la ciudad perdió lo que le quedaba de su base de sustento. .Sin grandes sectores económicos para reemplazar a la antes pujante industria automotriz, y sin erario para sostener sus servicios, la ciudad se encuentra sin recursos económicos, y con una deuda acumulada por sus gobiernos desorganizados y corruptos –el penúltimo alcalde esta preso por este motivo– la hacen inviable, poniendo en duda los "beneficios"  del capitalismo industrial,y la falsedad del sistema de bienestar estadounidense, y de la capacidad de ese país de superar las diferencias raciales.
La triste Detroit, es ahora una ciudad  vacía y silenciosa con muchos barrios muertos,es el ejemplo mundial de decadencia, donde hay decenas de rascacielos abandonados, manzanas y manzanas de casas derruidas o simplemente vacías, edificios de todo tipo que se posan como fantasmas en el paisaje desolado.
El abandono más emblemático es el de la estación central de ferrocarril, la mítica "Michigan Central Station",  la estación de trenes que fue "hermana" de la majestuosa Grand Central de Nueva York.
Un majestuoso edificio con avenidas, columnas jónicas, bóvedas, amplios salones de espera.,que yace
 abandonado y fantasmal, rodeado de un alambrado y flotando casi surreal en un césped quemado. Y muchos otros edificios como comisarías, escuelas, iglesias, hoteles, casinos y bibliotecas:son barrios residenciales completos  que ven como sus calles son devoradas por los matorrales, sin que a nadie le importe. A causa del avance de la vegetación son frecuentes los grandes incendios en la ciudad, que asolan un gran número de viviendas que un día fueron habitadas. Y en los últimos años un hecho macabro sucede: Cada invierno, un elevado número de cadáveres aparecen en las viviendas abandonadas, sin que nadie los reclame. Se acumulan en la morgue de la ciudad, donde algunos cuerpos llevan años sin ser reclamados.
Detroit ha colapsado; su viejo modelo capitalista está  completamente muerto.
Las bellas y huecas palabras de Barack Obama resuenan su eco vacío por los esqueletos de las grandes fabricas abandonadas y las casas derruidas o quemadas : el corazón industrial de Estados Unidos sangra por los cuatro costados y el colapso económico amenaza con no dejar ni rastro de lo que fue el gran símbolo del poderío estadounidense.  Así la historia de Detroit es un buen ejemplo de las miserias de la civilización occidental, que algunos de sus ”logros” se han convertido para esta ciudad (y para otras muchas por venir) en un clavo más en el ataúd de ese modelo de vida a seguir,que representaba "el éxito" y que era aquel de "tener coche del año,,tarjeta de crédito, casa propia en los suburbios y familia correcta y cristiana" , modelo servía además para colocar en el mercado los frutos de la industria automovilística, además de vivienda y otros productos de consumo.
(El documentalista Michael Moore, nacido en Michigan,narra en "The Big One", el mejor retrato en movimiento de la situación actual de la ciudad, y como de los 2.000.000 de habitantes que vivían en Detroit en los años de bonanza, quedan apenas 700.000, la mayoría, sobreviviendo en guetos, acorralados por la pobreza y la delincuencia).

Las silenciosas y desoladas calles de Detroit nos hacen reflexionar sobre el fracaso colectivo de una civilización,y la tristeza y el desamparo de sus ruinas son imagen de  la fragilidad de cualquier imperio humano, torpe ante el poder de la naturaleza que va reclamando el viejo asfalto de la ciudad abandonada,abriendo grietas y asilvestrando viviendas,extendiendo de nuevo su pradera en los solares fabriles, donde los zorros cazan ardillas en los enmarañados jardines del que fuera un elegante hotel ,y los perros ferales forman sus jaurías entre los escombros de un teatro,y los ciervos copulan en los pasillos de un centro comercial,porque asi pasa: la tierra siempre vence en contra de la vanidad del hombre...

Aporte del Sensei
edición literaria Rox


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