lunes, 29 de septiembre de 2014

Los infalibles...


Nada más torpe que pretender la infalibilidad. Pero los sujetos arrogantes exigen a los demás la infalibilidad, ya que se creen a sí mismos infalibles y dueños de la verdad. Reconocer a los demás el derecho a decidir su propio destino implica renunciar a hacer proselitismo y a tratar de convencer todos  para que piensen de la misma manera que uno.
Aunque hay muchas personas que quieren que las convenzan porque rechazan el esfuerzo que representa pensar por sí mismas, prefieriendo  dejar que los padres, los maestros, los políticos, los publicistas, le digan lo que tiene que pensar para así evitarse el trabajo de encontrarlo por su cuenta.
Esas personas que no piensan por su cuenta, son usualmente personas fanáticas, en el sentido de que no admiten que otros piensen en forma diferente. Ello es así porque, al someterse a que el lider les diga qué tienen que pensar, han sacrificado su libertad de elegir. Y para que tal sacrificio tenga sentido, tienen que negar que exista otra verdad que aquella que les han dado.
Una persona así, al encontrarse con alguien que tiene una opinión distinta que la suya, tratará de conquistarla para su bando de cualquier manera que sea. Dado que ésa es su manera de ser, le resultará incomprensible que alguien que piense distinto no haga lo mismo con ella. Por eso, cuando se encuentra con una persona libre le resulta irritante.
La persona libre no trata de convencer a los demás y, por lo tanto, no tiene inconveniente en reconocer sus errores ya que no necesita encumbrarse en una posición de infalibilidad para poder captar seguidores. Incluso rechaza la palabra "seguidor" porque se suele usar en el sentido de alguien sigue la posición de otro sin hacer un análisis propio.
Los sujetos que creen que aceptar los propios errores rebaja la estatura de la persona son justamente aquellos que buscan  convencer a adeptos que crean incondicionalmente lo que se les dice. No pueden comprender que al ser humano libre lo que le interesa es su propia opinión y no la opinión de los demás. Por lo tanto no hay nada que le impida reconocer que se ha equivocado, ya que no vive en función de lo que los demás piensen.
Curiosamente,es un defecto humano sentirse infalibles,ilimitados,invencibles. Esto contradice cualquier ley elemental de la lógica,ya que nadie puede ganar todo el tiempo. Esto debe ser una utopía a alcanzar. Cuando la lógica realidad se impone, algunos frustrados se niegan a ver la realidad y continúan obcecadamente con lo que ellos consideran "lo que debe ser". Temerosos de no ser capaces o dignos,se ocultan bajo el disfraz de “infalibles”. En el fondo sin unos mentirosos que se pintan de triunfadores, pero que se niegan a aceptar su verdadera condición en la vida. Esto es solo su pantalla para no verse a sí mismos, ni demostrar que pueden equivocarse. Es decir,se niegan a aceptar que son humanos. Imposibilitados a cualquier gesto de humildad,se ciegan a  ver los errores propios y obrar en consecuencia,y es que ser "infalible", les lleva a pensar que no hay nada que mejorar, ni corregir.
Por ello,los que se consideran infalibles,llevan un rígido juez interior, que les autoexige tanto que terminan actuando patológicamente, con stress o peor, con culpa.
Y así, estos sujetos se vuelven jueces que exigen de los demás como se exigen ellos mismos. Es decir que, no solo se arruinan la vida y la salud, sino que contagian al resto incitando a ser tan enfermos amargados como ellos. De esto último  surge la pedantería del "tener siempre la razón".
Cuando uno busca su propia verdad y no se deja convencer por lo que los otros dicen (aunque puede aceptarlo si le parece adecuado), reconoce a los demás el mismo derecho. Así como yo me doy el derecho de opinar de manera diferente a los demás, les reconozco a los demás el derecho a opinar de manera diferente a la mía.


La humildad es una de las características de la persona evolucionada, teniendo bien en claro que, al contrario de lo suele entenderse, no es lo mismo humildad que servilismo y sumisión. Ser humilde no significa arrodillarse ante nadie, sino reconocerse como un ser humano con todas sus imperfecciones, reconocimiento que justamente es lo que le impide considerarse superior a los demás y dueño de la única verdad...