martes, 2 de septiembre de 2014

África enferma...















Al pequeño Emile Ouamouno,de dos años, le gustaba bailar oyendo música de una estación de radio al sur Guinea. Mientras Etinne,el padre de Emile, caminaba por la selva que rodeaba su pueblo,Guéckédou. El hombre se alegró mucho cuando se topó con un simio que parecía herido,así que sacó su machete y sin más,lo remató: Llevaría carne fresca a su familia esa tarde, se darían un buen banquete y luego jugaría con el pequeño Emile a la pelota.
Yasí llegó la tragedia: Emile fue el "paciente cero" al morir el pasado 6 de diciembre de 2013, a la edad de dos años,víctima del Ébola.
El mismo destino tuvo su hermana mayor de 4 años,y más tarde su madre, pero la propagación del virus pasó desapercibida para la Organización Mundial de Salud hasta marzo pasado. Cuatro meses después de la muerte de Emile, su pueblo enterró a otros 14 vecinos...




La gravedad de una epidemia depende de dos factores fundamentales: 1) la agresividad del virus, su capacidad virulenta por afectar a la coagulación de la sangre provocando hemorragias generalizadas y disfunción renal y, 2) la capacidad de defensa del huésped, su inmunidad que al ser más o menos resistente provoca una gravedad, y letalidad, variable. A las características del germen (en este caso un virus) y de la resistencia del huésped humano se une el mecanismo de transmisión. El mecanismo de transmisión son los medios a partir del cual la infección del virus se propaga de unas personas a otras (fómites o productos biológicos -o no biológicos- del enfermo; el contacto directo con la persona enferma a través de vías respiratorias, cutánea, etcétera).
Una vez que el germen afecta a seres humanos, las medidas fundamentales y urgentes, cuando se constata que la gravedad y propagación de la infección es alta, es cortar los mecanismos de transmisión y reforzar la inmunidad de la población.
Esto se consigue, dicho muy sintéticamente, con un buen soporte vital de los síntomas más graves para evitar que se agrave la enfermedad y la muerte de la persona que padece la infección, y el aislamiento de los cuidadores y sanitarios (mediante el uso de batas, guantes, mascarilla, gafas, correcta eliminación de fómites o material desechable, etcs), para atajar este primer problema (cortar la vía de transmisión). Y para intervenir sobre el segundo problema, es necesario reforzar los cuidados alimentarios e higiénicos de la población del área afectada. Pero pasa que, en países tan empobrecidos como los afectados por la epidemia del Ébola (Guinea Conakry, Liberia, Sierra Leona, Nigeria), no pueden disponer de los medios necesarios para implementar todas estas medidas. En estos casos, como en otras emergencias sanitarias, las organizaciones internacionales de salud,son responsables de llevarlas a cabo en coordinación con los gobiernos de los países afectados.



En 1994, cuando el ébola golpeó por primera vez una comunidad bakola en la selva de Gabón, sus habitantes recibieron al virus mortal como si fuera un viejo conocido. Sólo que ébola era un término nuevo de hombres blancos. Para ellos era ezanga. En la cultura de este pueblo pigmeo, los ezanga son vampiros o malos espíritus con forma humana que devoran los órganos de las personas que no comparten sus cosas con los demás. Había otra conexión con el virus tal y como lo conocen los científicos: los ezanga podían convertir a las personas en gorilas, chimpancés u otros animales endemoniados. Algo que cuadra con el hecho de que el ébola se transmite en zonas apartadas cuando los humanos comen carne de un animal infectado, normalmente un mono o un murciélago. El ezanga era el ébola. Desde la primera epidemia registrada en el año 1976 han muerto en África demasiadas personas,muchás más de las contabilizadas por la OMS.



Aunque las cifras de fallecidos son similares a las de las de otras enfermedades africanas tan devastadoras como esta fiebre hemorrágica-el año pasado murieron cada día 1.726 personas por malaria y 4.110 por causas relacionadas con el sida-, los terribles síntomas del ébola, con hemorragias internas, despiertan el pánico entre la población. Pues  hay que partir de la pobreza terrible con la que viven las sociedades africanas afectadas por la epidemia.
Todas las epidemias de ébola anteriores se habían producido en África Central o del este (los dos Congos, Gabón, Uganda o Sudán), y los equipos han debido adaptarse a la diversidad de la región. Hay una diferencia cultural enorme entre los distintos grupos de población, peuls, kisis, malenkes. Es una población muy heterogénea, con varias religiones, etnias, y costumbres muy diferentes.
Médicos sin Fronteras ya alertó en junio de que a pesar del trabajo de los voluntarios para crear conciencia sobre la enfermedad, la expansión no se ha frenado, porque a menudo en las aldeas no confian en los blancos estadounidenses-con cierta razón-,pero que identifican con todos los que tengan piel clara, y que estén al frente de unidades de aislamiento. Hay comunidades que incluso han derrumbado puentes para evitar el acceso a equipos médicos, o que los acusan de expandir la enfermedad al desinfectar las casas con aspersores de cloro, y rechazan el cuidado médico.


El virus del Ébola puede ser transmitido de persona a persona a través de fluidos corporales y no a través del aire, pero ocurre es que en los países afectados existe mucho desconocimiento sobre cómo se trasmite.
La gente no puede poner medidas de prevención si no sabe como,además, es imperioso que cuando se detecta a una persona infectada hay que saber con quien ha estado en contacto y si ese trato ha sido de riesgo, además de enterrar o incinerar inmediatamente los cadáveres.
Así los cooperantes también trabajan en la prevención, dando a conocer tanto a la población más vulnerable como a los sanitarios locales cuáles son las formas para evitar contagiarse del virus.
Un  aspecto clave para el control de la epidemia es tener en cuenta las costumbres locales sobre los ritos funerarios. (En la cultura kisi, por ejemplo, si la fallecida es una mujer, su cadáver debe ser lavado por mujeres, y a la inversa si es hombre. Comprender y adaptarse a esta tradición es crucial porque en el funeral toda la familia vela el cuerpo -cuando hay una gran cantidad de virus en su organismo- al que besan y abrazan antes de enterrarlo. Posteriormente, se realiza un segundo funeral en el lugar de nacimiento del fallecido, por lo que el riesgo de contagio es alto.


Por ello, los equipos de MSF tuvieron que adaptarse. Después de desinfectar el cuerpo y colocarlo en un saco mortuorio (blanco y con cremallera de los pies a la cabeza), se presenta a la familia, que permanece a 3 metros de distancia. Se abre el saco hasta la mitad para que los deudos vean la cara y el torso;pues había rumores de que los médicos hacíamos tráfico de órganos, por eso es importante que las familias vean el cadáver durante la preparación, y dejar que traigan flores, y  algunos objetos rituales que nos daba la familia. El lugar de la sepultura es controlado en todo momento por expertos, quienes vigilan que el cadáver esté hermético en la bolsa o la tumba fuera de al menos dos metros de profundidad y lejos de fuentes de agua. Cuando algunos sobreviven a la enfermedad y ya recuperados vuelven a casa  se hace una ceremonia pública, donde se les entrega un certificado de curación porque es muy importante que la comunidad sepa que ya no pueden contagiar a nadie, ni volverse a poner enfermos, para que no sean estigmatizados.)





En muchos lugares, los hospitales están colapsados y no hay camas suficientes para aislar a los enfermos. En otros, el miedo al contagio hace que numerosos pacientes aquejados de otras dolencias, incluso graves, dejen de acudir a los centros sanitarios. La falta de información hace que no se identifiquen a tiempo los síntomas o que no se sigan las recomendaciones para evitar más contagios.
Se calcula que por cada infectado debe hacerse un seguimiento, durante tres semanas, de unas veinte personas con las que ha estado en contacto. Pero las estructuras sanitarias están saturadas y faltan recursos. Desde que empezó la crisis, la OMS ha trasladado a las zonas más afectadas a unos 600 profesionales. Es insuficiente. Ya no es solo una cuestión de dinero, sino también de logística.
El sistema de salud de la zona es muy débil, y hay muchas barreras de acceso, a lo que se añade que ahora es la época de lluvias y la dispersión de población es muy alta desde el mes de junio. No es tan sencillo para toda la población de estos países poder llegar hasta los centros sanitarios.






Por eso es urgente que el personal médico cualificado reciba la formación sobre cómo tratar el ébola; y que además se intensifiquen tanto el seguimiento de los contactos entre posibles pacientes sospechosos de padecer la enfermedad como las actividades de sensibilización de la población,y afirmo  que repatriar a España a todos los enfermos de ébola; es una locura clínica, por ello el mensaje de Médicos del Mundo es que lo más eficiente sería desplegar recursos sanitarios suficientes y de calidad en los países afectados, para tratar tanto a población local como a cooperantes, si se diera el caso.
La ayuda internacional llega, pero es insuficiente. Hace falta mucho más apoyo y compromiso de la comunidad internacional, añade, porque es una situación grave y hay muchos lugares en los que urge seguir atendiendo. Sobre todo porque el coste del cuidado de los afectados con ébola es muy alto. El material que se utiliza hay que desecharlo continuamente para evitar el contagio y las medidas de atención a los pacientes en aislamiento son bastante  caras.
Aunado a lo anterior,sucede que las probabilidades de supervivencia de los enfermos son pocas debido a que dependen de su estado inmunológico y de su estado de salud previo.






Texto del Sensei para la Coordinateur du projet 
Ebola d'urgence MdM- Belgique.
Trad. y resúmen Rox